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    lunes, enero 01, 2018

    25 motivos para odiar un poco menos 2017

    Es año nuevo y claro, las listas de lo mejor (o peor) de 2017 ya han salido todas. "Ya está todo el pescado vendido", que diría aquél. Pero nosotros somos más chulos que nadie y os proponemos, a 1 de enero, esta totalmente subjetiva y aleatoria elección de 25 discos para que el recuerdo de los pasados 12 meses no nos resulte tan indigesto. Bon apetit! 


    ¿Es necesario?

    Bueno, eso os lo preguntáis vosotros. Yo ni me lo planteo. Las listas en mi vida son totalmente omnipresentes y si termina el año yo debo estar ahí, dando el coñazo con otra más, porque lo valgo, porque soy un puto freak. Me da igual que ya estén todas las listas del mundo mundial publicadas y asimiladas. Que Pitchfork, Rate your music, Uncut o Mojo ya hayan suministrado sus dictados de pensamiento único. Que el pescado esté ya todo vendido en el mercado central. Llegar tarde, repetir a otros, no ser el "prime", me da exactamente igual. Sin embargo, si queréis una respuesta a esa pregunta, pues sí, creo que esta lista puede ser necesaria, desde cierto punto de vista.

    Es una lista personal, subjetiva, que no pretende en absoluto epatar, aleccionar, ni tampoco dar una visión panorámica rigurosa de la escena (jajajaj, que palabro!!) pop actual. Al contrario que muchas, aúna en sí los panoramas local -de mi territorio, la Comunidad Valenciana-, nacional e internacional. Es iconoclasta y no bebe en absoluto de las "fuentes oficiales" (bueno, quizá haya mirado alguna de soslayo...ejem). En mis elecciones me inclino siempre un poco más por determinados "losers" que se sitúan en la cara B del single, aunque por supuesto también hay mucho mainstream, que la música hecha para las masas (aunque al final no llegue a ellas, como viene a ser el caso últimamente) también mola.

    Es, en definitiva, un cuaderno de bitácora, un recordatorio de razones, en forma de discos, que me han hecho mirar el día a día de un modo un poco más amable. Otro año de muertes, que me afectan personal o culturalmente, de desbarajuste político, de ira sobrevenida aquí y allá, de sinrazón, en el cual sólo las canciones y sus contenedores redondos son capaces de traer algo de cordura a un mundo del que cada vez dan más ganas de evadirse, de mandarlo al carajo.

    Disfruten, pues, de estos 25 motivos para odiar un poco menos 2017. Estos son los discos que me han gustado A MI durante estos 365 días. Que nadie se ponga a buscar carencias, a subir o bajar rankings o a clamar al cielo por mi ignorancia al ignorar, valga la redundancia, a la niña de sus ojos. No tiene ningún sentido, este soy yo. El que quiera una lista diferente, no tiene más que hacerla. Sólo pretendo dar una perspectiva propia desde la que algunos puedan guiarse en sus escuchas o incluso descubrir algo que se haya quedado fuera del radar de "los grandes". De ahí la necesidad de esta lista, o no...Así pues, que les aproveche, leer estas cosas siempre es bueno para sobrellevar una resaca.

    25."Other", Alison Moyet (Cooking Vinyl)
    Recuerdan los años del techno-pop? Aquel medio tiempo mítico, "Only you" o la más festiva "Don't go" que tanto se bailó en los inicios de la ruta del bakalao? La banda responsable de ellos era Yazoo y la chica de voz andrógina que las cantaba, se llamaba Alison Moyet. Desde su separación de la banda, la anglo-francesa ha sido dueña de una carrera en solitario plagada de éxitos, siempre dentro de las fronteras del Reino Unido. Su disco para 2017, sin embargo, la sitúa en un plano diferente al de todos sus anteriores trabajos: es un compendio solemne, profundo, monumental, que no necesita tirar del pasado para encontrar su sitio en el presente. Con él, Moyet, aunque apoyada en su productor, Guy Sigsworth, se destapa como una soberbia compositora de canciones. Hay una tensión, una elegancia en la arquitectónica manera de construir este trabajo que es inusual en los discos que otra gente de su generación ofrece. Una perla como "The English U" debería figurar instantáneamente entre los himnos del año y el resto no va a la zaga, en un todo impresionante que bebe de todas las fuentes posibles. Es el disco que Mark Almond debería o querría hacer, pero no le sale.

    24. "Good night Ronda Lee", Nicole Atkins (Single Lock Records)
    Cuando Nicole Atkins (Neptune, New Jersey, 1978) se encontraba en una clínica de rehabilitación para dejar la bebida, coincidió con un productor de hip-hop. Un buen día, éste le dijo: "muéstrame tu material". Ella lo hizo y obtuvo una respuesta entusiasta, pero con ciertas reservas: "debes dejar esta mierda indie-rock, tú eres una cantante de soul. Tan sólo haz lo que sabes hacer" Y eso hizo: una noche se despertó con lo que parecía una canción de Aretha Franklin en la cabeza. El resultado fue "Sleepwalking", que es el germen de "Goodnight Ronda Lee", el disco que la transformó en una mezcla entre el Roy Orbison que le mostraron todas las películas de su idolatrado David Lynch y la Dusty Springfield de "In Memphis". Entre medias, cantidades ingentes de referencias vintage: Spector, Brill Building, Stax, Motown, Curtom, Patsy Cline, Joni Mitchell, Laura Nyro...Un compendio inteligente, bien traido al presente y sobre todo, tremendamente disfrutable como lo que es: dejar a un lado lo innecesario y centrarse en la música. Música pura, sin pretensiones, de alta calidad y pertinente precisamente por su ausencia de ampulosidad. Un disco magnífico lleno de canciones de las que hacen latir el corazón.

    23. "Rock, love, truth", Bob Lazy (Autoeditado):
    Nadie lo esperaba, pero el valenciano Borja González-Ayllon ha urdido, junto a Paco Loco y algunos escasos colaboradores más uno de los compendios de canciones más merecedores de una matrícula de honor que se hayan hecho en este país. Un disco ambicioso, no tanto por su factura como por el arrojo desinhibido de sus composiciones,  en que la exuberancia de las texturas logradas en estudio se maneja a la perfección con unas melodías que abrazan el pop de forma fraternal, pero no olvidan la negritud, el groove, ni la actualidad. Sin ser especialmente referenciables, cosa que aún las encumbra más, las canciones de este feliz invento que es Bob Lazy rezuman efervescencia, alegría y en definitiva, vida. Los discos pueden ser mejores o peores, pero no siempre se encuentra uno con una sucesión de composiciones entre las que realmente no falta ni sobra nada y que le suben a uno en una tabla de surf directa a la felicidad.

    22. "Robyn Hitchcock", Robyn Hitchcock (Yep Roc-Popstock)
    No se trata, como a algunos se han empeñado en calificarlo, de un regreso. Robyn nunca se ha ido. Es más: es incansable. No ha parado nunca de hacer discos, la mayor parte de alto nivel. La única diferencia que aporta éste es un regreso al pop de guitarras, aquél que con tanto acierto cultivó con sus Egyptians o los anteriores Soft Boys y que tantos temazos inolvidables aportó al acervo personal de muchos, entre los que desde luego me cuento. Por eso ha sido tan feliz noticia el hecho de que el de Cambridge eligiera como productor a Brendan Benson (Raconteurs). El músico y productor quería retrotraerse a los tiempos de los añorados Soft Boys, es decir, a las estructuras sencillas y las instrumentaciones a base de bajo, dos guitarras, batería y armonías, algo a lo que el viejo Hitchcock ya no estaba demasiado acostumbrado. El resultado es tan apabullante, que parece que no haya transcurrido tiempo desde el año 1985. Con un sonido que, a pesar de haber sido grabado en Nashville, es tan inglés como una taza de té de porcelana, las diez canciones que pueblan este trabajo son pop por los cuatro costados, sin fisuras y, aunque pueda parecer imposible, quizá ésta que hace 21, sea la colección más cohesionada de canciones que su autor haya extraído de sí mismo en solitario hasta la fecha. Un disco con el que he disfrutado como un niño, la verdad. Mi Robyn, ése con el que pasé gran parte de mi adolescencia, ha vuelto.Oh god you are beautiful!

    21. "Palmeras", Los Nuevos Hobbies (Pretty Olivia Records)
    El buen hacer de la discográfica alicantina Pretty Olivia Records no para de nutrir nuestros oídos con piezas tan bien presentadas como sustanciosas en cuanto a contenido. Este año ha sido el de su confirmación como valor imprescindible en la escena indie (del de verdad) internacional. Mención especial merecen la edición del debut del valenciano Hank Idory o el primer disco en solitario de Stu Kidd. No obstante, si tenemos, por razones de espacio, que destacar uno, me quedo con el también debut de esta banda de Pamplona, que abarca todo el candor y la brillantez del mejor indie nacional, de Picnic a Family, pasando por paraíso, con unas canciones asombrosas que, empezando por la inicial, un hit instantáneo llamado "Dime que no se acaba", completan un trabajo que abriga el corazón a base de historias cotidianas tragicómicas a medio camino siempre entre el mundo digital y el analógico, el amor y el odio. Un disco que es para mí ya imprescindible y la mejor alegría del final del año.


    20. "I'm not your man", Marika Hackman (Sub Pop)
    El debut de esta muchacha inglesa para Sub Pop es un imaginativo amalgama de texturas que ofrece variedad y disfrute, de ese que hace pegar el oído y no pasar a otra cosa. Sus canciones  tienen algo que les otorga distinción: plasman sus ganas de hacer lo que le da la gana. Pese a que ha contado con la producción del afamado Charlie Andrew, ella ya llevaba los arreglos pensados con antelación. El resultado es un disco que supone un salto mortal con respecto al anterior, que la situaba como simple aprendiz de Laura Marling. Además, la unión con la también joven e interesante banda The Big Noon ha aportado tal variedad a su paleta que los temas que ella traía tan pensados se han convertido en la policrómica (al igual que la fantástica portada) colección que nos ocupa. Un disco verdaderamente delicioso que cuenta con apartados para todos los gustos, folk, pop exuberantemente arreglado o psicodelia juguetona, con la que Marika nos adentra en su mundo más personal, con unas letras de sexualidad explícita y desnudez emocional que hacen de este un trabajo absolutamente brillante y la confirmación de un gran talento.

    19. "Watercourse", Sea Pinks (CF Records)
    Parecía imposible que tras un trabajo tan impresionante como "Soft days", aparecido el año pasado, esta banda de Belfast influenciada por "el cristal marino, la hierba blanqueada y las guitarras fantasma" haya sido capaz de entregar otro conjunto mayúsculo de canciones, de esos que trasciende el usar y tirar al que tanto nos obliga esta sociedad de la sobreinformación en que nos hayamos inmersos. Discos como éste adquieren profundidad con cada escucha. Uno se encariña irremediablemente con ellos y ya no puede vivir sin disfrutar de esos riffs destellantes de guitarra, esas líneas vocales entonadas de manera tan inocente, esos estribillos que se tatúan en el cerebro y el corazón. Uno nunca tiene suficiente de cosas así, en absoluto. Sobre todo cuando se trata de una de las bandas de pop más inteligentes surgidas en Europa, quizá los únicos que puedan competir con The Parquet Courts a este lado del Atlántico. Grave afirmación, por supuesto, pero a la vista de los constantes aciertos discográficos a los que nos están acostumbrando, cada vez tienen más cerca el podio de los primeros de la clase.

    18. "Birds", Johnny B. Zero (Hall of Fame):
    El valenciano Juanma Pastor, definitivamente, lo tiene. El mojo se tiene o no se tiene y el lo posee a borbotones. Capaz de dejar boquiabierto a cualquiera con su destreza a las seis cuerdas, de cantar como un Bolan negro y de llevar cualquier actuación al éxtasis del rock and roll, ha tenido el gran acierto de hacerse acompañar, además, de gente de gran talento. Johnny B. Zero son ya de manera definitiva una banda consolidada, que completan Julio Fuertes, Luis Cirulli y Pablo Pérez. "Birds" es la tercera referencia para el sello de Utiel Hall of Fame y ha sido de nuevo producida por Carlos Ortigosa en los estudios Music Rooms. El resultado es un cañón. Desde la salva inicial con el riff infalible de "Insane", la escritura de Pastor nos lleva con total desparpajo por géneros que tienen que ver con una manera tradicional de observar el rock and roll, pero ha conseguido aquí dar ese "je ne sais quoi", esa coherencia con el contexto actual que hace que todo brille de forma natural, con frescura. Y con frescura absoluta se suceden todas estas canciones ACOJONANTES, cuyas presentaciones frecuentes en directo, dentro y fuera de la capital valenciana, no han impedido que el siguiente trabajo ya esté listo en el horno para salir a cobrar vida. Somos todo oídos para el 2018, pues. 

    17. "Milano", Danielle Luppi, Parquet Courts (Columbia)
    Un año sin escuchar nada nuevo de mis adorados Parquet Courts sería un desierto, así que hay que dar gracias a Daniele Luppi, compositor, productor y arreglista italiano afincado en los Angeles, que haya alumbrado este fantástico proyecto y les haya elegido a ellos como colaboradores. "Milano" es un disco conceptual basado en la visión de Luppi del Milán en que creció: una ciudad que en plenos años 80 se hallaba en el ojo del huracán, la cual revive a través de nueve canciones que el compositor abandona en manos de una de las bandas más increíbles de la actualidad para que las transformen a su estilo y antojo. El cóctel funciona a la perfección sumiendo el estilo pop de Luppi en la maraña destartalada que sale de las guitarras de los neoyorquinos. Es un disco de aristas que combinan a la perfección con la melodía sin caer necesariamente en lo acomodaticio. Una de las grandes obras de 2017, sin duda alguna.

    16. "Sentido del espectáculo", Biznaga (Slovenly Recordings)
    Un tipo que vomita las letras como si del Evaristo de la Polla se tratara, guitarras afiladas emparentadas con los Buzzcocks y el sentimiento post-punk de las mejores canciones de Parálisis Permanente? Dónde hay que firmar?? Compro!! Haceos un favor y poneros esto en los cascos mientras paseáis una noche por el centro de la ciudad. Veréis como todo importa un carajo. La soledad es una hermandad, el único amor posible. Discazo no del año, de la vida. 

    15. "Nothing feels natural", Priests (Sister Polygon Records)
    Sí, su sonido entronca mucho con bandas como The Slits, Bikin Kill o Sleater Kinney, pero es lo obvio, por el hecho de ser una banda de mayoría femenina. Su sonido va mucho más allá, hay toques de rock and roll y rhythm and blues clásico en la magnífica "Jj", ritmos kraut rock en la obsesiva "No big bang", o funk en "Suck". Y sobre todo, hay imaginación, un auténtico despliegue de imaginación. Es difícil decir aquello de que "no todo estaba inventado", pero uno se tiene que morder la lengua dudando cuando escucha tanta personalidad en el debut de una banda. Todo inicio brillante requiere confirmación, pero desde luego este es uno de los primeros pasos más brillantes de los dados en 2017. Un disco ampuloso a primera escucha, pero que va ganando interés y enteros a medida que se profundiza en él, algo que merece muchísimo la pena. Es además, un trabajo combativo y crítico, algo tremendamente necesario en los tiempos que corren, sobre todo en la ciudad de que procede el combo, Washington D.C. El punk era algo así cuando se inventó.

    14. "Face your fear", Curtis Harding (Anti)
    Con su primer disco "Soul power" (Burger Records, 2014), el de Michigan demostró al mundo que se puede hacer soul de tintes nostálgicos y ortodoxos, mezclarlo con el rock y la psicodelia y salir vivo del intento. No sólo eso: además lo hacía con frescura y capacidad de trascender, lo que le convirtió en un claro candidato al trono de emperador del neo-soul. Con "Face your fear" viene a confirmar aquellas conjeturas, a través de una producción ambiciosa y ampulosa que gracias a unas canciones infalibles (por ejemplo el rompepistas "On an on") no decae un solo segundo. Ya sea pegándole caña al northern soul de libro vía el otro Curtis (Mayfield), ya enredando complejas marañas de deep soul psicodélico (la apertura con "Wednesday morning atonement"), el disco mantiene un equilibrio entre arte y entretenimiento difícil de encontrar en la actualidad. Además la producción apuesta por texturas exuberantemente bellas, a pesar de la intervención de un Danger Mouse (Black Keys, Michael Kiwanuka, Gnarls Barkley, Broken Bells) cuyo sello se hace cada vez más patente en muchas producciones de pop con aires de r'n'b actuales, lo cual homogeniza quizá en exceso el resultado de este disco con respecto a su entorno, pero no logra vencer a lo que es una de las grandes colecciones de canciones de este año.

    13. "Barefoot in the head", Chris Robinson Brotherhood (Silver Arrow Records)
    El mayor de los Robinson continúa empecinado en hacer discos como si no hubiera mañana. La verdad es que si todos le salen tan bien, ya puede seguir así todo el tiempo que quiera. La capacidad para impresionar de alguien que ya ha dicho, inicialmente, todo lo que tenía que decir con una de las bandas de rock más gigantes que el mundo de los últimos 30 años haya conocido, está, digámoslo así, en entredicho. Por eso resulta aún más sorprendente y refrescante ver como alguien que no necesita demostrar nada se limita a hacer música con sus colegas. Robinson siempre ha sido un hippy, pero de los de verdad, de los de vive y deja vivir. Con su eterno compinche, el gigante guitarrista Neal Casal y una banda ya compacta y consolidada, el de Georgia factura su mejor disco hasta la fecha a base de remojarse en el blues, el funk y cierto acento melódico que pica tanto de la americana como, sorpresa, del pop. Un disco más que disfrutable, precioso para escuchar en la campiña un día de primavera y un gran compañero de viaje. 

    12. "Far from the echoes", Salto (Industrias Bala)
    Germán Salto ya asombró con su primer disco, conocido popularmente como "el del gallo", merced a unas canciones perfectamente acuñadas que traían a la mente los dos primeros discos de Big Star, al Brian Wilson más sideral o el satén del que estaban forrados los dos discos de The Left Banke. Mucho más centrado en la melodía que aquél primer esfuerzo, "Far from the echoes", que el madrileño ha grabado en diversas localizaciones durante un año, haciéndose acompañar de lo más granado de sus amistades musicales, encuentra en la suntuosidad de los arreglos su gran baza. Si en su primer trabajo las canciones eran las protagonistas, aquí comparten primer papel con unas texturas, ornamento y ambientación, que todos los intervinientes en este disco se han encargado de que rocen la perfección y vistan de gala unas creaciones que así lo merecen. Mi flechazo con este trabajo fue instantáneo a la primera escucha y no ha hecho más que crecer en las posteriores. Estamos ante uno de los discos grandes de una cosecha nacional importante como es la de este año. Todo un monumento de disco. La melodía era esto.

    11. "By order of the moose", El Goodoo (Strange Town Records)
    Permítanme esta apuesta personal. Este ha sido uno de esos años en que mi curiosidad por lo que ocurría en el mundo moderno del pop ha sido, digamos, limitada. Lo que realmente me ha apetecido es escuchar pop y rock en el formato más tradicional posible. He disfrutado mucho, sobre todo, de los muchos trabajos de bandas que recuperan los sonidos de la psicodelia pop que se hacía en los sixties. En ese sentido, este trabajo de los galeses El Goodoo (observen la referencia a la canción de Big Star) que no en vano graban para la discográfica de Cian Ciaran (Super Furry Animals), ha sido una compañía excelente. Sobre todo porque es un trabajo soberbio. Su facsímil del pasado no cambiará el signo de los tiempos, ciertamente, pero es soberbio. Las canciones, el acabado de las mismas, la producción, todo es una fiesta para oídos que como los míos, tiemblan ante este tipo de sonido. La banda ha tardado la friolera de 8 años tras su anterior largo en grabar este trabajo, que han ido puliendo poco a poco en un estudio ubicado en un antiguo cine de su pueblo, con un dieciséis pistas y un equipo analógico que ha logrado este exuberante resultado: doce canciones que nos llevan a todos los lugares necesarios, doce canciones absolutamente perfectas que me han hecho disfrutar lo indecible. Lástima que nadie haya parecido enterarse de su existencia. 

    10. "Music for the age of miracles", The Clientele (Merge Records)
    De todos los retornos que ha habido este año (citaría Peter Perrett, Michael Head...) el que probablemente más ilusión me ha hecho es el de esta banda londinense tan particular, tan querida por algunos que los guardamos como uno de esos secretos a voces que nos hacen un poco especiales. The Clientele son una de esas joyas de la corona que sólo caen en tus manos si estás atento. Tampoco es que sean unos desconocidos, la banda de Alasdair MacLean cosechó cierto éxito a principios de este siglo, pero no es su delicada música precisamente el objeto de deseo del gran público, de modo que se quedaron en banda de culto. Un culto exquisito. Tampoco los siete años transcurridos desde su anterior trabajo, "Minotaur", han contribuido a hacer de ellos pasto de las masas, lo cual no es óbice para que ahora, a los 20 años de su formación, la noticia de su vuelta con un disco mayúsculo bajo el brazo nos ilumine el año a unos cuantos. Un disco que está totalmente a la altura de sus mejores obras, con esa cristalina melancolía que inunda cada segundo de unas canciones que siguen siendo pequeñas tallas de orfebre, dando siempre la sensación de ser tan quebradizas como el hielo, pero no, permanecen, se instalan en lo más profundo del alma y engrosan una discografía ya clásica e impecable. Para mi, el tesoro de 2017.

    09. "Cigarettes after sex", Cigarettes After Sex (Partisan Records)
    Cigarettes After Sex son un colectivo procedente de El Paso (Texas), ideado y capitaneado desde 2008 por Greg González. Desde entonces, han levantado expectativas considerables a través de un EP y dos singles aparecidos en 2012, 2015 y 2016 respectivamente. Una actividad perezosa para una era como ésta en que la autoedición y la grabación casera están tan al alcance de la mano, pero que se ha visto capitalizada al fin en un largo realmente impresionante. Actualmente localizables, cómo no, en Brooklyn, González y sus colaboradores se las han apañado para construir una obra trascendente, de esas que uno no se cansa, de las que crecen con cada escucha, de las que permanecen. Son canciones narcóticas, sentimentales, vaporosas y con olor a clásico todas y cada una de ellas. Quizá penséis que peco de entusiasmo, pero tras repetidas escuchas en bucle debo decir que pocos discos actuales me proporcionan la sensación de placer que siento al dejarme cubrir de terciopelo el aparato auditivo con sus texturas. La sencilla lucidez que destilan la apertura con "K", el magnífico single que es "Apocalypse", la épica lentitud de "Opera house" o la profunda tristeza de "Truly" rozan la categoría de lo sublime y dan forma a otro de los discos que han supuesto un punto y aparte este año, al menos para mi. 

    08. "Tibia turbia", Lanuca (Infinito Discos)
    Se completa el círculo. El camino que la valenciana Ángela Bonet inició con "Pómulo", por aquél entonces a cuatro manos junto a su pareja, Manolo Bertrán y que continuó con el celebrado "Gran mandíbula", parece encontrar en "Tibia turbia" su culminación. Y para este cierre de lo que han dado en llamar la trilogía anatómica, la familia se ha ampliado. Además de su productor y colaborador habitual, Daniel Cardona, han contado con Vanessa Juan al cello y Ana Santos (ya presente en el anterior) a los sintetizadores. El conjunto es más completo, menos íntimo quizá, pero sin perder un ápice de intensidad, de ese sabor a trascendencia que ha tenido cada paso, cada capítulo de esta aventura. Otra vez un disco corto, que ni es single ni Ep por duración, pero tampoco llega a la del Lp. Quizá deberíamos mirar estos tres "discos cortos" de una manera conjunta, como si de una obra por capítulos se tratara. Yo creo que acertaríamos, porque esta evolución de la que hablo tiene una coherencia casi argumental, casi novelística. En todo caso, este nuevo episodio nos regala nuevamente escalofriantes muestras de sensibilidad artística como "Mirando al mar", "Mi revólver", "Besos tormenta" o la inicial "Es por amor". Un trabajo intenso, esencial, brillante y tremendamente humano.


    07. "II", Los Estanques (John Colby Sect-Action Weekend)
    ¿Pero esto que es? ¿Una broma? ¿Cómo es posible que una banda novel sea capaz en escasos cinco meses de editar dos verdaderas barbaridades de discos? ¿Hay algún truco? Porque si "Contiene percal", el debut de estos cántabros autodenominados Los Estanques ya me dejó la boca abierta de par en par (y se editó en junio), el que ahora nos ocupa, realmente amplifica todas las expectativas, que no eran pocas, depositadas en la banda comandada por Iñigo Bregel. Un disco que, si viviéramos en el año 1969, quedaría automáticamente catapultado a la categoría de obra maestra del rock patrio, merced a su capacidad de reunir en sus surcos lo mejor del pop nacional y foráneo (Solera, Vainica Doble, Kinks, Honeybus, Kevin Ayers), con la psicodelia y el rock progresivo (Pan y regaliz, Máquina, King Crimson, Yes), en una combinación única. Y sí, parece que ahora esa asimilación de sonidos pretéritos sea una constante en nuestro país, pero lo que separa a Los Estanques de otras propuestas, digamos, en la misma onda, como Melange o Fogbound, es, además de una acentuada tendencia hacia el pop, sin tanto devaneo guitarrero stoner o divagación jazzística, una personalidad a prueba de bombas o tendencias que llama poderosamente la atención. Uffff, "Efeméride", "Libérate", "Diez chelines"... ¿¿pero esto qué es??

    06. "Street rituals", The Stone Foundation (100% Records)
    Son viejos veteranos de la escena soul británica, con una carrera solvente a sus espaldas cargada de aciertos, pero la banda capitaneada por el elegante Neil Jones necesitaba un golpe de suerte. Y ese golpe de suerte apareció, como no, de sopetón, con una llamada de teléfono. "Hola, soy Paul Weller", dijo la voz al otro lado de la línea. Tras comprobar que su corazón no se había parado y que no se trataba de una nada simpática broma, Neil escuchó decir al modfather que había descubierto su anterior disco y que le encantaría contar con ellos para unas demos que estaba preparando. Como si de una película pasada a cámara rápida se tratara, la banda empaquetó sus bártulos y se dirigió al estudio de Weller, donde lo que incialmente fue una canción (la maravillosa "The limit of a man") se acabó convirtiendo en "Street rituals", el disco que les ha convertido en referentes de la resurrección del soul en el reino unido, llenando recintos de aforo considerable y cosechando éxito tras éxito. Un disco de soul sabio, elegante, que además cuenta con colaboraciones de quitar el hipo, además de la participación del de Woking en tres temas, como las de dos monarcas del género de la talla de William Bell y Bettye Lavette. Uno de los discos que más me han hecho bailar y disfrutar este año. No se lo pierdan.

    05. "Just dandy", Gentle Brent (You Are The Cosmos)
    Si hay algo que me ha alegrado este año el corazón, con permiso de la labor de Pretty Olivia, es la cosecha de aciertos de la discográfica You Are The Cosmos. Regida enteramente por un ser desprendido y entusiasta como es Pedro Vizcaíno, su visión para encontrar petróleo pop en los lugares más recónditos nos ha traído alegrías soberanas (entre otras, el número 1 de esta lista) en forma de rodajas vinílicas cuya edición él cuida al máximo y que contienen tanto tesoros escondidos del pasado como del presente. Este es el caso del que nos ocupa, el primer disco que el canadiense Brent Randall confecciona bajo el pseudónimo Gentle Brent y un paso de gigante en su abrazo al pop brillante de guitarras que persigue el hit como un galgo a una liebre. Un disco de esos que iluminan cualquier día aciago a base de dianas directas en la línea de flotación. Directo al grano, sin concesiones, sin pretensiones: guitarras, melodía, acción. Un discazo luminoso, prodigioso y lleno de esas canciones infalibles que tanto importan a seres anticuados como el que suscribe. Y quién quiere ser moderno? Pongamos de nuevo a todo volumen "The lonely one" y dejémonos de chorradas! 

    04. "Torres blancas", Wild Honey (Lovemonk)
    Es curioso cómo cambia la perspectiva de las cosas cuando uno abandona el idioma en el que cantaba. Todo se vuelve de otro color, es como si lo anterior no importara y un nuevo mundo completamente diferente se abriera paso por delante. Al igual que le pasara a otro viejo conocido de la escena pop, por así decirlo, psicodélica, Alberto Montero, el madrileño Guillermo Farré, con su paso al castellano ha dotado de una nueva dimensión a su trabajo al frente de Wild Honey. Lo que en un principio fuera un simple pasatiempo de habitación al margen de su participación en la banda Mittens, ha ido creciendo con los años para convertirse en la ocupación principal y adquiere ahora la relevancia merecida para un autor que ya era certero en inglés, pero que era incapaz de separar sus resultados de ciertas referencias. Todo lo contrario que ahora, que aunque encontramos influencias identificables (Vainica, Family, Nuevos Horizontes, La Buena Vida), su música despliega una paleta variada y personal, mostrando en todo su esplendor unas letras soberbias ("ojo de cristal") que combinan a la perfección con ese cuidado tan delicado en la composición que ha observado Guillermo siempre. Un disco soberbio, casi perfecto, con un carácter extrañamente cristalino, quebradizo y profundamente emocional. Absolutamente impresionante. Casi una obra maestra. España no puede quejarse de falta de talento, desde luego. 

    03."Hey Mr. Ferryman", Mark Eitzell (Merge Records)
    Desde luego, a Bernard Butler hay que erigirle un monumento al mejor colaborador (por no decir guitarrista) de cantantes ochenteros. Si no era a suficiente ya con los discazos que se ha marcado los últimos años junto a Ben Watt, ahora se destapa con alguien a quien ni siquiera hacía falta una recuperación, pero el soplo de aire fresco que ha supuesto la alianza le ha venido más que bien. Mark Eitzell (antaño al frente de los míticos American Music Club) quería hacer un disco pop. Obviamente, él es tan tremendo que eso no le va a salir en la vida. Pero por el camino le ha salido un compendio de canciones de esas confesionales, revestidas de satén, que ya quisieran la mayoría. "Hey, Mr. Ferryman", frase extraída de la que ES la canción del año, sí o sí, "The last ten years", es un disco impresionante. Un monumento que no por arrancar con una canción tan paradigmática cae en la complacencia a medida que va girando. Tras ésta, sin ir más lejos, "An answer" es perfecta candidata también al podio de mejor canción del año, o del lustro. Y es que así se las gasta, por supuesto, el que es uno de los mejores songwritters de los últimos treinta años. Canciones monumentales + producción exuberante = obra maestra. Eso es así. Y si encima has tenido la suerte, no ya de verle presentarlas sobre un escenario, a él que es un genio de la puesta en escena, sino de telonearle, permítanme el acento autobiográfico, ya es la hostia... No caben palabras para describir el significado de este disco para mi, pero al margen de ello, creo que sin haber vivido lo que yo viví aquella noche, perfectamente puedo aseguraros que si os lo perdéis cometéis un grave error.

    02."How the west was won", Peter Perrett (Domino Records)
    A estas alturas nadie daba un duro por escuchar nada nuevo de Peter Perrett. Su último disco en solitario (fuera de los Only Ones) salió nada menos que hace 20 años. Qué necesidad había, por tanto, para una discográfica tan grande como Domino, de financiar un nuevo disco de esta momia, este muerto viviente, superviviente de mil y un escarceos con sustancias dañinas, un walker on the wild side que cualquiera en su sano juicio habría previsto que no tenía nada en absoluto que decir? El resultado habla por sí mismo. Producto del empecinamiento de su hijo, una serie de canciones que el viejo rocker, el autor de la eterna "Another girl, another planet", tenía en el cajón, comenzaron a tomar forma en el estudio con un crecimiento en dirección a la categoría de clásicos que nadie hubiera esperado. Y es que desde ese inicio con los acordes, casi robados de "Sweet Jane" o incluso aquél "If not for you" del "All things must pass" del beatle Harrisson, "How the west was won" sorprende por su sabor a clásico, a uno de esos álbumes que has guardado siempre como un tesoro en tu estantería, que te han enseñado a vivir, a escuchar música, a enamorarte. Un disco profundamente romántico, en un sentido muy rocanrol del término, con algo chulesco en todo el despliegue sentimental que muestra, pero efectivo en definitiva. O si no qué hace esta piel de gallina en mi brazo mientras escucho la maravillosa "Troika" o un himno al amor imperecedero como es "An epic story",. Discos como este no se hacen todos los días, ni todos los años. Qué suerte tenemos de que esto siga sucediendo, de que aún salgan a la palestra obras que estremecen, que aportan vida al pop.

    01."Blurred harmony", The Parson Red Heads (You Are The Cosmos)
    ¿Qué queréis? ¿Que me deshaga? ¿Que rompa a llorar? ¿Que me emocione hasta límites insospechados? Lo tenéis fácil: pinchad cualquier canción de esta, usando el término de mi amigo Joserra, POM (puta-obra-maestra, para los no-iniciados). Como imaginaréis mis días, años, mi vida, está saciada de discos mayúsculos, obras monumentales que han sido inscritas o se inscribirán en las páginas de los libros de historia de la música para su permanencia y enseñanza a generaciones venideras, no obstante encuentro un placer especial al encontrar ese otro tipo de esquisiteces que si te descuidas pasan desapercibidas y cuando las atrapas pasan a formar parte de ti como algo particular. Es lo que ocurre con este disco. Y se lo debo a una persona: Pedro Vizcaíno. Gracias al tesón del zaragozano (que sólo por el hecho de haber traído a nuestras vidas al Niño Gusano ya merece un puesto en el santoral) hemos podido disfrutar del pop tal como nos contaron que era: guitarras tintineantes, melodías celestiales, armonías infinitas, almas elevadas hasta la estratosfera. Que la felicidad puede ser condensada en un vinilo de 180 gramos es algo que sé perfectamente, pero no dejo de maravillarme cada vez que algo como esto se cruza en mi camino. Si, al margen de lo vivido con mi familia, tuviera que pensar en momentos de extrema felicidad estática, esas pequeñas cápsulas en forma de recuerdos que uno recupera cuando está jodido de verdad, no tengo más que pensar en un paseo por el valle del Maimona con este disco en los cascos. Una mañana de luz cristalina amenizada por unas canciones sencillamente celestiales. Sin rumbo fijo. Sin pensar en nada más que disfrutarlas a ellas y al paisaje. Magistral, perfecto, infinito. Un disco que te permite todo eso no puede si no encaramarse en el podio de lo mejor que te ha pasado este año, sobre todo cuando contiene "Time after time", "Sunday song" o "Time is a wheel". Haceros un favor, no lo bajéis ni lo escuchéis en spotify, comprad directamente el vinilo (que por cierto incluye el cd con portada y todo) y seréis F E L I C E S.



    Y eso es todo, las 25 postales de felicitación, los 25 momentos de felicidad que os propongo. Y ahora, la trampa: me hubiera encantado incluir aquí los discos de Hank Idory, Monserrat, Segunda Persona, Radiadores, Sempere, Pentatrónica, Melange, Josele Santiago, Cisco Fran, Hurray For The Riff Raff, AJ Croce, Sharon Jones, The Maharajas, Michael Head and The Red Elastic Band, Brent Cash, Daniel Romano, Doug Tuttle, The Dream Syndicate, Luna, Zebra Hunt, Paul Kelly, The Paperhead, The Molochs, Mark and The Clouds, Gospelbeach, King Krule, Black Lips o Kelley Stoltz, pero lamentablemente me autoimpuse el corsé del número 25 como límite para mis desvaríos listiles.

    Espero que todo esto os sirva de guía y sobre todo, de entretenimiento, como a mi.

    Y sí, el último de LCD Soundsystem es un disco bárbaro, pero eso ya lo sabéis todos, no?

    Os deseo a todos el mejor de los años.

    Feliz 2018. Salud y rock and roll. 


    Por cierto! A modo ilustrativo podéis escuchar esta lista de 100 canciones (click para escuchar) que me han gustado este año, ente las que están algunas incluidas en los discos que menciono. Que aproveche!




















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