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    domingo, marzo 18, 2018

    La Revuelta del 68: 50 discazos que cumplen 50 años (5ª y última parte)

    Y bien, llegamos al final del camino. He aquí el último tramo de esta lista en cinco capítulos dedicada al año 1968 que he tenido el placer de compartir con todos vosotros. Lo siento por el que haya hecho quinielas y las pierda, pero ya dije que esto era muy personal y que no pretendía si no dar una imagen propia de una pequeña fase de la historia de la música. Espero que sea de su agrado...


    10. "Notorious byrd brothers"/"Sweetheart of the rodeo", The Byrds (Columbia):
    Aquí hago trampa, perdonen, pero la situación es extraordinaria. Nadie fue capaz de evolucionar tanto en un año como lo hicieron los Byrds en 1968, que hicieron dos discos totalmente diferentes, con dos formaciones, hasta el punto de parecer dos bandas independientes la una de la otra. Pero no, eran prácticamente los mismos: en enero de este año aparecía "The notorious Byrd brothers", disco que significó, tras muchas idas y venidas, la ruptura definitiva con David Crosby, miembro original de la banda y futuro componente de Crosby, Stills, Nash & Young. Sí que estuvo presente en la grabación, por lo que es éste un disco planeado por cuatro Byrds originales (el citado, Chris Hillman, Michael Clarke y Roger McGuinn, es decir todos menos Gene Clark, que abandonó el barco un año antes), que lograron lo imposible: elevar los avances experimentados en su anterior disco "Younger than yesterday", probablemente su obra cumbre, a la enésima potencia. Aquí sigue habiendo la mezcla folk-rock que les hiciera imprescindibles para entender la música popular del siglo XX, pero con un acento en la experimentación muy superior. Los arreglos son mucho más suntuosos, a la par que bizarros, las estructuras son esquivas y las melodías huidizas en un set de canciones realmente maestro, con la composición "Going back", de Goffin-King a la cabeza y magníficos originales (curiosamente, no hay versiones de Dylan) como "Artificial energy", "Change
    is now" o "Old John Robertson", que además de experimentar con la psicodelia más alucinógena comienzan a hacer vislumbrar una especial querencia por la recuperación de la música country, aunque nada hacía presagiar el giro de timón que estaban a punto de dar: con la salida de Crosby y también de Michael Clarke tras la edición del anterior disco, Roger McGuinn y Chris Hillman se hicieron con las riendas de la banda y reclutaron para afrontar esta nueva etapa a un muchacho de 21 años llamado Gram Parsons, que empezaba a despuntar como músico de culto en la escena angelina y que pasaría a ser figura capital en los próximos acontecimientos. La intención, la idea inicial, era hacer un disco doble que significara un viaje a través de la música americana del siglo XX. Con la adición de Parsons, que llevaba tiempo pensando en aunar su amor por la música bluegrass y honky tonk con el rock, esa idea se acabó convirtiendo en "Sweetheart of the rodeo", auténtica biblia del country rock, que significó un antes y un después para el devenir de la música pop. Nada de lo que hoy conocemos como "americana" se concibe sin la existencia de este disco que conjuga perfectamente todos los elementos necesarios para alcanzar su objetivo: ofrecer a toda la paleta de sonidos de la tradición vaquera la juvenil sabiduría de la música pop. El resultado es algo totalmente nuevo hecho con elementos que respetan plenamente lo viejo, algo nunca visto de manos de una banda que fue capaz de alumbrar dos momentos discográficos de capitalidad inmensa el mismo año, uno de esos gestos titánicos al alcance de muy pocos. Poco más permanecería Parsons en las filas de los Byrds, pero con este acta fundacional del country rock logró poner su nombre con letras de oro en la historia de la música, al igual que el resto de sus compañeros en esta aventura maestra.


    09. "Music from Big Pink", The Band (Capitol):
    En 1968 no habría disco de Dylan, pero a falta de éste, el mejor de los consuelos para sus seguidores aparecería en la forma del debut de la banda que le había acompañado habitualmente en directo desde su electrificación en 1965. Unos tipos de Canadá que viajaban bajo el nombre de The Hawks y que tras el accidente de motocicleta del cantautor, que le tuvo fuera de juego una buena temporada, habían estado urdiendo nuevas canciones con él en una casa de campo a las afueras de Nueva York. En el sótano de esa casa de fachada rosa (de ahí que fuera conocida como "Big Pink") que varios de los miembros de la banda habían alquilado, Bobby y los chicos compusieron y grabaron un buen montón de canciones, lo que con el paso de los años se conocería como "las cintas del sótano". Muchas de aquellas canciones pasaron a formar parte del paquete que compondría el primer disco de estudio de los rebautizados como The Band, que se grabaría en varias localizaciones de Nueva York y Los Angeles y significaría el despliegue definitivo de la maestría de un grupo que había permanecido en un segundo plano demasiado tiempo, dada la creatividad que mostraba la mayor parte de sus miembros. Todos cantaban, componían y tocaban varios instrumentos. Eran músicos completos y se hallaban además en un momento totalmente pletórico, tal como demuestra el contenido de éste, sin duda uno de los mejores discos de debut de todos los tiempos. Una maravilla total, con un sonido nuevo y vibrante que viaja mucho más allá de los géneros para traernos una visión global de la música hecha en America que combina bluegrass, pop, blues o incluso jazz y música clásica con total naturalidad. Todas la piezas del puzzle son verdaderas maravillas hechas con exquisitez y mimo. Las voces de Richard Manuel, Rick Danko y Robbie Robertson se entrelazan con perfección y la música es como si flotara en el aire a través de un conjunto de temas, que por supuesto incluyen colaboraciones del "jefe", como "Tears of rage" o esa maravilla absoluta que es "I shall be released", pero la capacidad compositiva de Robertson definitivamente resplandece con "The weight" o "Caledonia mission", así como también lo hacen la de Manuel ("In a station") o Danko, que compone a pachas con Dylan un "Wheels on fire" que es uno de los momentos cumbre del disco. Una de esas obras que son un foco iluminativo para el devenir de la música de una era por generar un sonido propio y nuevo. Muchos han sido los intentos de imitarles, pero el carácter genuino y a años luz de esta banda, que no en balde se autodenominó "la banda", es harto difícil de alcanzar para cualquiera que no fueran ellos, que vivieron lo que vivieron y esperaron su momento, el cual supieron reflejar de una manera tan sublime.

    08. "Odyssey and Oracle", The Zombies (CBS):
    Lamentablemente, hay discos cuyo momento llega demasiado tarde. Este es el caso de este disco, el segundo de los británicos Zombies, una banda especialmente dotada para hacer de la melodía algo sublime. La gestación del mismo, comenzó tras la edición de su primer largo, "Begin here" en 1965, pero su edición no tendría lugar hasta tres años después, cuando además la banda estaba ya desintegrada. El disco es además producto de un tiempo y un lugar muy concretos. En él se recogen los efluvios de un swingin' London que en el tiempo de su grabación, primavera de 1967, era el lugar más efervescente del planeta. Ellos reflejan todo ese ambiente en un delicado set de canciones de tendencia barroca y preciosista, que buscan cierta relación con la música clásica y sobre todo, pueden ser consideradas joyas fabricadas por los mejores orfebres, Chris White y Rod Argent, motores creativos de la banda, que pusieron aquí lo mejor de sí mismos. El problema fue que tras muchos problemas, tensiones y dimes y diretes con su discográfica el disco tuvo que esperar demasiado para su salida, la cual tuvo lugar en la primavera de 1968, momento en el cual las cosas habían cambiado demasiado. El mundo era un lugar muy distinto entonces como para asumir un disco que prometía amor candor y flores. Tiempos revueltos requerían música revolucionaria y no piezas de porcelana, por eso el disco no tuvo ni la promoción ni la respuesta que merecía una obra completa y colosal como pocas en su época. Una virguería que no palidece en absoluto frente a cualquiera de los considerados mejores álbumes de la historia y contiene una sucesión de canciones sencillamente perfectas y rematadas con un esmero especialmente brillante, capaces de sumir al oyente en un estado de placentera melancolía del que no es fácil escapar. Sorprendentemente, un año después de su edición una de las canciones del disco, "The time of the season", obtendría un más que significativo éxito en Estados Unidos lo cual provocó seguramente que el disco no cayera en el más absoluto de los olvidos y fuera recuperado con el paso de los años, considerándose tradicionalmente como la obra capital que es. Pocos momentos más altos que este ha conocido el pop inglés, perderse semejante barbaridad es ignorar uno de los momentos más bellos del pop.

    07. "Begin", The Millennium (Columbia):
    A lo largo de toda esta lista hemos visto aparecer varias veces el nombre de un personaje que en mi opinión tiene una importancia capital para el pop. Curt Boettcher fue un genio, un visionario ensombrecido por la ausencia de un éxito comercial que le era esquivo cuando se trataba de sus propios proyectos, pero tanto en materia de composición como de producción supo dar esos pasos de gigante que con el transcurso del tiempo han adquirido la condición de dinamizadores de una forma especial de contemplar la música que ha traído cola merced a una influencia en principio subterránea, pero que ya cuenta con el alcance necesario como para ser considerada esencial. Tras sus aventuras como productor de The Association, su banda The Goldebriars o el proyecto Sagittarius (del que ya hablamos en esta lista), Boettcher decidió unir fuerzas con algunos amigos del ambiente californiano. Algunos, como Sandy Salisbury, habían formado parte de un proyecto fallido llamado The Ballroom y otros eran colegas, como Joey Stec o Keith Olsen. Juntos formaban un nutrido grupo de músicos y cantantes, pero no nos engañemos, toda la idea y la dirección del proyecto estaban en manos de un sólo hombre, un Boettcher que estaba en la cima de su capacidad imaginativa. Las melodías que logró concebir y producir aquí son quizá el ejemplo más claro de lo que tradicionalmente se ha conocido como sunshine pop, una suerte de subgénero ideado para definir una forma especialmente cristalina de concebir la canción popular, a la cual él supo dar el lustre y genialidad que requería para trascender. Así, desde la apertura del disco con "Prelude", encontramos un despliegue de creatividad mayúsculo, a través de unos arreglos y armonías vocales totalmente revolucionarias. Cada uno de los elementos está perfectamente dispuesto para que el conjunto resulte arrebatador y exuberante. Cada canción es un fresco impresionista de tres minutos capaz de trasladarnos a islas remotas y bañar de sol hasta el día más oscuro. Maravillas como "The island", "I just want to be your friend", "To Claudia on thursday" o "There is nothing more to say" merecían haber encumbrado esta obra maestra a lo más alto de las listas de éxito, sin embargo el disco fue totalmente ignorado en su época y la banda se desintegró dejando la incógnita de qué hubiera pasado si el apoyo del público les hubiera dado carta blanca para grabar más música. Este ha sido siempre uno de esos grandes misterios, uno de esos discos ocultos de los que está llena la historia del rock, sobre todo el de los 60, pero yo me atrevería a decir que es además un caso especialmente flagrante de ignorancia por parte tanto de la audiencia como de la crítica especializada, que no supo reconocer su grandeza en el momento preciso y ha sido muchos años después cuando lo ha elevado a la categoría que merece.

    06. "Os Mutantes", Os Mutantes (Polydor):
    "Sargent Peppers" quizá no fuera el mejor disco de los Beatles, pero sin duda su impacto fue equivalente al de una bomba de neutrones. Una ola de creatividad sin precedentes se desató por todos los rincones del mundo. De repente, todo valía: el estudio de grabación se convirtió en un campo de juegos libre para la imaginación de los artistas y algunos de ellos aplicaron toda esa psicodelia desatada que venía de Europa y Norteamérica a músicas propias de sus respectivos países. En Brasil existió un movimiento denominado "Tropicalismo" que trató de revolucionar los dictados de la samba y la MPB a través de la total libertad formal que predicaban seres iluminados como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa o la marciana banda que nos ocupa, Os Mutantes. Formada por Rita Lee, Arnaldo Baptista y Sergio Días y descubierta al mundo no brasileiro por David Byrne con "Everything is possible", el recopilatorio de su obra que editó en su sello Luaka Bop. El mundo alucinado de Os Mutantes al fin fue reconocido como merecía por un buen montón de nuevos aficionados que no cabían en su asombro al escuchar algo tan avanzado proveniente de un tiempo y un lugar nada propicios para la experimentación. Su primera referencia homónima, aparecida en el 68, es ya una asombrosa carta de presentación que hace alarde una desbordante imaginación. La manera en que la banda, de una manera natural, sabe traer la psicodelia a la música étnica y popular de su país es sencillamente de otro planeta. Hasta los momentos más estándar, que protagoniza Rita en la forma de sendas versiones de Mamas & The Papas y Françoise Hardy, cuentan con un tratamiento en los arreglos fuera de lo normal. Mucha más miga encontramos en las canciones que otros tropicalistas como Veloso o Gil escribieron para ellos ("Panis et circensis", "Bat macumba", "Baby"), pero nada comparable a las que ellos mismos urdían, un dechado de bizarrismo mucho más experimental que la mayoría de música pop de la época, por no hablar de ese maravilloso hit, de la mano de Jorge Ben, que es "Minha menina", una fiesta de fuzz y ritmo tropical que nadie puede resistirse a bailar. Un disco perfecto, visionario y alucinógeno que hoy día sigue sonando absolutamente moderno y a través del cual en cada escucha se descubre algún nuevo y revelador secreto.

    05. "Electric ladyland", Jimi Hendrix (Reprise):
    Clapton era dios, estaba subido en su trono del olimpo y nadie le perturbaba, hasta que llegó él. Un tipo afroamericano, llegado del otro lado del océano, pero que en realidad parecía acabar de aterrizar de Marte. Alguien que iba a traer la confluencia a la música pop. Los mundos negro y blanco al fin fundidos en un sólo artista. Ya nada sería como antes. Entre 1966 y 1967 James Marshall Hendrix ya casi había cambiado la faz de la música, pero aún le faltaba un golpe en la mesa que definitivamente le estableciera como el nuevo mesías que estaba destinado a ser. Ese golpe tuvo la forma de doble vinilo, llevaba en su carpeta una preciosa fotografía tributo a la feminidad en estado puro, respondía al alucinado título de "Electric ladyland" y contenía probablemente la música rock más avanzada que se había grabado hasta la fecha, capaz de distorsionar géneros tan pretéritos como el blues o el jazz y de fundirlos con el nuevo pop que trajeran los Beatles con los trucos de estudio empleados con su Sargento Pimienta. Algo nuevo y salvaje, creación en estado puro, de un músico que se hallaba pletórico y rodeado de una banda, The Experience, que le secundaba a la perfección, aunque este fuera el último trabajo de estudio que hicieran juntos. La grabación, fue toda una odisea: para registrar la que debía ser su obra definitiva Hendrix se empeñó en regresar a su tierra natal, EEUU (se había mudado a Inglaterra para buscar fortuna en 1965) y construir el estudio de grabación que le permitiera dar rienda suelta a su creatividad como él quería. Lo consiguió a medias: los estudios Electric Ladyland, nombrados igual que el disco, no lograron estar del todo terminados para rematar las sesiones, trabajo que tuvo que hacerse en otro estudio de Nueva York, Record Plant. Además, su productor y colaboradores dejaron de entender un comportamiento perfeccionista y obsesivo que el músico imponía constantemente, por lo que el de Seattle tuvo que asumir en solitario gran parte del trabajo. Todo ello dilató en el tiempo el resultado, pero mereció la pena: la música aquí grabada es una de esas raras combinaciones de vanguardia y tradición que dejan una impronta imborrable en la evolución del arte. Todo el mundo querría parecerse a él tras la apertura al mundo de estos sonidos y la forma de entender el pop cambiaría para siempre. Hablar aquí de las canciones en un modo individual, aunque el disco cuenta con singles perfectos como "Little miss strange", "Crosstown traffic"o la imponente "All along the watchtower", es banal, pues es el conjunto de todo lo grabado lo que realmente importa. Un fresco inmenso de la mente de un hombre. Una celebración de la música impresionante e impresionista cuyos detalles podrían ser objeto de varios libros y que abre la mente de cualquiera que  se aproxime a él. Las palabras obra maestra se inventaron para monstruosidades como ésta.

    04. "This is my country", The Impressions (Curtom):
    Uno de los (desgraciados) acontecimientos más importantes que tendrían lugar en el 68 fuie la muerte del reverendo Martin Luther King, un hombre que había hecho de la defensa de los derechos civiles del pueblo afroamericano una verdadera cruzada pacífica. Su asesinato tiñó definitivamente de sangre la lucha por motivo de la cada vez más acuciante segregación racial que sobre todo en el sur de Estados Unidos tenía lugar. Las revueltas por este motivo se encarnizaron en diversas ciudades del país y Chicago, ciudad del norte pero con una población de color muy importante, no fue una excepción a esta regla. De todo ello era testigo un hombre cuya inteligencia iba mucho más allá de la música que era su ocupación. Curtis Mayfield como compositor y cerebro al frente de su banda, The Impressions, había ya dado sobradas muestras de genialidad, que sabía combinar a la perfección con mensajes comprometidos, como si de un Dylan negro se tratara. Su "People get ready" había devenido en todo un himno para su raza y la independencia y creatividad que mostraba, le situaban a años luz no ya de otros creadores negros, si no también de los blancos. Estamos hablando de un hombre con una capacidad de cambio y adaptación totalmente innata, que sabía absorber todo lo que le rodeaba y aprender de ello para hacer algo totalmente nuevo. Además, su capacidad le demandaba independencia. Hasta el momento de este disco que reseñamos, su producción había aparecido en el seno de la discográfica ABC-Paramount, pero su yugo constriñente ya nunca más sería un obstáculo a la creatividad, pues en un alarde de espíritu pionero, fue uno de los primeros músicos en poner a flote su propio sello independiente, Curtom. Además de sacar sus discos con los Impressions, Mayfield  ccompondría, produciría y arreglaría los discos de numerosos artistas, con un grado de compromiso y de precisión totalmente fuera de órbita. De todo ello, sin duda la primera pieza maestra fue este disco, que venía de la mano de todos los desarreglos sociales que hemos mencionado. Desde la llamativa portada en que los tres miembros de la banda aparecen elegantemente trajeados en un entorno de viviendas degradadas del ghetto, el mensaje claro que nos llega es un "basta", un puñetazo en la mesa por parte de un pueblo que clama por ser escuchado. Y qué mejor para hacerse escuchar que los himnos de uno de los mejores compositores de todos los tiempos: la letra de la canción "This is my country" es tan reivindicativa como inclusiva y pacificadora. Un intento de apaciguar los ánimos sin dejar de afirmar posturas, al igual que "They don't know", junto a aquella, la otra joya de la corona que clama al cielo por lo que está pasando. El resto del disco sigue más por derroteros románticos, con maravillas como "Fool for you" o "Stay close to me" que sirvieron además para destapar el genio de un chaval llamado Donny Hattaway, que más tarde probaría ser uno de los elementos capitales para el devenir de la black music y al cual Curtis dio sus primeras oportunidades como compositor y arreglista. De esta forma, The Impressions, uno de los grupos más infravalorados de la historia de la música, tan importantes como los Beatles o cualquier otra banda blanca, pero víctimas de la ignorancia del gran padre blanco, firmaron una obra impresionante, vibrante y bella como pocas que merece reivindicarse por derecho propio como una de las más importantes de su año, por ser preludio indispensable de maravillas venideras y por dar la idea a otros, como Marvin Gaye o Stevie Wonder, del filón que había en la observancia de la realidad social como motor creativo. Sin Curtis y sus creaciones no entenderíamos un buen montón de cosas que hoy nos parecen de cajón. Por eso yo no creo en dios, yo sólo creo en Curtis Mayfield.

    03. "The Beatles", The Beatles (Apple):
    En 1967, The Beatles, la banda más poderosa del planeta tierra, habían sufrido la madre de todas las debacles. Brian Epstein, el que fuera su manager, faro espiritual y guía en los negocios, había pasado a mejor vida, dejándoles huérfanos y sin dirección. Su solución a tamaño conflicto fue hacer las maletas y largarse a la india a meditar. En Rishikesh, bajo los auspicios del Maharishi Mahes Yogi, nuestros chicos descubrieron el mundo de la meditación trascendental. El único que se creyó el rollo fue George, pero tanto él como los demás aprovecharon el viaje y compusieron un buen montón de canciones, en un ambiente bucólico y mayormente armados de una guitarra acústica, pues no contaban con otra cosa, circunstancia que determinaría mucho el sonido de la próxima música que grabaran. De vuelta a Londres, tocaba jugar a ser hombres de negocios, fundaron Apple Corps, parte sello discográfico, parte empresa mecenas para el mundo del arte y las ideas. No obstante, lo que mejor se les daba y lo que generaba el dinero, seguía siendo componer, grabar y sacar discos y es lo que decidieron hacer sin mayor dilación, sobre todo porque habían vuelto de la India con muchas más canciones de las que se podían meter en un disco de duración convencional. Convencieron, no sin coste, a su productor, George Martin, de que era necesario grabar un disco doble que contuviera el reflejo fiel del mundo creativo de la banda en ese preciso momento. Él intentó enrocarse en la postura de que no todas las canciones eran igual de buenas y que era mucho mejor hacer un disco sencillo, pero los chicos insistieron (y él perdió interés por ellos), así que se hizo lo que ellos decían. La grabación fue muy fragmentada, se utilizaron nada menos que tres estudios funcionando simultáneamente para que los tres Beatles compositores pudieran poner en orden sus ideas. Muchas de las canciones están afrontadas por cada uno en solitario y la paleta estilística es casi esquizofrénica. Además, no hubo ausencia de problemas, a las cada vez más tensas relaciones entre ellos se añadía la persistente presencia de una pequeña japonesa que se sentaba callada en un ampli durante las sesiones y no se movía de allí. La relación de Yoko y John comenzaba a hacer mella en los demás y el ambiente estaba cargadísimo. Por si fuera poco, Ringo abandonó la banda durante dos semanas. No sabía que pintaba él en todo aquel galimatías, pero al final, ante la insistencia de sus amigos y porque, qué puñeta, tampoco sabía muy bien qué hacer con su vida sólo, decidió volver al redil. De esta forma, lograron completar un trabajo que tras el éxito masivo e influencia de Sgt. Peppers era esperado como el gran acontecimiento musical del año. Ellos respondieron a esas expectativas con un disco doble de 30 canciones y una carpeta totalmente blanca, en la que sólo se distinguían el nombre de la banda y el número de serie del álbum. Su contenido era un compendio de toda la paleta estilística que podía ofrecer el rock hasta el momento, con bastante lugar para la experimentación. A canciones más convencionales como "Back in the USSR", "Julia"o "Savoy Truffle", se les unen barbaridades como "Helter Skelter" o collages como "Revolution 9" y por medio, despliegue de genialidad marca de la casa con "Happiness is a warm gun", "Rocky Raccoon", "Dear Prudence", "Blackbird" o la maravillosa "While my guitar gently weeps", que cuenta con la colaboración de Clapton. Muchos acusaron a los Beatles de autocomplacencia, pero Paul les dio muy buena respuesta: "Que les den, es el disco blanco de los Beatles". Y así es.

    02. "Astral weeks", Van Morrison (Warner Bros.):
    Hay artistas, e incluso discos, capaces de definir una vida. En mi caso, Van Morrison siempre ha representado a la vez una obsesión, un faro y un bálsamo. Desde que descubrí su música, allá por los 90, la voz más allá de cualquier órbita humana de este tipo bajito, regordete y gruñón me ha seducido como pocas cosas lo han hecho a lo largo de mi existencia y, si bien mi predilección recae algo más en el siguiente trabajo de su discografía ("Moondance"), hay que reconocer que con su segundo disco, el león de Belfast rompió absolutamente todos los moldes habidos y por haber. Llamar a esta obra "pop", "folk" o "jazz" es algo absolutamente banal, pues trasciende con creces cualquier género conocido. Es el trabajo de alguien en estado de gracia, rodeado de la gente adecuada en el momento propicio. En palabras de Bruce Springsteen: "Astral Weeks me hizo confiar en la belleza. Me ofreció una definición de lo divino". Y tiene toda la razón, pocas obras en la historia del registro gramofónico han sabido trascender como esta todo lo terrenal para elevarse a otro plano completamente diferente, el de la experiencia vital. Una experiencia que comenzó con un chaval de Belfast en la Irlanda de los años cincuenta. Un chico taciturno, tímido y sumido en sus temores y obsesiones. Lee compulsivamente igual que escucha la enorme cantidad de música que su padre, un gran coleccionista de discos, pone a su disposición. De ahí nacen estas canciones, de los recuerdos de su niñez y de las ensoñaciones que ellos le provocan. Todo aquello pasó en tierras irlandesas, pero lo cierto es que, quizá llevado por la morriña, la inmensa mayoría de las canciones nació en Estados Unidos, tierra a la que el artista emigró tras la desbandada de su banda, Them, bajo los auspicios del productor Bert Berns. Con su mentor acabó más que mal, lo cual le dejó un regusto terriblemente amargo. Tal vez por ello necesitó hacer algo catárquico, que rompiera totalmente con su yo anterior e incluso con la imagen que cualquiera tendría de lo que debía ser la música. Se encerró durante dos días en un estudio de Nueva York junto a un grupo de músicos de sesión desconocidos, curtidos en el mundo del jazz, a los que enseño el esqueleto de unas canciones que requerían de su fluidez y groove para crecer. Así lo hicieron, la música fluye de cada uno de los surcos de este disco como si fuera humo, un humo purificador. La obra entera está pensada como un concepto total, que versa sobre la pérdida de la inocencia y las experiencias iniciáticas de la infancia, dividida su secuencia en dos partes, las dos caras del disco a las que el músico puso los títulos de "In the begining" (en el principio) y "Afterwards" (después), lo cual nos otorga una especie de orden de pensamientos, si bien no existe ni argumento definido ni un cuerpo concreto al que acudir, más allá de la visión onírica y mística, algo que a posteriori será una constante en el artista. Así, con la canción titular se inicia una sinfonía que navega entre la guitarra acústica, la voz sobrehumana de Van y la instrumentación de unos músicos que estuvieron especialmente inspirados. Una confluencia especial de elementos, uno de esos raros casos en que se juntan en espacio y tiempo las piezas adecuadas para dar con una obra de arte maestra, sin ningún momento de flaqueza. Una maravilla tanto en sus partes, a cada cual más monumental ("Sweet thing", ""Beside you", "The way young lovers do", "Madame George"), como en su conjunto, que es donde todo encuentra coherencia. Esa visión mística, esa experiencia humana sublime que nos quería contar Van aquí, este regalo inapreciable que es un mundo aparte, una oportunidad de evadirse hacia otro mundo, "en otro tiempo, en otro lugar". Un disco descomunal, absolutamente fuera de órbita y sólo comparable a unos pocos en la historia de la música ("A love supreme", "What's going on", "Pet sounds"...) por ser una de esas obras tocadas por la mano de la divinidad, uno de esos momentos especiales de inspiración que el arte ha dado, tan irrepetibles que ni su propio autor ha sido capaz de emularlo. Sobrenatural, un éxtasis místico hecho en vinilo.

    01. "The Kinks are the Village Green Preservation Society", The Kinks (PYE):
    Supongo que en la mente de todos los que lean esto, el número uno de la lista debería ser otro, pero en la mía ninguno podía ocupar el puesto de honor más que éste. Al fin y al cabo he avisado una y otra vez que esto es un compendio personal y mi banda favorita son The Kinks. Si a ello le sumamos que este quizá sea el disco más inspirado que fue capaz de fabricar el que quizá sea el mejor compositor de la historia del pop (toma frase jactanciosa), entenderéis mi postura. Este disco padeció una génesis compleja: en un principio Ray Davies tuvo la intención de hacer un disco en solitario. Su cansancio de las giras y el hecho de que la banda que sólo dos años antes cosechaba éxito tras éxito en las listas inglesas  comenzaba a ser algo demodé y totalmente fuera de la onda imperante en aquel momento dentro del pop, estuvieron a punto de convencerle de tirar por la vía independiente y hacer las cosas a su manera. Afortunadamente, decidió no hacerlo y seguir con su banda, que tendría una larga y productiva vida, pero jamás pudo superar del todo este punto álgido de creatividad que significa el disco, que  en un principio se iba a llamar "Four more respected gentlemen" e iba a tener un listado y número de canciones diferente al que fue el definitivo. En un principio iban a ser doce canciones, pero Ray se empeñó en que el disco fuera doble, dado el elevado número de temas que habían grabado en las sesiones. La discográfica PYE, un sello básicamente de singles, rechazó completamente esa idea y obligó a que el disco fuera sencillo, pero permitió a Davies incluir la rara cifra de 15 canciones, que son las que al final integran este lp. Un trabajo conceptual, pero centrado más en una idea que en una historia: la idea de la nostalgia, de la preservación. Alguien comentó, con anterioridad a la grabación del álbum, que los Kinks eran una banda preservativa de determinadas cosas típicas de su país y era cierto: pocos habían sabido antes que ellos enlatar en canciones de tres minutos toda la tradición inglesa. Tazas de té, soldados de plomo y campiña verde habían desfilado constantemente por sus singles y canciones y ya era hora de que todo eso formara parte del concepto de una gran obra. Davies, como era habitual, se reservó para sí todo el ideario y dirección del asunto, pero en esta ocasión permitió a sus compañeros participar de una manera más activa en arreglos y producción, lo cual beneficia al conjunto, que lo menos que podemos decir es que está completamente al margen de todo lo que se hacía en la época. El espíritu punk y outsider de los Kinks se manifiesta en 15 canciones que, al contrario que el resto de un mundo que navegaba por un mar de blues rock, sonidos de raíz y guitarras potentes, apostaba por el manierismo melódico y la parquedad instrumental. Ray quería que esto sonara como una demo que pudiera pincharse en una fiesta y más o menos es ése el ambiente que se respira desde el preciso instante en que uno deposita la aguja sobre el vinilo. Las livianas notas de piano que sobrevuelan la música que genera el cuarteto suenan elegantes pero parcas, poco producidas. Así, el cantante comienza a citar la lista de cosas que quiere preservar: el pato Donald, el vodeville, la mermelada de frambuesa, la cerveza de barril, Sherlock Holmes y las tazas de porcelana china, enmarcadas en una infinita campiña de las afueras. Todo fluye a partir de ahí a través de la ensoñación de tiempos pasados y las mejores melodías que un genio incomparable como el líder de los Kinks podía fabricar: la elegante épica de "Do you remember Walter", el romanticismo de salón de "Monica", la melodía saltarina de "Animal farm", la solemnidad marcial de "Village Green", la fina ironía de "Picture book", la alucinógena sinfonía de "Phenomenal cat", la placidez paisajística de "Sitting by the riverside" o el apoteosis de creatividad que despliega "Big sky", todas son piezas de un complejo puzle, un fresco que representa las aspiraciones de toda una sociedad en peligro de extinción, como también lo estaban en su época la banda que las había grabado, en lo que Ray definiría como el "batacazo más exitoso de todos los tiempos". Un disco que tuvo la desgracia de aparecer precisamente el mismo día en que los Beatles, los primeros de la clase, sacaban su esperado doble blanco. Nadie hizo caso a este empeño de los Kinks de preservar cosas bonitas y navegar a la contra, pero el tiempo sin duda les ha dado la razón. Sin esto no hubiera habido The Jam, ni Blur, ni Oasis, ni tantas otras cosas. Aquí firmaron una concepción del pop eminentemente británico que sería definitiva y propia, sin deuda alguna, por vez primera, para con la música proveniente del otro lado del atlántico. Por fin lo inglés tenía su propia marca de fábrica, lástima que los propios ingleses no se dieran cuenta el la época, porque pocas veces su música ha alcanzado las cotas de perfección, genialidad y sublimación que aquí se exhiben.



    Espero que toda esta diatriba que hemos ido urdiendo juntos, vosotros lectores y yo, durante estos cinco capítulos que ha abarcado la lista haya servido sobre todo para divertirnos, empezando por mí, que lo he pasado fenomenal, pero también para descubrir ciertos extremos "perdidos" en la historia del pop, que en mi opinión son los que ponen sal al huevo. Esto de escuchar cuanta más música mejor y ser enciclopédicos está muy bien, pero debe servir sobre todo para alimentar nuestra curiosidad. Eso es precisamente lo que he intentado con esto. Si al menos he conseguido que cada uno de vosotros abra el spotify para buscar un par de los discos de que he estado hablando, me doy por completamente satisfecho. Y gracias, a todos, por vuestra atención.

    Como propina de última hora, me permito dejar aquí un listado de discos que considero también muy interesantes y que por cuestiones de tiempo y espacio no han podido entrar en la lista:

    "Tomorrow", Tomorrow
    "Take a picture", Margo Guryan
    "My first time around", Betty Wright
    "Tell mama", Etta James
    "A long time comin'", The Electric Flag
    "David Ackles", David Ackles
    "Waiting for the sun", The Doors
    "White light, white heat", The Velvet Underground
    "Truth", Jeff Beck
    "Gris Gris", Dr. John
    "The fantastic expedition of Dillard and Clark", Dillard & Clark
    "A sarceful of secrets", Pink Floyd
    "Cheap trhills", Big Brother and the Holding Company
    "Odgen's nut gone fake", The Small Faces
    "Creedence Clearwater Revival", Creedence Clearwater Revival
    "Vincebus Eruptum", Blue Cheer
    "Steppenwolf", Steppenwolf
    "Caetano Veloso", Caetano Veloso
    "Comment te dire adieu", Françoise Hardy
    "A man and the blues·, Buddy Guy
    "Fleetwood Mac", Fleetwood Mac
    "Songs of innocence", David Axelrod
    "CQ", The Outsiders
    "Bradley's barn", Beau Brummels
    "The hurdy gurdy man", Donovan
    "Sounds of goodbye", The Gosdin Brothers
    "Life", Sly & The Family Stone
    "You're all I need", Marvin Gaye & Tammy Terrell
    "Who's making love", Johnny Taylor
    "Suddenly one summer" Jk & Co
    "Love and other crimes", Lee Hazlewood
    "The Smoke", The Smoke
    "This is Clarence Carter", Clarence Carter
    "Volume 2", Michel Polnareff
    "There is", The Dells
    "Dusty...definitely", Dusty Springfield
    "The birds, the bees and the monkees", The Monkees
    "Here is Barbara Lynn", Barbara Lynn
    "Idea", Bee Gees
    "Outrageous", Kim Fowley
    "Tighten up", Archie Bell and the Drells
    "Birthday", The Association
    "Viva soul", The Harvey Averne Dozen
    "I stand alone", Al Kooper




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