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jueves, junio 18, 2020

El hombre que fue ciudad

Julio Bustamante es uno de los tesoros más preciosos -y desgraciadamente, mejor enterrados- de toda la historia del pop y rock español, no sólo del valenciano, del cual quizá sea su piedra filosofal, en un pedestal sólo compartido con sus compinches Pep Laguarda y Remigi Palmero. Uno de esos artistas totales que no debería seguir siendo secreto a voces y que alguien debería encargarse de poner en el lugar que le corresponde, sobre todo en una tierra tan ingrata como la suya, que al contrario que en otras zonas del país donde sí se le homenajea como a uno de los grandes, se empeña en ignorarle.



Al fin! He esperado un buen montón de tiempo, pero ya está, tras la friolera de seis años, visible de manera gratuita en plataformas digitales Bustamante Perkins (ver), el documental que sobre la figura de Julio (o Juli) Bustamante dirigieron Xesc Gabot y Pep Garrido (Atiende Films) y presentaron a la sección oficial del Dock Of The Bay de San Sebastián en 2014. En él, de una forma muy bella además, se retrata a un personaje que considero esencial cuando pienso en la música o en el arte de mi ciudad y, precisamente, es uno de sus herederos más directos, Micalet Landete (Senior i El Cor Brutal) el que da en él la clave de algo que yo mismo siempre he pensado: "Juli como persona va muy ligado a València como ciudad. Tiene una forma de explicarla muy guay, la pereza, el pasotismo (traducción de la expresión valenciana "meninfotisme"), el carpe diem, lo retrata muy bien. Ha usado València de una manera muy provechosa e inspiradora a un nivel creativo. Si València para nuestros gobernantes es una puta a nivel de Palau de les Arts, Formula 1 y Veles i Vents, yo creo que lo más exportable a nivel humano y creativo que tenemos es Juli".

Totalmente de acuerdo. Se puede decir más alto pero no más claro. Y esto es algo difícil de explicar. Primero, hay que conocer València. La luz que uno encuentra buscando camino entre palmeras a las 10 de la mañana mientras intenta encontrar un bar con terraza  para hacerse "una punteta", la afabilidad de sus gentes al hablar, que te llaman "bonico" o "carinyet", sus mercados, sus pobladas plazas, el arte que se respira en muchas esquinas con pintadas, músicos o simplemente, la gente que pasa; una vez más la luz, su efecto en los edificios del Barri del Carme o el Cabanyal, las ganas de vivir que le entran a uno cuando pasea por ahí y mira hacia arriba. Todo eso -y no necesariamente las fallas, la Ciudad de las Artes y las Ciencias y el Jardín del Túria, que también- es València y todo eso lo representa a la perfección Bustamante tanto con sus canciones como con su presencia, en general.

Sin ir más lejos, ahora que la catastrófica pandemia que nos asola nos lo ha permitido, el otro día paseábamos yo y mi mascarilla al borde del mar, justo en la frontera que divide la Malvarrosa con la Patacona (Alboraya). De repente, algo en mi cabeza exigió que aprovechara esto tan moderno de llevar toda la música del mundo en el móvil gracias a una plataforma de streaming (todos caemos tarde o temprano en manos del diablo) y buscar rápidamente dos canciones de Bustamante: "Mundo Sereno" y "València no s'acaba mai". Creo que jamás nadie ha sabido retratar las sensaciones que le asaltan a un valenciano mientras se recrea en la belleza de una ciudad tan fantástica como ésta como lo hizo él en esas dos ocasiones y en muchas otras más, ojo, porque en prácticamente toda su discografía se respira el azahar. Por eso, seguramente, sentí al escucharlas una plenitud absoluta que francamente necesitaba en esos momentos y nada más me habría podido dar.

Es complicado acercarse a un personaje a la vez tan sencillo y poliédrico como éste. Sencillo, porque no tiene trampa ni cartón: lo que ves es lo que hay. Un niño grande, entusiasta, como el título de uno de sus discos, que nunca deja de aprender a andar y que no pretende adoptar ninguna postura que no sea su yo más genuino. Uno de esos personajes que parecen salidos de la novela de un magnífico escritor pero que no, es de carne y hueso. Y es realmente fantástico saber que uno pisa todos los días el mismo suelo que pisa un tipo así.

También es complejo porque hay muchos bustamantes. Está el hippy que se iba a Altea a alternar con otros como él, como Remigi Palmero, el moderno ochentero que hizo Cargo de Mi, el cantautor sereno y literario de final de siglo y el Julio que permanece en este siglo como un clásico y que es reivindicado por la juventud (su participación en Maderita, Fred i Son), aunque no lo suficiente, hay que decirlo, como un referente claro que marcó todos los caminos.

Tal como confiesa Landete en su intervención en el documental, a mi también me impone este hombre. Siempre que le he visto y he tenido la oportunidad de saludarle -pues conozco a algunos de sus amigos cercanos, como a su igualmente legendario y entrañable manager José Antonio "Commandant" Rivas- he balbuceado y me he quedado totalmente cortado. De hecho, recuerdo perfectamente la primera vez que le hablé, al pedirle la firma de uno de sus discos tras una actuación frente al Muvim (Museu Valencià de l'il·lustració i la Modernitat). Le dije un"Gracias maestro por haber marcado el camino", totalmente patético y entrecortado en cuanto a dicción, pero salido directamente del corazón. A este hombre se le respeta. Punto.

Y es que el camino que él ha andado -y que tenemos la suerte de que llegue hasta hoy- pocos lo han podido completar, tanto a nivel artístico como humano. Hijo de los propietarios de uno de los bares más emblemáticos de su ciudad durante muchos años, Balanzá, situado en la misma plaza del Ayuntamiento, es, además, hermano de Tico Balanzá, fundamental batería colaborador de Eduardo Bort o Gualberto, que le presenta a Remigi Palmero. Palmero se encuentra realizando las maquetas de lo que será Humitat Relativa y como se entera de que Juli compone canciones, le pregunta si tiene algo en catalán. Así pues, el joven Balanzá cuela en el que será uno de los pilares del rock mediterráneo tres temas "Veles al vent", "Radio Alger" i "Angelets". Comienza así firmemente (aunque ya hubieron algunos escarceos discográficos antes) una andadura que, sea o no a trompicones, ya no parará.

De esta forma, dos años después le toca el turno a él: Cambrers, editado en 1981 por una oscura disquera llamada Anec, le presenta como un cantautor moderno y adaptado a los sonidos de nueva ola que vienen desde la movida madrileña o incluso desde el Reino Unido, algo que casi ninguno de sus compañeros de generación, demasiado, quizás, embebidos de hippismo, sabe asimilar del mismo modo. Con él adopta definitivamente el apelativo Bustamante (una especie de apodo que le viene de la infancia) y es un disco que suena totalmente contextualizado con su época y que sobre todo, le introduce como un autor completamente ajeno a todo lo que se podría encontrar aquél entonces. La esencia del mediterráneo se encuentra en sus surcos de una forma tan arraigada, que es imposible escucharlo sin oler a mar y sin duda forma parte de ese triunvirato mítico al cual se añaden el mencionado disco de Palmero y por supuesto, Brossa d'Ahir de Pep Laguarda.

Como si fueran unos Rockpile de "la terreta", junto a Palmero y su hermano Tico forma el trío In Fraganti, con los que por desgracia no pasa de hacer un par de singles, de mucha calidad, eso sí, como la pizpireta "No tengo nada". Pese a su disolución, él continúa en sus trece y sigue componiendo canciones. El azar quiere que aparezca en escena otro gran tesoro (igualmente olvidado) del pop nacional: Miguel Angel Villanueva, antaño integrante de los castellonenses Auténticos y en esa época propietario de un sello, Discos Medicinales, con el que Bustamante edita sus dos siguientes discos: Cargo de Mi (1986) y Salon Fujiyama (1988), con los que, como cabía esperar, no pasa absolutamente nada. En este país sólo se hacen de oro los que tienen padrinos y Julio sólo sabe rodearse de gente tan entusiasta y pobre como él.

Hay cierto esfuerzo en la promoción, por ejemplo por youtube puede rastrearse una actuación en A Tope, de TVE, con el maestro interpretando "Cargo de mi" acompañado de su hermano pequeño Puchi Balanzá a la batería, pero en aquél entonces un sello tan pequeño e independiente como el que le editaba no podía airear como se necesita sus discos, aunque tuvieran tanta calidad y estuvieran hechos de la mejor manera que permitían sus medios.

Tras editar en lengua propia uno de sus trabajos más desconocidos, Ciutat Magnética (Picap, 1992), es con Sinfonía de las Horas (El Europeo, 1996) cuando llega realmente su gran momento. Con él recibe amplia difusión en medios como Radio 3, gracias sobre todo a "Hablando de Van Morrison", canción río basada en las místicas letanías que el irlandés dejó grabadas en su Astral Weeks (1968) que él convierte en una oda a la música y a la poesía en sí misma de una originalidad fuera de todo ámbito. Esto reivindica su figura como lo que es, un talento desatado sin parangón en todo el territorio nacional que se las arregla siempre para imprimir una calidad de orfebre en todo lo que hace y debe ya ser saludado como un verdadero referente.

De esta forma llega el contrato con una multinacional, Virgin, a través de su filial Chewaka, y un disco, Entusiastas, que siempre encontraréis citado, sin excepción, en cualquier lista que se precie de lo más granado del pop español de todos los tiempos. Un álbum que es sin duda su obra maestra, merced a una producción, de una vez por todas, a la altura de las circunstancias y a unas canciones que son probablemente las más perdurables de su repertorio, tanto que le persiguen hasta la saciedad y hoy intenta escabullirse de vez en cuando de incluirlas en su repertorio. En todo caso, lo quiera o no, es el disco que le define plenamente por guardar en su seno maravillas absolutas como "Al sur del corazón", "Nómadas" o por supuesto, "Mundo sereno", una canción totalmente impregnada de la luz de València y de todas las ganas de vivir de un verdadero entusiasta como su autor.

La Vida Habla completa una trilogía sencillamente magistral, que fija la plantilla de su estilo para todo lo que vendrá después. Editado de nuevo por El Europeo en 2000, cuenta además con las colaboraciones de muchos de sus compañeros de camino, como Remigi Palmero, Miguel Angel Villanueva o el músico y productor Carlos Carrasco, cuya vida está íntimamente ligada a la suya. Otro sinfín de maravillas coloristas hechas canción que sin embargo no sirven para poner su nombre más allá de entre los respetados. El dinero no llega de la misma forma que los aplausos de los críticos y lamentablemente, aunque él sigue empecinado en ello, cada vez le cuesta más dedicarse sólo a la música.
Maderita

Tras la devastación personal que supone la pérdida de su madre, en 2003 llega Con Tal De Volar, disco que incluye "Adelina", dedicada a ella, así como otras fantásticas piedras de toque de su repertorio como la inicial "Pasear". Un disco que le ve maduro y reflexivo, haciendo cuentas y seguro todavía de su entusiasmo por lo que ha elegido como medio de vida. Gracias a ello, quizás, dos de sus amigos más queridos, su mangager Commandant y el mencionado Carlos Carrasco, se lían la manta a la cabeza y montan Comboi Records, discográfica en la que editarán a otros músicos valencianos, pero sobre todo los siguientes cuatro discos del cantante.

Material Volátil (2005), Lluvia Cascabel (2008), Viento Desatado (2012) y En El Nombre Del Gato (2014) son cuatro caras de la misma moneda, con un escritor de canciones que es perfecto conocedor de su oficio y lo esgrime con la maestría que le atribuyen su experiencia y un ritmo vital que es austero, tal como retrata el documental mencionado al principio, pero jovial y repleto de amor, el que él mismo siente por la vida. Se conforma con vivir y poder retratarlo en todas estas obras, que una tras otra dan testimonio de su talento artesano y sirven de excusa para ir tirando.

Llegan también los homenajes, aunque no en su tierra. Es realmente lamentable, pero es en Catalunya donde se organizan rendidos homenajes a su figura, como el disco tributo Al Peu Del Canó, organizado por la recientemente desaparecida revista Rock De Lux, o el ya referido documental, más o menos coincidentes en el tiempo, entre el binomio 2013-2014. Antes de eso y entre los mencionados discos, otro suceso fundamental que no debemos olvidar: junto a Cayo Bellvesser, Txema Fuertes y Jorge Pérez (Tórtel), los tres antaño integrantes de Ciudadano, forma en 2009  Maderita, una especie de unión entre dos generaciones que deja uno de los discos más felices, apasionados y brillantes que hayan sido grabados jamás en València: Vivir Para Creer es testimonio de la unión del maestro y los alumnos, pero más que nada, de una panda de amigos, todos  igual de entusiastas. Así sale lo que sale: otra obra maestra que todavía no ha sido suficientemente reivindicada y que quizá sirviera de germen involuntario a todos esos homenajes (volvemos a decir: insuficientes) que hemos citado.

Lo último de Julio hasta la fecha tiene lugar en 2017 y tras el cese de actividad de Comboi, con la edición por El Volcán de La Misión Del Copiloto, disco que tarda nada menos que tres años en gestarse y que habla de amor, a la vez que le ve plenamente ensamblado con su banda de directo, Lavanda, con los que ya lleva años paseando canciones allá donde le dejan tocar. Con Montse Azorín a la voz, su hijo Lucas al bajo, Luis Alcober y Santiago Bernal, da forma a otro gran disco que le vuelve a reivindicar en nuestros días como la figura fundamental que es, testimonio de lo cual da el rendido tributo que le propicia Nacho Vegas al participar con su voz en la preciosa "Iratxi".


Tras la buena noticia de la reedición de Cambrers en vinilo hace poco más de un año, parece ser que hay planes, aunque seguramente truncados por el dichoso confinamiento, de dar continuidad discográfica a la vida de un cantante que no para, puesto que sigue escribiendo, componiendo, dibujando (otra de sus grandes pasiones) y tocando  siempre que puede. Algo digno de celebrar, pero no hace que deje de ser peliagudo pensar la situación económica realmente humilde en que se encuentra uno de los referentes culturales básicos de una ciudad de la cual en este sentido y de forma lamentable, es también un gran personificador. València puede ser tan bella como ingrata, tan llena de luz como de sombras, sombras que ocultan envidia, incultura y sinrazón. Y por desgracia él alberga en sí todas esas facetas, las buenas y las malas. Nos ha regalado un tesoro que es uno de los mejores cancioneros que jamás haya tenido una urbe para representarla, pero a la vez es profundamente ignorado en una tierra en la que sí, es conocido por un número de gente, pero jamás alabado ni aupado por instituciones ni medios. Una verdadera lástima que dice muy poco de lo que somos.

Por suerte, este artículo llega a mi tras la inspiración que siempre me causa su figura, en este caso tras el visionado del famoso documental, y me congratula pensar que no se trata de uno de esos obituarios que uno se ve últimamente tan forzado a escribir. Julio sigue vivo, sano, activo, creativo y tan entusiasta como siempre, sólo falta que entre todos le pongamos en el sitio que merece.

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