[Crónica] Las Migas convierten Quinta Alegre en un tablado flamenco (10/09/2026)


Las Migas
llevaron este jueves a Quinta Alegre su particular manera de entender el flamenco. El cuarteto barcelonés presentó Flamencas dentro del ciclo 1001 Músicas - CaixaBank en un concierto que recorrió bulerías, tangos, seguiriyas y rumbas mientras abría el repertorio a sonidos de blues, jazz y swing. Una actuación marcada también por el discurso feminista que atraviesa su última etapa.

La formación, vestida de blanco, saltó al escenario con Marta Robles y Alicia Grillo a las guitarras, Laura Pacios al violín y Paula Ramírez al cante, acompañadas por Oriol Riart al contrabajo y Kat Benítez a la batería. Desde la primera bulería, el grupo dejó planteado el carácter de una noche en la que la tradición serviría como materia prima para una propuesta decididamente contemporánea.


Ojitos verdes tomó después el relevo con una rumba sobre la añoranza, el amor y la ausencia, antes de que Tangos de la Repompa conectara el repertorio actual con los orígenes discográficos de la banda en Reinas del Matute y su posterior recuperación en Cuatro.

Pero es en Flamencas donde el grupo encuentra el núcleo conceptual de esta etapa. Grito llevó la noche hacia un territorio más combativo, apoyándose en cantes abandolaos y en la malagueña de la Trini para denunciar la desigualdad y las distintas formas de opresión que todavía condicionan la libertad de las mujeres. El mensaje encontró una resonancia especial en Quinta Alegre, un espacio abierto hacia la Vega, Sierra Nevada y la Alhambra, casi como una metáfora escénica de aquello que la canción reclama: puertas abiertas, ausencia de encierros y libertad.


La reivindicación dio paso a la memoria popular con Pena, penita, pena. La canción de Lola Flores apareció convertida en un momento de reconocimiento colectivo, bastaron sus primeros compases para que el público identificara una melodía instalada en el imaginario popular. En Granada, ciudad estrechamente vinculada a la historia del flamenco, el homenaje adquirió además una dimensión especial.

Las Migas saben, sin embargo, que la celebración también forma parte de su lenguaje. Agua, por bulerías, disparó de nuevo el ritmo con palmas, jaleos y olés, antes de que Blues de la frontera introdujera uno de los grandes cruces estilísticos de la noche. La pieza de Pata Negra permitió al cuarteto transitar del flamenco al blues y asomarse al jazz y al swing, confirmando una de las señas de identidad de la formación: ampliar el horizonte sin perder de vista la raíz.


El concierto alcanzó uno de sus momentos de mayor intensidad con Muerte. La seguiriya impuso un clima sombrío, construido desde la tensión y el silencio, que desembocó en un poderoso solo de violín. Después, el escenario pareció detenerse para recibir Asturias, de Isaac Albéniz, en una interpretación instrumental para dos guitarras en la que Marta Robles y Alicia Grillo trasladaron la célebre composición al universo sonoro de Las Migas.

La mirada contemporánea regresó con Celos. Los tangos cuestionaron la idea de posesión sentimental y desmontaron, desde los códigos del propio flamenco, una concepción del amor demasiado ligada al control. La reivindicación no aparecía así como un discurso añadido, sino integrada en las propias formas musicales que la banda lleva años explorando.


En el tramo final, Baila, mi morena acercó el espectáculo al ambiente más festivo para insistir en ese mismo discurso de emancipación. Después, Lo más de lo más recuperó el diálogo instrumental entre guitarras y violín y preparó el terreno para Buen rollo, una despedida en clave de rumba y fusión que dejó el ambiente en su punto más festivo.

Todavía quedaba una última vuelta de tuerca. El bis llegó con Antonia, primer sencillo de Libres, el álbum que proporcionó a Las Migas su primer Latin Grammy al Mejor Álbum de Flamenco. Una elección que cerró el concierto conectando el presente de la formación con una trayectoria que ha sabido crecer sin diluirse.


Lo ocurrido en Quinta Alegre fue, en definitiva, mucho más que una presentación de Flamencas. Las Migas demostraron que tradición y modernidad no tienen por qué enfrentarse y que el flamenco puede dialogar con otros géneros sin perder su identidad. Hay conocimiento de la raíz, pero también voluntad de cuestionarla, ampliarla y llevarla hacia lugares inesperados.

En manos de Las Migas, el flamenco no permanece quieto. Se transforma, reivindica, celebra y cruza fronteras. Y precisamente ahí, en esa tensión entre lo aprendido y lo que todavía queda por explorar, reside buena parte de la personalidad de un grupo que ha convertido la evolución en una de sus principales señas de identidad.

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