Señoras que van al Arenal Sound y se traen una contracrónica...

No, no se trata de ningún grupo de Facebook... y menos aún ahora que Anonymous lo amenaza... Queridos amiguitos alquimistas… muchos de vosotros habréis sido parte durante este pasado fin de semana de esas más de 40.000 personas que abarrotaron ese pequeño reducto playero y castellonense que es Burriana. 40.000 personas, una tras otra, aunque lo parezca, no son tan pocas, sobretodo si tienen que compartir espacios comunes, si tienen que enzarzarse en batallas titánicas por conseguir sus pulseras de la suerte o si tienen que jugarse a los chinos el entrar o no al WC… 40.000 personas son ya personas, de día o de noche, con sus 40.000 cubatas marca pseudos-Hacendado, y sus 40.000 gafas de pasta de esas que ciegan más que te resguardan del Sol. Pero algo nos dice que si en lugar de 40.000 hubieran sido 4000, 400 o 40, todos habríamos tenido que enfrentarnos a los mismos problemas. No es pues cuestión de “0”, no se trata de códigos binarios, sino de organización, de previsión y de… “un poquito de por favor”.


Los astros se alienaron para que decidiéramos ir a este festival en lugar de a otro: la cercanía, lo asequible de la entrada o el cartel eran reclamos suficientes para lanzar un “¿por qué no?” y movilizar a colegas, conocidos y, ahora que lo pienso, incluso a enemigos si tuviéramos que llevar a cabo alguna venganza… Aunque eso lo pensamos tarde… Pobres de aquellos que decidieron hacer camping antes de que comenzaran los conciertos… pobres de aquellos que incluso habiendo llegado el propio jueves (el día de Hurts o de The Charlatans) prontito como mandan las reglas de urbanidad, tuvieron que sufrir el desprecio de convertirse en los exilados del ya famoso Camping D… Ese pequeño campo de concentración más allá de la civilización campestre alejado de la mano de Dios en los que algunos sufrieron el saqueo de sus neveras, y en los que todos, aprendimos a entrar tapándonos la nariz como si de Fukushima se tratara. No por el miedo a morir a causa de la radiación festivalera, sino por el impacto medioambiental de los váteres, algo que solo podía superarse si entrábamos en una de las letrinas… Escalofriante… como escalofriante era darse cuenta que la zona de acampada era un descampado en el que las piquetas de las tiendas de campaña no podían ni clavarse en el suelo… Menos mal que todos tenemos como amigo en las redes sociales al Sr. Quechua… si no, no sabríamos qué hacer...

Y si esto podría disiparse por la euforia de pasar un fin de semana musical y de desfase, nada más duro que enfrentarse a la realidad de intentar hacerse con la pulsera de poder. Cual Frodo Bolsón empeñado en mantener consigo aquella baratija redonda, los Sounders, como cualquier otra raza festivalera, desean hacerse con su pulsera. Aunque para ello tuvieran que hacer interminables colas (sobretodo el primer día de festival). Aunque a los compañeros de prensa (entre los que por una vez no nos encontrábamos. De hecho, las fotos que ilustran estas líneas son las realizadas por nuestros compañeros de EFE) no les facilitaran las entrevistas con los grupos. Aunque supiéramos a ciencia cierta que determinados privilegiados podían conseguir ese preciado tesoro solo por ser (e incluso fingir) “hijos de…”. Pero eso pasa en todo festival que se precie, así que tampoco es que fuera excesivamente escandaloso.

Si los Sounders querían algo más que “dormir” debían darse un laaaaaargo paseo hasta llegar al Camping A para poder ducharse, para poder comprar una botella de agua, para poder cargar el móvil o simplemente para poder alimentarse... Son unas de esas pequeñas manías que tenemos los seres humanos, comer, beber y ducharse... Solo una de las zonas de acampada tenía esos privilegios consumistas pero, ¿por algún prejuicio en concreto? ¿Porque quizás la gente que llegaba el viernes o el sábado no eran verdaderos Sounders habiendo pagado religiosamente su entrada? Siempre ha habido clases, pero clases de las clasistas.

Y sí, “dormir”, como hemos dicho antes, era una entelequia conceptual que solo podría explicarnos Punset en una disertación cuántica. Y no ya dormir, sino poder descansar en condiciones. Incluso desde la última caseta de campaña del último rincón del maldito Camping D se escuchaba a los “maravillosos” DJ del Beach Club. ¿Era necesario eso? ¿Era necesario montar un after desfasado de 3 de la mañana a 3 de la tarde? ¿Era necesario compartirlo con todo el mundo? Pues sí. Una ideaca genial, desde luego. De hecho alguien nos dijo que si cogíamos una de las caracolas de la playa y nos la acercábamos a la oreja, no oiríamos el rumor del mar, sino a Paul Thomson, batería de Franz Ferdinand, pinchando… pero desde su casa, claro, porque también se convirtió en una de las ausencias siempre ajenas a la organización de este Festival. Junto a él también cayeron The Zombie Kids o Tulsa… que nosotros sepamos… Pero no nos desviemos porque estas cosas pueden pasar… y pasan. Estábamos hablando del Beach Club y de la acústica de la playa y del espacio… porque sí, los espacios abiertos, queda demostrado que tienen acústica… una acústica inusitada de la que más de uno se acordó… y de la madre de la acústica también. Eso sí, hay que reconocer que a todos los que odiamos la playa, el pasar la mañana en la piscina de esta zona era más que suficiente, mojito en mano, claro.

Pero hablemos de los escenarios. El DAS era el espacio de los “grandes” como Russian Red, Hurts, Vetusta Morla, Love of Lesbian o The Third Twin (los sobrinos de Daft Punk), pero eso no significaba que fuera el mejor acondicionado. Triángulo de Amor Bizarro sonaron más bizarros que nunca y prácticamente no entendimos nada de ese “Año Santo” que Isa Cea cantaba. Pero lo mismo pasó con El Guincho un día después con acoples incluidos y con unos de los grupos estrella, Love of Lesbian. Scissor Sisters sonaban muy a lo lejos, como si estuvieran tocando en realidad en Burriana y no en la playa... Delorian, sin embargo sonaron como debían sonar: limpios y electrónicos. Demasiadas imprecisiones para los cabezas de cartel... Pero podría haber sido peor aún... que Delorian sonasen a Miss Caffeina o que We are Standard sonaran a Canteca de Macao... ya puestos a contar todo lo surrealista del festival, esto no nos resultaría tan extraño, ¿o sí?

El escenario Legendario era el siguiente en importancia. Eso sí, si algún grupo coincidía en horario con alguno de los conciertos del DAS, estaba perdido. Tan perdido que lo mejor que podían hacer era dejar de tocar y volverse a casa. Por suerte Layabouts tocaron en el intervalo Rinôçérôse-Love of Lesbian y pudieron lucirse como es debido.

Y el tercero de los escenarios, el Desperados, el dedicado a las bandas más desconocidas (destacar a El Secreto de Amelie, The Ezra Beats o Pol 3.14), más alejado de las multitudes, menos masificado, se convirtió en la vía de escape para los que queríamos evadirnos de esas 40.000 personas durante algunas canciones (no en vano era el espacio que tenía más cuidadas las zonas de WC). En definitiva, o a pesar de todo, un sonido defectuoso en general que en algunos casos, como en el de Vetusta Morla, se suplía con el diseño de iluminación tan preciso que llevan en sus espectáculos.

Aunque en general hasta los grandes conciertos flaquearon por doquier, hay que decir que un festival es lo que es. Las bandas tienen un tiempo limitado que deben cumplir y en ese espacio deben poner, como suele decirse, toda la carne en el asador. Vamos, que los conciertos, que iban de 1h a 1h30 de duración, se convirtieron en grandes barbacoas de fast-food sin espacio para licencias estilísticas o concesiones populistas. El gran ejemplo fue el de los catalanes Love of Lesbian. Un show desestructurado dirigido al populacho en el que enlazaban hit tras hit muy lejos de los conciertos a los que nos tienen acostumbrados. Muchos de los asistentes, que dejaron de hacer botellón en el paseo marítimo solo para cantar como “amantes guisantes”, lamentaron que no incluyeran en su setlist “Te hiero mucho”. Desencantados quedarían los grupos de fanS que iban disfrazados, pese al calor, de astronautas, guisantes, tenistas o centuriones romanos. Pero amiguitos, la vida es así de dura y hay que saber esquivar sus golpes... Nos quedamos con las ganas de ver la que montó sobre los platos Eme DJ, esta vez por cansancio. Pero como Paul Thomson ya nos había dado la caracola, no tuvimos ningún problema en escuchar parte de su sesión desde ese recóndito lugar de los exiliados que era el Camping D. Prometemos mineranizarnos cual Super Ratón y poder disfrutar de la próxima sesión que nos quede cerca, I promise!

En el lado contrario los estadounidenses Scissor Sisters. Quizás porque esperábamos mucho menos de ellos y lo que hicieron fue sorprender. A Ana Matronic le enseñaron un par de frases antes de comenzar el espectáculo que no pudo practicar bien ("hola Areno" no sonó muy preparado, Anita), y Jake Shears (que según Santi Balmes, está mucho más bueno que él mismo) lo dió todo en el momento que se despojó de la camiseta. Junto a ellos un séquito de músicos que sobre el escenario lo convertían todo en un revival ochentero. Música, baile, petardeo, la teatralidad de Jake y Ana y esas coristas salidas no sabemos muy bien si de un videoclip de Robert Palmer o de las más noventeras Azúcar Moreno.

Pese a todo lo majorable, pese a todo lo olvidable, pese a perdernos el último día (quizás el que menos nos atraía), todos nos quedamos con lo que es un festival: pasarlo bien a toda costa aunque no se le preste la debida atención a a los grupos. Porque aunque no queramos reconocerlo siempre sucede así en estos parques temáticos masivos de la música. Todos se quedan con un buen sabor de boca por haber compartido con los amigos horas y días de diversión, y es ese mismo éxtasis el que hace que todos los conciertos se conviertan en fiestas y se sobrevaloren. ¿Calidad o cantidad musical? No por incluir más estrellas un festival va a brillar más, tomen nota.

Y como esto es una contracrónica, no vamos a dejaros con ningún videoclip de ninguno de los grupos que pasaron por Burriana. Os vamos a dejar con el “Seven Nation Army” de los White Stripes. Todos los alquimistas-sounders que allí estuvieron saben perfectamente por qué seleccionamos esta canción y por qué todos entonaban los primeros compases a modo de "lo-lo-lo-lo-lo-loooooo-looooo".







The White Stipes "Seven Nation Army"

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6 Comentarios

  1. Twelve Dolls no cayeron, tocaron el viernes a las 00h como estaba previsto...

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  2. Los Zombie Kids tampoco tocaron por "causas ajenas a la organización".

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  3. muy buena tu crónica, mucha razon en todo. Sólo un apunte, Twelve Dolls sí tocaron justo después de Vetusta, yo los estuve viendo a ambos.

    Sinceramente los grupos que más me gustaron tocaron en el escenario Legendario

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  4. PerdonaZZZ... Lapsus festivalero... Tenéis razón!! The Zombie Kids, el lunes a las 6 de la mañana... fue los que cayeron... Mil perdones y mil puntos a todos por estar tan atentos!!!

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  5. Gran crónica!!
    PD: Yo sobreviví al "Camping Dead"

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  6. Si lo que pretendes oir es una acústica perfecta, pretendes ver un juego de luces increible o dos horas y media de concierto por artista te recomiendo que no vuelvas a un festival de verano (y menos en la playa); prueba suerte con un concierto en una sala pequeña en invierno, el chasco puede ser monumental también.
    Doy fé que hubo muchas, muchísimas personas que disfrutaron increiblemente del festival, personas que saben a lo que van, que vieron hora y media de los mejores Vetusta Morla o a Eme DJ poniendo a todos el mundo (incluso a los que no les gusta la electrónica) al revés.
    Que faltase organización no lo dudo. Que el camping fuese una auténtica guarrería tampoco lo dudo (puedes gastar el dinero en un hostal y tener aire acondicionado y ventanas) pero un festival es eso, un festival.

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