
Eso sí que está basado en hechos reales. Si estudiaron en Howards y todo.
En estas entrañables fiestas hay gente que recuerda el vuelve a casa por Navidad, la familia, el amor, los regalos, también los regalos, algunos piensan en regalos, la lotería, el calvo de la lotería que falleció hace unos años (por eso no ha vuelto, que todavía los hay despistados que se enfadan porque no regresa), los regalos… en fin, que recuerdan lo típico. ¿He dicho ya lo de los regalos?
Pero un servidor va más allá y piensa en todo un clásico navideño: Gremlins. Una emotiva historia de cómo unos duendecillos verdes con dientes afilados quieren celebrar las fiestas en un pueblecito y sus habitantes no los dejan. Además hay una especie de osito de peluche de aparente bondad que, sin embargo, es un desalmado padre que repudia a sus hijos por haber comido después de medianoche. Claro, normal que se rebelen los chavales.
Como bien es sabido, los villancicos forman parte de la tradición más arraigada en estas fiestas. Nuestros queridos Gremlins, como buenos ciudadanos, le cantan uno a una ancianita poco agradecida. Y no contentos con tanta bondad, encima le arreglan la silla para subir las escaleras.
Si es que son unos incomprendidos. Animalicos.
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