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    viernes, abril 24, 2015

    “Kurt Cobain: Montage of Heck” (Brett Morgen, 2015)

    Los fragmentos caleidoscópicos del último mito del rock se humanizan crudamente en este documental 

    5 de abril de 1994. Kurt Cobain ponía fin a su vida y abría las puertas a la leyenda, una leyenda en la que en realidad ya se había convertido. 20 años después, el realizador Brett Morgen (responsable también de los documentales “El chico que conquistó Hollywood" o “Chicago 10”) se adentra en el material latente que había quedado, guardado en cajas físicas en un almacén y emocionales en los recuerdos y vivencias de aquellos que lo rodearon. Un trabajo, “Montage of Heck”, que se estrenaba ayer en cines (por tiempo limitado, avisamos) y que se adentra en la que fuera la otra cara de una estrella del rock que llegó a los altares a través de los infiernos personales. 

    Las más de dos horas de metraje generan odios y amores por igual: desde aquellos que dicen que no se trata la trayectoria de Nirvana desde que comenzaran Novoselic y Cobain en Aberdeen, a los que siguen pensando que la imagen de Courtney Love (albacea, no lo olvidemos del legado de Cobain) se ha edulcorado bastante; de los que salen del cine con lágrimas en los ojos a los que acaban por terminar reafirmado la hegemonía icónica que en la que Cobain acabó convirtiéndose. Posturas que nunca pueden quedarse a medias y que dan cuenta de la importancia que tuvo su aparición, no solo musicalmente, sino como imagen de un status, de una ruptura, de un inconformismo que posteriormente “robarían” medios como la MTV para difundir su discurso (repetimos) hegemónico. 

    Pero más allá de todo eso, del grunge, de su relevancia musical, del drama vital (como el de otros muchos músicos sumidos en las drogas, no nos equivoquemos), de los extremos emocionales vividos con Courtney Love… la visión que teje Brett Morgen es otra muy distinta y mucho más sutil. El camino que intenta pisar por aquellas huellas que Kurt fue dejando desde nació a través del material escrito, grabado en cintas y vídeos, dibujado… Desde las imágenes familiares en las celebraciones de cumpleaños en Super 8 a las más descarnadas junto a Love totalmente colocados. En poder trazar un esbozo de cómo pudo llegar a ese lugar del que nunca pudo regresar ni aunque lo intentara, ni siquiera tras el nacimiento de su hija. 

    Así que nada de una retrospectiva romántica de Nirvana ni de sus componentes. De hecho, son escasas las entrevistas que salpican el relato: su madre, su padre, su madrastra, su hermana, su exnovia, su mujer y un Novoselic mayor, ya muy mayor, que hablan desde una sinceridad dolorosa que no pueden esconder en sus miradas. Ese hablar de Cobain como hombre, no como mito, es quizás lo que más llama la atención de la cinta. Sin otras perspectivas, sin otros protagonistas más los que de forma determinante estuvieron en su trayecto. Faltan muchos capítulos (su relación con Burroughs, por ejemplo, sus relaciones con otros músicos,…) a los que no se hace mención; son otras historias que, aunque también determinantes, se quedan a un lado en el relato de Morgen. Quizás sea la primera vez que muchos de los entrevistados se enfrentan directamente a preguntas, a una investigación periodística, sobre su relación con el Cobain que cada uno conoció

    Un relato que técnicamente juega con otros elementos narrativos que dotan a la historia de variedad: el uso de la animación, tanto de los dibujos creados por el propio Cobain, de sus libretas y anotaciones, como el diseñado por Hisko Husling en aquellas escenas en las que el propio Cobain es el protagonista (en su adolescencia), dan una dimensión más completa al relato. No subyace en ningún momento ese aire de grandilocuencia que podría destilarse. Fragmentos de cómo se diseño la portada del “Nevermind” o conversaciones previas a la grabación del “Unplugged” de la MTV… Hay un espacio muy concreto para la música (con un audio algo más subido que el resto de la cinta) con fragmentos de actuaciones mezcladas con el audio master de los temas, y con ese score de Jeff Danna en el que revisa de forma oscura algunos de los temas de la banda. 

    Y aunque Morgen ha escatimado en ahondar en los momentos más duros de Cobain frente a la cámara con el metraje doméstico, no esconde algunos momentos duros, que sin embargo suponemos que serían los más “amables” de todo lo grabado y de lo no grabado. En esas imágenes no se muestra a Love como a la “hijadeputa” que siempre se ha dicho que era. Tampoco como una virginal compañera de viaje. No hay complacencia, aunque por otro lado, tampoco tendría mucho sentido que la hubiera. Love aparece en sus primeras intervenciones en las entrevistas segura de sí misma, mostrándose afable. Pero a medida que las entrevistas se suceden, que sus intervenciones van hilando la historia, se la ve más nerviosa, más incómoda quizás por volver a aquel lugar emocional 20 años después. 

    La propia hija de Cobain y Love, Frances Bean Cobain (una de las productoras ejecutivas de la cinta) decía que pese a tocar el lado más oscuro de Kurt, se le muestra como un ser humano, “y eso es algo que se ha perdido con todo el romanticismo que le rodea”. Nada más lejos de la realidad. No pretendáis encontrar en el documental la muestra definitiva de que el grunge era Cobain. No busquéis un documento musical de una época. Ni el entramado musical de una escena underground más que atractiva. “Montage of Heck” no va por ahí. 

    Una cinta, en definitiva, básica para intentar comprender, no el movimiento grunge, no la escena musical de una época concreta, ni siquiera la evolución de la banda, sino a Cobain más allá de la mitología musical, más allá de las portadas de la Rolling Stone, y más allá de lo que podamos haber conocido de su trayectoria. Solo un consejo: esperad al último segundo de los créditos finales para escuchar, sin ornamentos y a capella, la voz de Cobain sumergido en ese “…a denial…” recurrente del “Smell like teen spirit”. Ese final, ese verso repetido, es capaz de cerrar el círculo que se abría en el documental.

       
    “Kurt Cobain: Montafe of Heck” (Brett Morgen, 2015)


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