[Crónica] Valeria Castro consiguió que pasara lo que tenía que pasar en el Palacio de Congresos de Granada (25/09/2026)

 


Por segunda vez en su gira, Valeria Castro convirtió el Palacio de Congresos de Granada en un espacio de intimidad compartida. La artista palmera presentó este jueves su segundo trabajo discográfico, El cuerpo después de todo, dentro del ciclo 1001 Músicas - CaixaBank, en un concierto construido alrededor de la memoria, los vínculos personales y las emociones que permanecen cuando desaparece el ruido cotidiano.

Desde los primeros compases quedó definido el carácter de la velada. Castro apostó por un directo contenido, sin artificios innecesarios, en el que la voz y las canciones ocuparon el centro. El público respondió con una atención casi absoluta mientras la cantante recorría un repertorio marcado por la sensibilidad y por una interpretación cercana.


La puesta en escena acompañó esa intención. Una iluminación cálida, dominada por tonos ocres y suaves, envolvió a los músicos y creó una atmósfera doméstica, alejada de la espectacularidad convencional. El resultado reforzó la sensación de proximidad que atraviesa buena parte de la propuesta de la canaria.

La cantante estuvo acompañada por Paula Vegas al piano, María de La Flor al violín, Borja Barrueta en la percusión, Lucas Piedra al bajo y Joaquín Sánchez en los instrumentos de viento. La formación aportó diferentes texturas a unas canciones que fueron creciendo en intensidad sin perder su carácter recogido.


El inicio estuvo protagonizado por La soledad y Tiene que ser más fácil. Después llegaron Honestamente y Parecido a quererte, piezas en las que los coros, los instrumentos de viento y el pandero cuadrado de Peñaparda añadieron nuevos matices al repertorio.

Uno de los momentos centrales se produjo cuando Castro tomó la guitarra para interpretar El cuerpo después de todo, canción que da nombre al disco. El cambio de formato redujo todavía más la distancia con la sala y permitió que la composición adquiriera un tono especialmente personal.


La parte más desnuda del espectáculo continuó con Devota y Guerrera. Esta última, escrita como homenaje a su abuela materna, tuvo además una dedicatoria especial durante el concierto a Mari Carmen, la mujer madrileña cuyo reciente desahucio había provocado una amplia reacción pública.

Castro también reservó espacio para canciones de etapas anteriores. Abril y mayo, Poquito y Cuídate fueron recibidas como algunas de las piezas más reconocibles de su repertorio y demostraron la conexión que mantienen con quienes siguen su trayectoria desde sus primeros trabajos.


En el tramo final, La corriente elevó el ritmo antes de que Sobra decirte cerrara el recorrido principal. Para esa última canción, la artista abandonó el escenario y se acercó al público para cantar entre los asistentes. El gesto terminó de borrar la separación entre intérprete y espectadores y dio paso a uno de los momentos más celebrados de la noche.

Los bises comenzaron con Dentro, una canción de marcado carácter personal que devolvió al concierto su dimensión más introspectiva. Después, La raíz provocó uno de los grandes momentos colectivos: el público granadino acompañó a Castro en una interpretación conjunta cargada de referencias a la memoria y al territorio.


La despedida llegó con un cambio radical de energía. Sentimentalmente, en clave de cumbia, llevó al público a levantarse de sus asientos y cerrar la noche bailando mientras los aplausos acompañaban la salida de la artista.

Con este concierto, Valeria Castro presentó en Granada una propuesta basada en la cercanía y en la fuerza emocional de sus canciones. Una actuación en la que el segundo álbum de la cantante encontró sobre el escenario una traducción especialmente próxima, dentro de la programación de 1001 Músicas - CaixaBank.

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