[Crónica] Polvo de Stanich en Sala Aliatar (Granada) 05/02/2022


Una vez recorrido el “Camino Ácido” y recorrida de punta a punta “Antigua y Barbuda”, llenar el mundo de “Polvo de Batiatto” era una más de la múltiples opciones que podía ofrecernos un Ángel Stanich que ha pasado de ser un joven ermitaño, un “enigma” sin resolver, a transformarse en una suerte de mesías del rock más alternativo donde lo ácido y lo lisérgico conviven a partes iguales y aglutina cientos de fieles que le siguen en las salas para corear sus extrañas canciones cargadas de letras perversamente surrealistas, ingeniosas y mordaces a partes iguales.

Disfrutábamos así, el sábado, en Sala Aliatar, un trabajo lleno de cultura popular y anécdotas imposibles diseminadas en este nuevo trabajo del santanderino-vallisoletano que irrumpió, hace unos años, en un panorama donde los artistas peculiares aún no eran entendidos por completo. Y, peculiar, Ángel Stanich es un rato. Sus canciones, llenas de historias y referencias culturales, son a veces himnos incendiarios que levantan una sala y la hacen vibrar (literalmente a juzgar por el movimiento del suelo de la sala en algunos momentos). 


La sala, que registró un lleno absoluto,  recibía su excelsa presencia con una locución que iba situándonos en la experiencia que íbamos a vivir. Con toda la banda envuelta en humo y luces de discoteca, rodeado de su banda (entre los que brillaron la guitarra de Víctor L. Pescador y Alex Izquiedo al bajo) sin desmerecer, por supuesto, al gran Lete G. Moreno. 

Múltiples referencias a su gran cultura musical y cinematográfica volvieron a llenar la escena de alusiones críticas e incluso ácidas a un mundo metafórico en el que adentrarse para entender por completo el verdadero significado de todo lo que nos cuenta Stanich en sus temas.  


Desde su “Trinchera Infinita” a una crítica “real”, pasando por temas que son imprescindibles en su repertorio, como “Carbura” o las que dejó para los bises “Escupe fuego” y “Metralleta Joe” o la que puso punto final al show “Mátame camión”. Entre medias, una larga retahíla de granadinismos demostraba que antes de subirse al escenario Aliatar se había empapado bien de la cultura y personalidades locales, teniendo al menos una frase para cada uno de ellos. 

No tengo claro si, como monologuista tendría el mismo éxito que como cantante, aunque, personalidades más sobrias, como la de Eugenio, que fue un gran humorista, demuestran que, a también, ese humor que ralla en algunos momentos la “malafollá granaína” tiene sus adeptos. Y, entre canciones y momentos de humor, alguna referencia a la “Mamá” de Rigoberta Bandini, en forma, esta vez de “papá”. Frases sueltas y aparentemente inconexas que, sin embargo, en boca de Stanich cobran muchos significados. 


Está claro que, con gente tan singular, cada concierto se convierte en una experiencia única en la que se vive y se percibe esa atracción fatal que ejerce el santanderino con el público y gracias a la cual el boca a boca ha funcionado en los últimos años para que donde antes, un Stanich ermitaño se subía a los escenarios, ahora lo hace un fenómeno mediático de la talla de este artista, a la vista está, por el lleno de la sala, la reacción de sus “fieles” y la capacidad de la banda para entrar en comunión con su público. 

Y es que, el camino del rock, ácido o lisérgico, tenía que pasar por casa de Ángel Stanich. 

Crónica: María Villa

Fotos: Rocío Rodríguez /JM Reyes 

Publicar un comentario

¡Comparte tu opinión!

Esperamos tu comentario