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    jueves, enero 11, 2018

    Doctor Divago: "Complejo Alquería Frailes 13" (Bonavena Música)

    La banda valenciana desafía al tiempo y se reivindican a sí mismos como músicos y como clásicos en la duodécima entrega de su admirable historia.




    Los clásicos no se reinventan, los clásicos se reivindican. Y punto.

    El último disco de los valencianos Doctor Divago es precisamente eso: una reivindicación en toda regla. “Complejo Alquería Frailes 13” es, nada más y nada menos, que la dirección precisa y exacta del local de ensayo que les ha visto preparar conciertos, urdir planes y diseccionar futuros discos durante casi ya 30 años. Un largo período de tiempo que rubrica el meritorio empecinamiento por seguir viva de una banda que se ha ganado con sangre el respeto, no sólo de sus conciudadanos, si no de unos cuantos fans irreductibles a lo largo de todo el país, que no por ser poco numerosos dejan de ser “los suficientes”, como señala el bueno de Johnny J. J. en la nota de prensa que acompaña a este, su disco número 12 (si tenemos en cuenta la colección "Especial de la casa"). Y es que son ya unos clásicos del rock español, eso es así aquí y en Lima.

    La banda decidió darse un merecido homenaje hace unos años, al alcanzar los 25 de existencia. Tras el esfuerzo que supuso la edición de disco recopilatorio, documental (ver) y libro, además de diversos conciertos conmemorativos por toda España, Manolo Bertrán, compositor y alma mater del asunto, reunió a sus compañeros en el mismo local que hoy da título a su disco y les pregunto si pasados cinco lustros había ganas de continuar. Eran dudas que a él mismo le asaltaban: ¿merece la pena mantenerse en pie después de tanto tiempo? La respuesta por parte de todos fue tan rotunda que en seguida se pusieron manos a la obra para construir las canciones que iban a formar parte de su siguiente disco. Canciones de local, canciones de Divago.

    Foto promocional Blue Light Studio (2017)

    Y que nadie se confunda: pese a que el disco supone una celebración de existencia, la reivindicación del sonido de banda de unos trabajadores incansables, no está exento de novedades. Desde los primeros compases de "Aún queda vino" -canción candidata a clásico instantáneo de su repertorio- ya se observa en esa reverb catedralicia que abriga la voz de Manolo y en esas campanas que suenan en el estribillo, que algo ha cambiado. El sonido es el mismo, pero está mucho más pulido, más arreglado, más compacto. Ello quizá es debido a que la participación del "sexto Divago", Daniel Cardona, esta vez ha sido más clave, si cabe, que en anteriores episodios. El lamentable cierre de su estudio “El Sótano“ y la insistencia de la banda que ha contado con él para prácticamente todas sus grabaciones, ha dado como resultado la asunción de la labor de producción de este gran padrino de la música valenciana, lo cual es un nada desdeñable valor añadido.

    Además, por si fuera poco, la escritura ya de por sí brillante de Bertrán se ha redondeado. Tanto en lo musical como en lo lírico, su mano siempre ha sido firme candidata al podio reservado a los grandes autores, pero quizá esa madurez que obtiene quien se sabe ya a vueltas de todo, sin nada que demostrar, le ha conferido un tono cercano, tal vez más centrado en lo personal, que beneficia en gran medida el resultado de este disco que se muestra tan bien planeado, por otro lado, por toda la banda. Hay más historias que nunca y ellos, sin duda, saben contarlas.

    Llama la atención también el uso de elementos externos a la banda, que no es ni mucho menos algo nuevo en sus grabaciones, pero aquí adquiere un empaque especial que redondea al máximo unas canciones cuyas bases, eso sí, ha grabado el grupo en directo. Estoy hablando del uso de los teclados, interpretados con maestría por Gabriele del Vecchio, así como de instrumentos de cuerda y viento (cello y trompa, intrepretados por Victoria García y Vanesa Juan, respectivamente), así como un esmero en los arreglos vocales de una dimensión nunca vista en anteriores trabajos.

    No se alteren, no estamos ante el disco barroco de los Divago, pero sí podría tratarse del paquete de canciones más logrado y pulido desde hace bastantes años. Y eso que nunca han bajado del notable, pero hay que reconocer que aquí se ha echado mucho el resto: tras el pistoletazo inicial con la citada "Aún queda vino", el misterio de "El gemelo malvado" vuelve a mostrar esa literatura oscura por la que es conocido su autor, que no desdeña usar sus obsesiones como fuente de inspiración, como muestra la beatlemanía que destila el primer single, "El cuarto día", que emparenta directamente con "Oh Darling" o "Don't let me down" de los Fab Four, con una letra, además, de las más descaradamente sociales que han poblado sus trabajos.

    Junto a futuros clásicos de su cancionero como "Sonámbulo", "Los pies en la tierra" o "Engáñame" merecen mención especial dos momentos del disco: la clausura, con otra de las obsesiones de Manolo, el mundo del boxeo, que en esta ocasión obtiene rango superlativo con "El tercer hombre del ring", la historia del combate que el árbitro Ruby Goldstein no supo parar y que tuvo como resultado una muerte sobre la lona. Él lo narra aquí con concisión, cariño y erudición, completando de manera magistral una serie ya larga de creaciones que giran sobre esta disciplina deportiva y que alguien, algún día, debería recopilar en un disco, pues su génesis es de lo más estimulante.

    El otro gran momento, el más grande, es una de esas canciones que por sí mismas justifican el esfuerzo de hacer otro disco más, que magnifican a sus creadores: "El viaje largo" es también producto de otra temática recurrente de la banda, las aventuras nocturnas. Una historia etílica,
    canallesca, enredada en la maraña de lo onírico, que a través de referencias personales, más directas de lo acostumbrado, va in crescendo hasta dar con el estallido coronado por la genial frase "la vida fue más estribillo que estrofa por una vez".

    Queda probado, pues. Doctor Divago no van faltos ni de estribillos ni de estrofas, gozan de excelente salud como camaradas y como músicos y justifican plenamente su existencia con un disco soberbio, que no deja fisura ni resquicio a la crítica y que requiere, escucha tras escucha, que nos quitemos el sombrero ante esta cuadrilla que se empeña en seguir viva, dignificando su legado y regalándonos colecciones de magníficas historias como este su doceavo disco, que sería demasiado lamentable que fuera el último. Por eso, uno nunca se cansa de repetir esto: ¡larga vida al Doctor!

    El Doctor estará presentando "Complejo Alquería Frailes 13" en el Loco Club de Valencia el 2 de marzo. Entradas aquí

    Para escuchar:

    https://doctordivago.bandcamp.com/album/complejo-alquer-a-frailes-13




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