[Crónica] Segundo Encuentro de Músicas Populares Contemporáneas (8 al 11 de octubre 2026) Granada.

 


El Centro Federico García Lorca acogió del 8 al 11 de octubre la segunda edición del Encuentro de Músicas Populares Contemporáneas, cuatro jornadas en las que Ágape (presentada por Patricia Caballero y Raúl Cantizano), Casapalma, Alosa y Karmento trazaron distintas rutas entre la tradición, la experimentación y las nuevas formas de entender la música de raíz.

La música popular no es un territorio inmóvil ni un repertorio condenado a repetirse. Es una materia viva, capaz de cambiar de piel sin perder su memoria y de encontrar nuevas formas de expresión en cada generación. Sobre esa idea se construyó el Segundo Encuentro de Músicas Populares Contemporáneas, celebrado en el Centro Federico García Lorca de Granada del 8 al 11 de octubre. Cuatro propuestas muy diferentes compartieron un mismo espacio de diálogo: la investigación escénica de Patricia Caballero y Raúl Cantizano con Ágape, la relectura electrónica de las jotas de Casapalma, el imaginario vocal y tradicional de Alosa y la personalidad inclasificable de Karmento.

Más que una sucesión de conciertos, la cita planteó una aproximación abierta a las músicas de raíz, entendidas no como piezas de museo, sino como un lenguaje que admite cruces, desplazamientos y nuevas lecturas. Del flamenco a las danzas tradicionales, de la exploración performativa al folclore manchego, el encuentro puso sobre la mesa una pregunta compartida: qué significa hoy trabajar con una herencia musical y cómo convertirla en una experiencia artística plenamente contemporánea.




Ágape: el encuentro como experiencia escénica

La programación arrancó el jueves 8 de octubre con Ágape, una propuesta firmada por Patricia Caballero y Raúl Cantizano que se sitúa en ese espacio fronterizo donde la música, el cuerpo y la acción escénica dejan de funcionar como disciplinas aisladas. El propio título remite a la idea de reunión y celebración compartida, un punto de partida sugerente para una obra que invita a pensar la escena como un lugar de intercambio y escucha.

La presencia de Caballero, vinculada a la creación coreográfica y la investigación del movimiento, junto a Cantizano, guitarrista y explorador de las posibilidades expresivas del flamenco, propone un diálogo que desborda los formatos convencionales. En lugar de entender la tradición como un conjunto de códigos cerrados, el trabajo conjunto permite abordarla desde la fricción, el gesto y la experimentación sonora. Ágape abrió así el encuentro desde una perspectiva expandida, recordando que las músicas populares también pueden encontrar su espacio en propuestas escénicas que cuestionan los límites del concierto.


Casapalma: las jotas salen de su marco


El viernes 9 fue el turno de Casapalma, uno de los proyectos que mejor ejemplifican la capacidad de las músicas tradicionales para dialogar con los lenguajes actuales sin renunciar a su identidad. El dúo, formado por Irene Atienza y Yoel Molina, ha encontrado en las jotas montañesas de Cantabria el punto de partida para una propuesta que conecta el cancionero popular con la electrónica, los ritmos contemporáneos y una sensibilidad abierta a la experimentación.

Su trabajo no consiste en reproducir las formas heredadas con una nueva envoltura, sino en alterar la perspectiva desde la que se escuchan. Las melodías tradicionales se desplazan hacia otros territorios, las voces adquieren nuevas texturas y los patrones rítmicos se transforman en un espacio de encuentro entre lo ancestral y lo actual. El resultado cuestiona la idea de que el folclore deba permanecer intacto para conservar su valor y demuestra que una canción transmitida durante generaciones puede seguir diciendo cosas nuevas cuando cambia el contexto que la rodea.

En el marco del encuentro, Casapalma representó una de las vías más estimulantes de esa renovación, la que no necesita elegir entre memoria y presente. Su propuesta reivindica el patrimonio musical como material creativo, capaz de dialogar con públicos diversos y de incorporarse a la conversación sonora contemporánea sin perder el vínculo con su origen.



Alosa: la tradición desde la intimidad de las voces

El sábado 10 llegó la propuesta de Alosa, un proyecto que encuentra en la voz y en las músicas de raíz un territorio de exploración propio. El dúo, integrado por Giulietta Vidal y Irene Romo, trabaja desde la cercanía de las armonías vocales y la recuperación de repertorios tradicionales, con una mirada que combina sensibilidad interpretativa y voluntad de renovación.

Frente a las posibilidades de transformación electrónica de Casapalma, Alosa representa otra manera de actualizar la herencia popular: escuchar de nuevo las canciones, atender a su dimensión emocional y devolverlas al presente mediante el trabajo vocal y los arreglos. La tradición aparece aquí como un espacio de transmisión y descubrimiento, en el que las melodías conservan su capacidad de conmover precisamente porque se interpretan desde una sensibilidad contemporánea.

Su participación amplió el abanico estético del encuentro y recordó que la innovación no siempre exige romper con las formas originales. A veces basta con cambiar la manera de acercarse a ellas, poner en primer plano la voz y recuperar la fuerza de un repertorio compartido para revelar matices que el paso del tiempo no ha conseguido borrar.




Karmento: el folclore como identidad en movimiento

El domingo 11, Karmento puso el cierre a cuatro días de exploración musical. La artista manchega, nombre artístico de Carmen Toledo, se ha consolidado como una de las figuras destacadas de la nueva canción de raíz española gracias a una propuesta que combina folclore, canción de autor y una escritura profundamente vinculada a la identidad, la memoria y el territorio.

Su universo musical parte de las raíces de La Mancha, pero no se limita a reproducirlas. Karmento convierte las historias familiares, los paisajes, los vínculos afectivos y las experiencias personales en canciones que conectan lo íntimo con lo colectivo. En su repertorio, las referencias tradicionales conviven con una sensibilidad pop y una forma de narrar que acerca el imaginario rural a las inquietudes del presente, sin idealizarlo ni convertirlo en una estampa inmóvil.

La elección de Karmento para clausurar el encuentro resultó coherente con el espíritu de la programación, entender la música popular como una forma de contar quiénes somos y de dónde venimos, pero también como una herramienta para imaginar lo que podemos llegar a ser. Su propuesta enlaza la memoria con la creación actual y demuestra que la identidad no es una esencia inmutable, sino una historia que continúa escribiéndose.

Una tradición que no se queda quieta

La segunda edición del Encuentro de Músicas Populares Contemporáneas dejó un recorrido por distintas maneras de abordar la herencia musical. Ágape exploró los límites entre sonido, cuerpo y escena, Casapalma llevó las jotas hacia la electrónica, Alosa reivindicó la expresividad de las voces y el valor de la transmisión oral y Karmento convirtió el folclore manchego en una narración personal y contemporánea.

Cuatro proyectos, cuatro lenguajes y una misma intuición, la tradición solo permanece viva cuando encuentra nuevas formas de ser escuchada. En el Centro Federico García Lorca, la música popular se presentó lejos de la nostalgia y de las clasificaciones rígidas, abierta al riesgo, a la mezcla y a la búsqueda de una voz propia. Una invitación a escuchar las raíces no como un lugar al que regresar, sino como un punto de partida desde el que seguir avanzando.

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