1979: cincuenta discos cuarentones (primera parte)

Un repaso personal de 50 discos de 1979 que en este ejercicio cumplen la friolera de 40 años. Habrá rarezas, algunas visitas inesperadas, pero sobre todo clásicos como puños que siempre merece la pena rescatar y reescuchar.




El año pasado lo hicimos con el 68, un año especialmente marcado tanto por lo musical, como por una serie de acontecimientos político-sociales que pusieron un especial acento histórico en dicho período. Dado el éxito cosechado por aquella serie de artículos, nos hemos decidido a repetir la experiencia, pero lejos de caer en lo lógico, que sería continuar con la siguiente añada, la de 1969, otro año históricamente interesante y sobre todo, con una gran cantidad de clásicos en formato lp, nos decantamos por la década siguiente.

1979 no fue un año especialmente marcado por ningún acontecimiento, fue un año de transición en el que como mucho podemos destacar la subida al poder de Margaret Tatcher o el comienzo de la revolución sandinista en Nicaragua. Tampoco en lo musical fue especialmente revelador, puesto que el punk había pasado y el post-punk y la nueva ola estaban ya vigentes, pero esperando la entrada de los 80's para vivir su apogeo.

Sin embargo, sí que ha sido siempre para el que suscribe un año con una serie bastante amplia de discos que marcaron, de alguna manera, una perspectiva determinada. También es cierto que en 1979 mi hermana y mi hermano eran ya adolescentes y por tanto compraban discos, lo cual determinó que en mi casa hubiera bastante música fechada en esa época, que vio, por ejemplo, el apogeo de la música funk y disco, el ascenso del heavy metal o la edición de varios discos mastodónticos como "The Wall", de Pink Floyd o "London calling", de The Clash. Nada revolucionario, por otro lado, pero entre todo lo que selecciono se conforma un bonito cuadro en el que merece mucho la pena profundizar.

Intentaré que cada disco tenga su correspondiente enlace a spotify o a youtube para que podáis escucharlo y al final de todo (con la quinta entrega) publicaré una playlist con bastantes canciones de ese año, para que tengáis una idea aproximada de toda la variada paleta musical que se podía encontrar en aquella época.

Y en fin... ¿Por qué no empezamos con los discos, que creo que lo explican todo mejor que yo? Comienza el countdown...

50. "Slow train coming", Bob Dylan (CBS): El que hacía el número 19 de los discos de estudio del hijo predilecto de Minnesota llegaba con la difícil tarea de trascender una tríada previa de discos -"Blood on the tracks", "Desire" y "Street legal"- marcados por la herida profunda que había causado en él la separación de su esposa, Sara. Una trilogía impresionante, sin duda cima de su carrera, que obviamente sería difícil de superar para cualquier creador, pero Dylan es Dylan. Y como en tantas otras ocasiones en su vida, optó por un giro de timón inesperado que contra todo pronóstico, salió bien. En primer lugar, de temática: su reciente relación con la actriz afroamericana Mary Alice Artes, que lo introdujo en la iglesia evangélica,  provocó en él un creciente interés por la espiritualidad, que se tradujo en estas canciones, que inauguran lo que podríamos llamar su "etapa gospel". "Slow train coming", grabado además en los míticos estudios Muscle Shoals de Alabama bajo las órdenes de Jerry Wexler, es quizá el disco más negro de Dylan. No es para menos, con el abrigo de un trío de voces femeninas muy de iglesia que ya venían siendo frecuentes y el añadido de una de las secciones de viento más poderosas que se podían contratar, los Muscle Shoals Horns, todo se impregna de un aire soul inédito en la música de Dylan hasta entonces y que supone un paso adelante, gracias además a unas canciones mayúsculas y a que él mismo cantaba mejor que nunca. Por si fuera  poco todo esto, el disco contó con la inestimable colaboración a las seis cuerdas de un guitarrista británico que comenzaba a despuntar al frente de su banda, Dire Straits. Esta sería la primera colaboración de Mark Knopfler con el poeta del rock, no la última: tres años después estaría también en "Infidels", otro gran álbum en que dejó su impronta. Su estilo fingerpickin' cuaja a la perfección con esos nuevos y refrescantes aires que tiene el disco y así, canciones como la titular, "I believe in you", "Man gave names to all the animals", "Gotta serve somebody" o la maravillosa "Precious angel" gozan de una elegancia y consistencia tales como para decir que es este uno de esos discos del de Minesota injustamente sepultados entre descomunales obras más clásicas y que merecen una concienzuda revisitación, pues podrían colocarse entre lo más interesante de su obra.

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49. "154", Wire (Harvest): Desde luego, lo conseguido por Wire en sus tres primeros discos está al alcance de pocos. Quizá "Pink flag" se lleve la palma, pero el salto de su punk minimalista a la complejidad psicodélica de "Chairs missing" en tan sólo un año fue algo descomunal. Y "154" llegó, como tercero en discordia, para afianzar dicho salto ralentizando tempos e incorporando nuevos elementos a la ecuación que combinaba pop, vanguardia, electrónica y rock, para mezclarse en un todo visionario y a eones de distancia de todos los que les rodeaban. La innovación de su sonido que lograron según avanza dicha trilogía, de la que este disco es la culminación, ha sido pocas veces igualada en la historia. No obstante esto, "154" es el disco de la fragmentación de la banda, con menor peso de las composiciones conjuntas e incremento, por tanto, de las individuales del líder, Colin Newman y del bajista Graham Lewis, que adquiere mayor peso tanto en esta faceta, como en la de vocalista. Esto se nota hasta cierto punto en el resultado final, que sí tiene un acento más pop en lo promovido por el segundo y mucho más experimental lo del primero, pero desde luego no hace ni la más mínima mella en una cohesión final a prueba de bomba. Se trata, como los dos anteriores, de un disco impresionante y revolucionario, con momentos clásicos de la banda como "On returning", la extrema "A touching display", el expresionismo psycho-pop, heredero de Syd Barrett, que ofrece la apertura "I should have known better", la oscuridad profunda de "A mutual friend", la intensidad post-punk de "Two people in a room" o el lirismo de "Blessed state", que ofrecen una paleta estilística que va mucho más allá del after punk o del goth, para mirar directamente a un futuro que ni siquiera estaba en los 80, puesto que ha sido ahora, con la entrada de este siglo, cuando verdaderamente se ha sabido reivindicar lo encontrado por Wire en este su primer período de existencia. Alucinantes.

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48."Even serpents shine", The Only Ones (Columbia): Superado el efecto devastador de un single tan monumental como "Another girl, another planet", que podríamos decir que define en gran medida la era rock en que fue editado, tocaba la reválida del éxito cosechado tanto por la canción como por el lp que la contenía con un segundo trabajo. Peter Perrett -para valiente, él- decidió que sería la propia banda la que lo produciría, algo insólito para la época, sobre todo teniendo en cuenta su corta carrera hasta el momento. Fue una decisión acertada, al fin y al cabo eran una banda que tendía un puente entre el punk y la forma más tradicional de ver el rock, merced a un pasado de pub y también a una capacidad instrumental fuera de toda duda. Sabían perfectamente lo que hacían y lo que querían, por tanto, eran capaces de plasmarlo en una grabación. El hecho de que además su vida al margen de la música era realmente peligrosa y al filo, hizo que tuvieran aún más autoridad para destilar ese ambiente dolorosamente urbano y sucio que se respira aquí. Como decíamos, desde un planteamiento que mira de cara a los clásicos rock, la voz castigada de Perrett sabe sonar los suficientemente punk como para encajar a la perfección en toda aquella escena de la New Wave inglesa en la que habían irrumpido con fuerza gracias al single de marras de la chica y el planeta. Aquí, pese a no contar con un éxito tan claro, sí que existe un quorum de inmensas canciones brindadas por un escritor inmenso -tanto lírica como musicalmente- que entonces se encontraba en plenitud de facultades (o más bien en plenitud de sustancias potenciadoras de las mismas) y se sacaba de la manga como si nada joyas tan inmediatas como "Miles from nowhere", "No solution", "Out there in the night" o "Someone who cares", que no desentonaban ante momentos más intensos como la casi hard-rockera "Curtains for you" o la oscura "In betweens". Sin desperdicio alguno, es un disco de esos que a uno le hacen preguntar cómo es posible que no tenga una consideración histórica superior. La respuesta es fácil: mucho talento, pero poca cabeza. La carrera de Perrett siempre ha viajado por el lado salvaje y así le ha ido, aunque no obstante, últimamente, dado el brillante disco que sacó hace un par de años, parece que le hemos recuperado para la causa. Esperemos que dure.

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47. "Prince", Prince (Warner Bros.): En 1979, Prince aún no había dejado de ser un niño prodigio para convertirse en PRINCE, pero se las había apañado ya para hacerse el amo del estudio de grabación que Warner Brothers puso a su disposición. De ahí salió "For you", un disco que siendo prometedor, no trajo, sin embargo, la caterva de hits que se esperaba de él. Al contrario que muchos otros que confían en demasía en su talento y acaban quemándose, él, como se demostraría más adelante, tenía recursos y capacidad para hacer cuanto se propusiera. Y así lo hizo: como sería ya costumbre de por vida, tocado, arreglado, producido y mezclado por él mismo apareció poco después de su debut este disco homónimo, que esta vez sí, propinó dos pepinazos de baile frenético a las listas de éxito como son "Why you wann treat me so bad? " y "I wanna be your lover", por no hablar de ese "I feel for you" que posteriormente sería un gran éxito a manos de Chaka Khan. "Prince" tiene la trascendencia de ser el disco donde todos los elementos que confluirían en el sonido que en los ochenta capitalizaría al máximo junto a The Revolution, comienzan a aflorar de una forma coherente y natural. Su mestizaje tanto de raza como musical, con esa obsesión igualitaria por James Brown, Jimi Hendrix y Joni Mitchell que llevaba por bandera, queda patente en un elenco de temas perfectamente producidos y estudiados que no por llevar la marca "de baile" estampada olvidan las guitarras ni unos sintetizadores que se anticipaban bastante a su uso en la década que se iba a abrir. Todo en el disco está cuidado al máximo y podemos decir que es el patrón en el que se irían basando los siguientes, a cada cual mejor, para una evolución descomunal que duraría más de una década y dejaría una de las discografías más geniales de la historia del pop. Esto es Prince en estado puro, un diamante que aún estaba por pulir, pero diamante al fin y al cabo.

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46. "Survival", Bob Marley & The Wailers: Tengo que reconocerlo: este disco es una debilidad. Quizá sea debido a la época en que lo descubrí o a que no suele ser citado por la crítica como uno de los mejores de Marley, pero el caso es que le tengo mucho cariño y  siempre he sucumbido a su encanto melódico, a esa intención en cada una de sus canciones de ser el himno de una nación imaginaria. El onceavo disco de Bob Marley & The Wailers es sin duda lo más cercano al pop que ha estado jamás el jamaicano y también lo más próximo que se situó a un álbum conceptual. Influido por la situación política de su país, que le había sumido en el desencanto y por una visita al continente africano el año anterior, Marley había puesto su foco en el pueblo de Africa, hacia el que no paraba de pregonar la necesidad de encontrar la unidad para liberarse de yugos que aún ataban a muchas de las naciones que lo formaban. Quiso trasladar todas esas inquietudes a un disco, sobre todo teniendo en mente que su anterior disco, el exitoso "Kaya", había sido fuertemente criticado por ausencia de compromiso. Empezando por la portada, una hermosa composición con banderas mayormente del continente negro, "Survival" (que estuvo a punto de titularse "Black survival") era rabiosamente político y abogaba por la necesaria comunión de todos los hermanos de su raza, dentro de la tendencia de lo que se ha dado en denominar como "Panafricanismo". Un disco no necesariamente fundado en la violencia, pero sí una llamada a la lucha o resistencia contra la opresión, contra el yugo que ataba a un pueblo formado por muchas naciones, pero que él veía siempre como uno. Ese es el mensaje que lanzan firmemente canciones como "So much trouble in the world", "Zimbabwe","Africa Unite" o la maravillosa "One drop", que podríamos perfectamente citar entre lo más inspirado de su autor, si bien el disco no logró alumbrar ningún hit a la altura de los inmediatamente anteriores, que habían barrido las listas inglesas. Sin embargo, sí fue un disco que le erigió como símbolo de una idea, como icono de una lucha, que es la imagen, digamos, divina, que nos ha llegado de Robert Nesta Marley al día de hoy, merced a una muerte prematura que se produjo no mucho tiempo después de la edición de este disco. "Survival" consagró a Marley como el mesías rastafari que venía a liberar a su pueblo. Yo en todo eso no acabo de creer, pero lo que sí es cierto y seguro que es su colección de canciones que más me ha llegado al alma.

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45. "The Romantics", The Romantics (Nemperor Records): No se dejen influir por la portada!! Tras esas pintas -digámoslo suave- peculiares y sobre todo, esos pelos crepados que ni Tino Casal en sus años más locos, se oculta uno de los discos definitorios del power-pop, con permiso, claro, de otro que aparecerá en esta lista y cuyo título no desvelaré (se aceptan apuestas). The Romantics fueron una banda de Detroit (Michigan) que se llamó así por haberse formado el día de San Valentín de 1977. Sus miembros, encabezados por el batería Jimmy Marinos y el guitarrista Wally Palmar, ambos también vocalistas, estaban influenciados tanto por las bandas de la british invasion, como por las agrupaciones más rockeras de su ciudad (Stooges, MC5, Rationals...) y los primeros ecos del punk. Todo ello daba forma a un especialmente vitamínico cóctel de melodía y energía, es decir los ingredientes de lo que hoy suele llamarse "pop poderoso" (in english, power pop), pero que entonces no requería tanto calificativo y se le denominaba simplemente New Wave. La capacidad que tenían todos los miembros de la banda para componer piezas nerviosas de efervescencia adolescente como "Tell it to Carrie", "First in line" o la ya archiconocida "What I like about you", que ha terminado siendo un super clásico del género por su aparición en un montón de películas, recopilatorios o anuncios, ponía de manifiesto un potencial comercial que no se entiende demasiado bien porqué, no llegó a gran puerto. Después vendrían algunos discos más como el muy correcto "National breakout" u otros en los que sus peinados eran cada vez más imposibles y un hit ochentero de la mano de "Talking in your sleep", pero nada comparable al intenso despliegue de guitarras planeando sobre melodías irresistibles que encontramos en este disco de portada tan hortera como entrañable.

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44. "Candy-O", The Cars (Elektra Records): Siempre se ha visto un tanto sepultado por su predecesor, la ópera prima de The Cars, que contenía dos hits inmensos como "My best friend's girl" o sobre todo, "Just what I needed", pero la verdad es que este su segundo trabajo, "Candy O", con portada nada menos que de Alberto Vargas, el célebre ilustrador Mejicano, condensa en sí probablemente todo la esencia de una banda tan rica en matices como la de Ric Ocasek. Dejando aparte esa certera diana que es "Let's go", toda una incitación nuevaolera al baile que llegó fácilmente al top 20 de las listas, el disco contiene un amalgama de sonidos retrofuturistas, que diseñaban en cierto modo lo que iba a ser el pop de la siguiente década. La forma que tenían de combinar guitarras y formación clásica de rock con sintetizadores y una producción bastante revolucionaria par la época (urdida por Ocasek junto al productor de Queen, Roy Thomas Baker) se anticipaba, con más clase, todo hay que decirlo, a la forma de hacer discos que sería habitual en la primera mitad de los ochenta y además, con una paleta bien rica a nivel conceptual. Junto a piezas más directas como los también singles "It's all I can do" o "Double life", encontramos también acercamientos al incipiente techno como "Shoo be doo", emulaciones de la etapa berlinesa de Bowie como la titular "Candy O", melodías sintéticas de juguete como "Lust for chicks" o acercamientos al hard rock ("Got a lot in my head"). Un poco de todo lo que debe contener un disco de los Cars, vamos. Y es que pocas bandas más inteligentes, originales, divertidas y acertadas surgieron en la época. Es una lástima que se les recuerde sobre todo por sus hits de los ochenta, cuando su discografía está llena de hallazgos. Sentarse a escucharles es descubrir lo lejos que podían llegar unos artistas mainstream entonces y lo cortos de miras que somos ahora.

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43. "Rickie Lee Jones", Rickie Lee Jones (Warner Bros.): Por aquél entonces, Tom Waits y ella formaban una de las parejas más cool de Los Angeles. Siempre rondando juntos por el Tropicana Motel, en West Hollywood, un peculiar lugar en que se daban cita gran parte de los músicos de la ciudad o que pasaban por ella. Las vivencias de toda aquella época son las que plasmó Jones en este debut, que sin tener en cuenta una tendencia marcadamente más folk, sí que tenía bastante en deuda con aquél jazz mestizo impregnado de humo de bar que practicaba Waits. Este disco es bastante colocable en la estantería junto a otros de él coincidentes en el tiempo como "Blue valentines". Rickie obviamente muestra aquí una sensibilidad más femenina, pero sus letras emplean, al igual que en el caso del californiano, un lenguaje callejero que las desmarca enormemente de cualquier otro cantautor al uso de la época. Además, su voz sedosa pero arrogante tenía ese "algo" que te fuerza a escucharla quieras o no. No fue de extrañar, entonces, que su primer sencillo "Chuck E's in love", dedicada más o menos al "tercero en discordia" con el que Waits y ella solían dejarse ver en Los Angeles y con ese aire chulesco de rhythm and blues tan cautivador, trepara hasta el número 3 de las listas estadounidenses. Así lo hizo también el disco, que además fue un éxito a nivel mundial. Y no era para menos, junto a ese single estaban la sugerente "New moon", "Easy money" o "Weasel and the white boys cool", con esos aires a la vez tan soul y tan jazz, que hacían al conjunto sonar diferente. Una de esas obras que no deben pasarse por alto, además, por significar un hito en cuanto a la presencia e importancia de la mujer en el pop. Muchas vendrían después, pero ella abrió un gran camino.

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42. "Tom Verlaine", Tom Verlaine (Elektra): Tom no es que se caracterizara por su carácter afable, pero es que sus compañeros en Television habían hecho que llegara al límite. Las adicciones de su gemelo a la guitarra Richard Lloyd (al que dedica aquí "Yonki time") y en general, el descontento general de la banda ante la dictadura de Verlaine, causaron la abrupta ruptura de una relación que se saldaba con dos grandes discos, considerados hoy clásicos, "Marquee moon" y "Adventure". No era fácil, pese a tratarse de alguien con tanto talento, emular la altura artística de una banda que, si bien se nutría de sus canciones, tenía un sonido característico muy difícil de lograr sin los cuatro cerebros que lo imaginaban. Es por esto que este su primer disco homónimo no suena demasiado a Television, es otro paso adelante de un artista dueño de una forma de tocar la guitarra y de cantar especiales y reconocibles. El conjunto suena más a rock, un rock moderno y más producido que el que practicaba con la banda, no en vano una canción tan intencionadamente monumental como "Kingdom come" fue revisitada por Un David Bowie siempre avispado tan sólo un año después en su disco "Scary monsters". Pese a que es el hito del álbum, esa canción no estaba sola, puesto que, si bien Television vendían sonido, ahora Verlaine vendía canciones. Y las tenía grandes, impresionantemente grandes: "The grip of love", "Souvenir from a dream", "Flash lightning" o "Breaking my heart" son de lo mejor que puede ofrecer un autor que siempre ha sido además tan bueno en lo estrictamente musical como en lo lírico. Un trabajo marcadamente personal, como no podía ser de otra manera, que formaba además un lazo entre el rock clásico y el moderno y que puede mirar frente a frente a los dos trabajos que le precedían de la banda mater. La carrera de Verlaine ha seguido intermitente con grandes aciertos a lo largo de los años, pero nunca ha alcanzado un punto tan alto.

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41. "Black rose: a rock legend", Thin Lizzy (Vertigo): 1979 fue el año de confirmación de la NWOBHM (New Wave of British Heavy Metal). La banda de Phil Lynott no es que fueran unos recién llegados, llevaban desde 1970 practicando un rock duro y mestizo, que sabía tanto a urbano como los adoquines de su Dublín natal. Habían sobrevivido a los envites del Glam y del Punk con nota, adaptándose a su tiempo, y éste era el momento de aprovechar el tirón que otras bandas como Saxon, Judas Priest o Quiet Riot estaban capitalizando. Echaron el resto: "The Black Rose (a rock legend)" mostraba la grandísima banda que eran. Además de un simpar líder y compositor de canciones como Lynott, contaba entre sus filas con Gary Moore y su especial pericia a la guitarra, que le generaría gran fama en el futuro. A las órdenes, por si fuera poco, de Toni Visconti en labores de producción, Lynott puso en juego dos de sus mejores composiciones hasta la fecha, que ya es decir: "Waiting for an alibi" y "Do anything you wanna do", ambas clásicos, pero todos colaboraron en la composición, así que el punto culminante del disco surgió de una letra de Lynott dedicada a su hija a la que él y Moore pusieron música. La preciosa "Sarah", aunque era quizá un tema excesivamente pop para ellos, alcanzó un nada desdeñable puesto 24 en las listas y junto a los otros dos singles de éxito que se extrajeron sirvió para aupar el disco a un tercer puesto de las listas británicas. Nada mal, pero sin embargo Moore abandonaría poco después la banda para iniciar una provechosa carrera en solitario y los tiempos dorados habrían terminado. A Lynott, además, no le quedaba mucho. Pero eso es otra (apasionante) historia...

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