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    lunes, marzo 16, 2015

    The Wave Pictures, la familiaridad de las antiguas costumbres

    The Wave Pictures recalan en Valencia dentro de la gira española de presentación de su último LP, "Great Big Flamingo Burning Moon", trabajo en el que vuelven a sonidos más garageros y se sumergen en el rock norteamericano de los 60 y 70. La cita será el sábado 21 en el Loco Club.

    Hay ciertas cosas inmutables en el mundo de la música; algunas previsibles hasta la saciedad, y otras esperadas con impaciencia para proporcionarnos la próxima dosis, una nueva entrega de aquellos músicos que cada uno tiene en su propio y personal pedestal. La entrega (casi) anual de The Wave Pictures suele ser una de esas ocasiones, con una periodicidad casi doméstica y familiar. Tal asiduidad en la publicación puede tener el inconveniente de no dejar que las canciones tomen poso y distancia, de no tener tiempo material para darle el justo valor a cada disco cuando ya tienes en tus manos el adelanto del siguiente. Pero los ingleses son como esas viejas costumbres que de vez en cuando vuelven a la memoria y nos damos el placer de recuperar. 

    "Great Big Flamingo Burning Moon" llegó en febrero de este año con la incertidumbre del camino que podrían haber tomado esta vez. Tras "Gin", junto a Stanley Brinks (Herman Dune), y el doble "City Forgiveness", con el que bajaban un tanto el pistón y en el que la sensación de cierta desorientación era inevitable (demasiados temas para abarcarlos con mesura), han dado otro salto cualitativo, situándose en la esfera de los geniales "Instant Coffee Baby" y "Susan Rode The Cyclone"

    Puede parecer una afirmación algo exagerada a priori, aunque "Great Big Flamingo Burning Room" tiene toda la pinta de ser un disco que crece sin parar en las escuchas, arrancando nuevos matices ocultos en un primer momento. 

    Esta entrega va varios pasos más allá del pop lo-fi en el que se les suele etiquetar, y torna hacia sonidos aún más garajeros, con la guitarra de Tattersall, su vocalista, inmersa en una espiral inacabable que remata cada uno de los temas. El rock norteamericano de las décadas de los 60 y 70 emana por varias de las esquinas de las canciones, asomando incluso la influencia de The Who en determinados momentos. 

    Este decimotercer largo ha contado con la extensa colaboración de Billy Childish, polifacética figura de las artes que abarca no solo la música; pintor, poeta del punk, lider de bandas como The Milkshakes o Thee Mighty Caesars y defensor a ultranza de la no profesionalización, de lo amateur, de lo inmediato y de la expresión emocional directa. Coproductor y coescritor junto a The Wave Pictures, su influencia es evidente en unas canciones con mayor pegada, más directas y contundentes. Todo vuelve a tornarse menos serio y elaborado, con un sonido menos producido y dejando la grata sensación de ser un disco con la diversión por meta. Y esto, teniendo en cuenta que son uno de los grupos con directo más ameno del panorama actual, hace vaticinar una subida de enteros en sus ya excelentes directos. 

    Los de Wymeswold llevan desde 1998 en activo, aunque pasaría un tiempo hasta que el gran Jonny Helm se uniera definitivamente a los mandos de la batería, completando el trio junto al bajista Franic Rozycki y al guitarrista y compositor David Tattersall

    Tattersall es responsable de dos de las grandes bazas del grupo: las letras, ya que se trata de un contador de historias llenas de metáforas y cotidianidad, en las que la magia del hecho simple se hace verbo, y los directos, que convierte junto a Helm (Rozycki es el tímido de la banda) en una especie de reunión de amigos llena de cercanía y anécdotas que convierten en familiares casi al instante. La tercera baza podría ser la guitarra desenfadada de Tattersall (cada solo que se marca es un momento álgido) o el acostumbrado momento estelar de Helm al micro. 

    La lista podría ser interminable, la verdad. Y si a todo esto le unimos la querencia de la banda por tocar en pubs y dejar de lado los grandes recintos, la asiduidad con la que visitan nuestro país y la imagen de cercanía que transmiten, no es de extrañar que puedan convertirse en una de nuestras bandas favoritas. De esas que nunca han pegado el salto a la fama pero que nos hacen quedar en muy buen lugar cuando las recomendamos a nuestros amigos.





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