[Crónica] Guadalupe Plata en el ciclo Serpiente Negra (Planta Baja - Granada) 20/03/2022

 


Ojalá no empezar una crónica como esta con el recuerdo de una persona que ya no está pero, el domingo, al llegar a Planta Baja, la ausencia de un compañero que no solía faltar a ninguna cita de Serpiente Negra, se notaba en el ambiente rojo, humeante, de inframundo, que vaticinaba uno de esos conciertos en los que Manuel Borrero estaba tan a gusto. Vaya por él lo vivido en ese concierto, un día antes se le despidió con música y siempre que haya rock habrá un recuerdo para su certera pluma.

Guadalupe Plata es, sin dudas, una de esas bandas que ha calado fuera de nuestras fronteras y que dentro ya son profetas de la tierra y en la tierra, a pesar de su procedencia jienense. Aún recuerdo, un concierto en 2012, en El Tornado en el que no éramos más de cinco personas viendo a esa atípica banda que me había descubierto poco antes Paco (Subterránea Cómic). Se la recomendó entonces a un buen amigo con el que acudí a aquella “jaula” donde encerraban a los grupos en la entonces Sala/Discoteca Fleming, aunque, creo recordar, que en esos momentos tenía otro nombre. Quién iba a decir, entonces, que la banda ascendería de esa forma, desde su rojo infierno a las mejores salas y festivales, con espectáculos tan intensos como el que dieron en el Etnosur en 2015.



Son muchas, desde entonces, las fotos que he podido hacer a esta banda, de unas me siento especialmente orgullosa, de otras, más bien no. Siempre en ese ambiente que nos recuerda al averno o nos lo sugiere, tal como nos cuentan que debe ser ese lugar si existe. Eso sí, si existe, allí deben tener todos los discos de Guadalupe Plata, para amenizar y hacer más llevaderas las calores. O eso espero.

Sus letras, llenas de cementerios, entierros y sus enterradores, inframundos y defenestrados varios, pueblan un peculiar universo en el que los sonidos abrumadores del blues del Mississippi se confunden entre la niebla, nos remiten a lo más profundo de un Delta donde pactar con el diablo sólo requiere la moneda de cambio apropiada. Para su concierto en Planta Baja, una gran selección de sus mejores temas, en casi hora y media de concierto que empezaba y terminaba en medio del sonido de una tormenta. Tormentoso, sí, por momentos lisérgico, con la contundencia de las percusiones marcando el pulso de cada melodía que se deslizaba desde los ágiles dedos de Pedro de Dios a las cuerdas de una guitarra que parecía llorar y reír a partes iguales y nos hacía subir y bajar en su montaña rusa de emociones.



Así es un concierto de Guadalupe Plata, una dosis para los que, a veces, necesitamos de esa intensidad para seguir creyendo que el blues rock existe. Fieles a sí mismos, únicos, reconocibles, espiritualmente libres, pero cómodos en sus atormentadas canciones. Innecesario dar títulos de temas para contar un concierto que se vive más en la piel que en los oídos. Innecesario hacer una crónica al uso cuando lo difícil era hacer fotos y dejar de mover la cabeza y los zapatos en otra tarde donde el lleno de la sala certificaba que es el ciclo con más adeptos en Granada. Sólo reseñar la sorpresa que supuso la colaboración de Luis Aróstegui alias “El Pantera”, que dejó boquiabierto a más de un asistente entre el público.

Que la tierra sea leve a quien ya no pudo escuchar este concierto, los demás, los que estábamos a pie de pista, recordaremos su enorme trabajo cada vez que nos crucemos con una serpiente negra.


Crónica y fotos: María Villa

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