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    sábado, abril 25, 2015

    Luna. La Rambleta (Valencia). 22-04-15

    Luna despacha con entusiasmo lo más destacado de un repertorio aún vigente ante una audiencia rendida a su mito.



    La nostalgia. Qué concepto más antipático a veces. Y cuánto gusta por tierras levantinas, siempre proclives a todo tipo de conciertos de artistas que, sobre todo en la franja que va de mediados de los ochenta a bien entrada la década de los noventa, tuvieron siquiera algo de relevancia para su público. Un público que, no lo olvidemos, ahora goza (quien puede) del estatus económico que proporciona la edad para acudir a revivir aquél concierto que vio en Roxy en el 94 o, en muchos casos, aquél que se perdió en Arena en el 89. Yo a veces pienso incluso que hay bandas que se reúnen exclusivamente para tocar en Valencia y alguna ciudad española más, si les sale al paso.

    Ése es, precisamente, el caso de Luna. Aunque para ser precisos, la cosa no vino dada por el reclamo valenciano, sino por el del festival Gijón Sound, que se empeñó en elegirles como uno de los platos fuertes de la edición de este año y pujó en ese sentido, tan fuerte, que Mr. Wareham y sus compinches se decidieron a hacer las maletas y venirse a tomar un poco el sol por aquí, ya que una cosa llevó a la otra y la cita de Gijón terminó convirtiéndose en una gira en toda regla por la piel de toro, en cuya parte central, tras éxitos de crítica y público en plazas fuertes como Madrid o el citado festival, se encuentra Valencia, lugar donde tocaron ayer noche.

    Es hoy Luna un grupo para nostálgicos? Sí y no. No hay duda que han usado esa circunstancia para volver. No han engañado a nadie: el mismo Dean Wareham lo dijo bien claro al afirmar que todo su plan es "hacer unos cuantos conciertos para pasarlo bien... ¡Y cobrar!". El dinero, es evidentemente, el principal motivo de este viaje, pero creo que podemos pensar también que, al contrario que muchos de esos otros grupos que se reúnen para saciar la nostalgia de cierto número de aficionados, a los que les da igual la vigencia de una idea, siempre y cuando el espectáculo les retrotraiga a tiempos mejores, la música de Luna aún no ha sufrido el agotamiento de otras propuestas (al fin y al cabo, sólo hace diez años que lo dejaron) y pueden perfectamente tirar de un catálogo lleno de canciones óptimas para el directo.

    Y cierto es que anoche el recinto Ramclub de La Rambleta estaba poblado de gente de mediana edad que sólo sale de su cubículo para atender el reclamo del "remember the time", pero también por gente más joven y ávida de ver a una gran banda de directo a la que no pudo ver en su momento, un gran número de músicos locales y mucha otra gente que sí que acude regularmente a conciertos y valora lo que se le ofrece en su justa medida. Había interés y ese interés iba mucho más allá de la nostalgia, aunque sí, Luna es un grupo que en nuestra ciudad ha gustado especialmente, incluso mucho más que en otras ciudades de España o Europa. Para ellos Valencia es plaza fuerte y lo sabían. Se respiraba expectación.

    Abrieron la noche unos Flowers, que lejos de verse devorados por el facsímil que a simple vista ejecutaban del legado de la discográfica Sarah Records y otras lindezas del indie británico de finales de los ochenta-principios de los 90, hicieron partícipes a un público inicialmente reducido, pero que fue aumentando en número e interés a medida que iban pasando los minutos de su actuación, de que su propuesta no era una mera reproducción, sino una visión personal de algo sí, ya hecho, pero no tan manido como otras reivindicaciones (como por ejemplo, el shoegazing). Uno, a veces, resabiado y cascarrabias a causa de la edad, contempla a bandas jóvenes y piensa "ah, estos van de esto...". Y en cierto modo, me pasó eso al llegar a la Rambleta y ver el comienzo de la actuación de estos tres chavales londinenses, pero inmediatamente algo ocurrió, no sé muy bien el qué, pero me quedé embobado contemplando una actuación que sí, musicalmente bebía de algunas referencias obvias, pero que estaba ejecutada con indudable visión personal. Atacaban su repertorio con acertada actitud sintética (menos es más, siempre): a sencillos arreglos percusivos provenientes de un parco kit y ejecutados por un baterista de pulso firme, se sumaba un guitarrista lírico, versátil y tremendamente expresivo, que sólo veía apoyados sus certeros acordes cuando intervenía la tercera en discordia, la cantante, Rachel, que sólo cuando era preciso tocaba su bajo de una sola cuerda y, esto sí, en todo momento cantaba con preciosa voz angelical melodías endiabladamente atractivas, acabando el repertorio con un "a capela" que dejó boquiabiertos a los asistentes. Sólo tienen tres EP's, rastreables en su bandcamp (https://flowersdomusic.bandcamp.com/album/when-you-lie-cloudberry-ep) pero si saben canalizar todo lo que apuntan a un buen lp, les auguro buen futuro. Anoche dejaron buen sabor, desde luego.

    Cuando se retiraron Flowers, se hizo patente que ¡Ay! los tiempos han cambiado y ahora son los propios integrantes del grupo estrella de la noche los que salen, prescindiendo de roadies, que cuestan dinero, a preparar sus pedales, amplis y otros cachibaches en el escenario antes de salir a desgranar su repertorio. Así, minutos antes de salir, vimos a los Luna atareados. Le quita misterio al asunto, pero qué le vamos hacer, "those days are over". Eso sí, los aplausos cuando salieron "oficialmente" a tocar fueron igual de sonoros que si el misterio se hubiera mantenido: el público añoraba fervientemente a Luna (imagen chula del concierto fue ver a Dean enarbolando un cartel que rezaba "Wellcome back Luna" ofrecido por alguien de las primeras filas) y se lo hizo saber.


    Y oiga, pues la verdad es que tampoco estaban tan mayores: directamente Lee Wall parece que haya hecho un pacto con el diablo o se haya  criogenizado todos estos años; Sean Eden no luce demasiadas canas; Britta Phillips sigue siendo una mujer despampanante y sí, Dean Wareham tiene el pelo prácticamente blanco y no llega a los tonos altos al cantar, pero su socarronería y dejadez siguen siendo haciendo de el el tipo más cool sobre el planeta. Su aspecto molaba y su música, pues bien, quizá no sonaba exactamente como antaño, pero era ejecutada con el entusiasmo propio de una banda que no está pensando en un compromiso al tocar, sino que se lo está pasando bien. Y eso es realmente lo que importa y se transmite al verles: disfrutan haciendo esto. Puede que el final de la banda fuera duro, tal como quedó patente en el documental "Tell me do you miss me" (2006), pero parece ser que el tiempo ha relajado las tensiones y todos se llevan mucho mejor que cuando tenían un proyecto a tiempo completo entre manos. El ambiente era distendido y con "Slide" comenzaron el repaso de un repertorio rico en temas especialmente pensados para el disfrute del respetable, extraído sobre todo de sus primeros cuatro trabajos, sbre todo los tótems "Bewithched" (1994) y "Penthouse" (1995), pero también, lo cual se agradeció, referencias menos obvias como "Lunapark" (1992) o el EP a que da nombre la canción de apertura. Sonaron, por tanto, "Anaesthesia", "California (all the way)", "Tracy I love you", "Moon Palace", "Bewitched", "Friendly advice", un "Indian Summer" especialmente psicodélico y una vibrante recuperación (de las poquísimas) de su discografía final: "Speedbumps", rápido tema que era de lo mejorcito de su canto del cisne "Rendezvous" (2004) y que aquí interpretaron con ímpetu.

    Hicieron un primer pase, que a pesar de no ser muy extenso, fue intenso sobre todo instrumentalmente, con esas bases rítmicas tan sólidamente fabricadas entre el conciso Lee y una Britta espectacularmente buena a las cuatro cuerdas, planeando sobre las cuales Dean y Sean desarrollaron esos combates de guitarras afiladas tan neoyorquinos, que Luna han heredado de Velvet o Television, para definir un sonido característico y especialmente explosivo en algunos momentos de la noche, lo cual hizo pasar por alto una labor vocal bastante deficiente a cargo de Dean, que no llegaba ni de lejos a los tonos altos ni le ponía demasiado empeño (para qué nos vamos a engañar). Ni siquiera los bonitos coros de apoyo que le brindaba la señora Wareham, consiguieron evitar el suspenso en canto.  


    Y tras la primera fase, turno para los bises, que tuvieron que ser dos, dada la insistencia de un público totalmente extasiado, en la que tiraron (innecesariamente en mi modesta opinión) de las resultonas versiones que tienen desperdigadas por su discografía (un "sweet child of mine" bastante torpe, debo decir) y dos regalos al público más fiel: la muy solicitada "23 minutes in Brussels" y nada menos que "Slash your tires", uno de los temas estrella de su primer álbum, para finalizar dejando a una Sala -que si bien es de aforo reducido, estaba repleta de público- satisfecha, rendida y a los pies de Luna. Tal vez la nostalgia sea en ocasiones un sentimiento odioso y que lleve a confundir lo mediocre con lo brillante, pero desde luego, si esto fue nostalgia, la de anoche no fue una de esas ocasiones. Wellcome back, Luna. 










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