Mikel Erentxun - Córdoba. Sala Hangar, 23.3.18


'El hombre sin sombra', último disco hasta el momento de Mikel Erentxun, todo un clásico de nuestra escena, lo está llevando a diversos escenarios en el formato más básico y dicen que complicado al que se puede enfrentar un artista de su larguísimo y fructífero recorrido. Solo con su guitarra y alternando nuevas muestras de calidad y clásicos propios con algunos de su banda madre Duncan Dhu, logró que algunos olvidáramos que se había olvidado enchufar la electricidad.

No sabíamos –probablemente error nuestro- que el actual tramo de gira de Mikel Erentxun, otrora estrella del pop español como parte activa del dúo Duncan Dhu y aún músico concienciado en la brecha, lo enfrenta solo (al desnudo se suele decir en estos contextos) al público con el escueto compás de una guitarra acústica y el atrezzo de un sombrero que solo al final deja de lucir sobre su noble testa. Cierto es que sus últimas entregas, especialmente las auspiciadas por la maestría en el estudio del mago Paco Loco en su refugio del Puerto de Santa María, plantean una aproximación mucho más íntima a las letras y músicas del vasco, ya de por sí tendentes a la poesía sentimental y las melodías de amplio espectro. El pop, básicamente, aúpa a sus grandes nombres a fuerza de consistencia y trabajos bien orientados como los suyos. Tras un tramo de carrera en el que se obvió la a veces enorme calidad de sus entregas, el ahora autodenominado ‘El hombre sin sombra’ decidió apelar al oficio y acometer la tarea desde otra óptica y con unos planteamientos más austeros y seguramente igual de atractivos. En lo suyo hay mucha tela que cortar, e incluso en las distancias cortas, cuando ha de defender el repertorio elegido con púas y dientes apretados, la cosa funciona. Combinando sabiamente la optimización de recursos con la cercanía cómplice, el concierto a una voz y una guitarra que Erentxun preparó para su parada en una Córdoba inesperadamente húmeda a estas alturas del año y una sala Hangar a medio pulmón derivó en algún que otro altibajo perfectamente salvable y un clima de implicación con algún que otro tema imprescindible de la historia de nuestra música popular.

Desde las ‘Cicatrices’ a las que les falta el matiz aterciopelado de la voz de Maika Makovski, una partenaire perfecta en el estudio, hasta los dardos emocionales disparados con el ‘Veneno’ justo, pasando por unas bien escritas ‘Cartas de amor’, un ‘Héroe’ que se desnuda un poco más a cada acorde, otro ‘Mañana’ que no es sino la mañana del próximo día y un punto suspensivo que suena a ‘El principio del final’ sin que eso signifique que el ritmo decaiga en ningún momento. Mikel le da un tono anárquico a cada verso y a los necesarios puentes que la instrumentación añora les tiende alfombras que acotan el paisaje sentimental extendido desde ‘Un punto más’ o ‘El mejor de mis días’ hasta ‘Libélulas’ o ‘Quién se acuerda de ti’. Sabe, en el fondo, que no es un don nada desdeñable estar dotado para encontrar el dardo que alcance la vena adecuada y hacernos recordar que una vez nos emocionamos con ‘Esos ojos negros’ que ‘A tu lado’ hicieron que más de uno suspirase mientras susurraba aquello de ‘No puedo evitar pensar en ti’. Irresistibles suenen como suenen.

Hitos menores en una discografía atractiva como pocas (‘Locuras’), algunos arrebatos recientes entre el rockabilly y el blues (‘Corazones’), piedras de toque ineludibles para conocer quién fue y quién es este señor (‘A un minuto de ti’) y para cerrar de manera previsible y celebrada, un himno oculto de principios de los setenta reconvertido en éxito masivo (‘Jardín de rosas’), la razón de ser de todo artista que celebra su esencia ante sus seguidores (‘Cien gaviotas’) y el bis improvisado, o no tanto, que deja el sabor de boca que todos queremos (‘En algún lugar’), todos en revisiones someras, más superficiales que emocionantes pero válidas porque su valía es mucha tantos años después de su composición. Nada que objetar.

Solo él, unos pedales, seis cuerdas y unas botas de cowboy moderno que le dan el aspecto requerido en alguien de su edad y valor. Eso es precisamente lo que hay que tener para reducir unas canciones elegidas casi al azar a una expresión mínima que pueda equipararse, aunque en otro sentido, a las originales. Y para resumir una carrera amplísima que aún tiene que expandir sus horizontes en múltiples direcciones encaminadas a asentar una pequeña gran leyenda, la de un músico con el corazón cada vez más ancho y dispuesto a acercarse a su pasado y futuro con generosidad y buenos condimentos. Por la sala Hangar pasó, otra vez, un grande, y esa cualidad le será intrínseca venga en la compañía que venga, si es que necesita alguna, mientras siga haciendo tantas y tan buenas canciones. Eso es lo que realmente cuenta, no lo olvidemos.






















Texto: JJ Stone
Fotografías: Raisa McCartney

Más info:
http://www.mikelerentxun.ws/
http://salahangar.es/

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