El Centro Federico García Lorca acogió del 8 al 11 de octubre la
segunda edición del Encuentro de Músicas Populares Contemporáneas,
cuatro jornadas en las que Ágape (presentada por Patricia Caballero y Raúl Cantizano), Casapalma, Alosa y Karmento
trazaron distintas rutas entre la tradición, la experimentación y
las nuevas formas de entender la música de raíz.
La
música popular no es un territorio inmóvil ni un repertorio
condenado a repetirse. Es una materia viva, capaz de cambiar de piel
sin perder su memoria y de encontrar nuevas formas de expresión en
cada generación. Sobre esa idea se construyó el Segundo Encuentro
de Músicas Populares Contemporáneas, celebrado en el Centro
Federico García Lorca de Granada del 8 al 11 de octubre. Cuatro
propuestas muy diferentes compartieron un mismo espacio de diálogo:
la investigación escénica de Patricia Caballero y Raúl Cantizano
con Ágape, la relectura electrónica de las jotas de Casapalma, el
imaginario vocal y tradicional de Alosa y la personalidad
inclasificable de Karmento.
Más que una sucesión de
conciertos, la cita planteó una aproximación abierta a las músicas
de raíz, entendidas no como piezas de museo, sino como un lenguaje
que admite cruces, desplazamientos y nuevas lecturas. Del flamenco a
las danzas tradicionales, de la exploración performativa al folclore
manchego, el encuentro puso sobre la mesa una pregunta compartida:
qué significa hoy trabajar con una herencia musical y cómo
convertirla en una experiencia artística plenamente
contemporánea.
Ágape: el encuentro como experiencia
escénica
La programación arrancó el jueves 8 de octubre
con Ágape, una propuesta firmada por Patricia Caballero y Raúl
Cantizano que se sitúa en ese espacio fronterizo donde la música,
el cuerpo y la acción escénica dejan de funcionar como disciplinas
aisladas. El propio título remite a la idea de reunión y
celebración compartida, un punto de partida sugerente para una obra
que invita a pensar la escena como un lugar de intercambio y
escucha.
La presencia de Caballero, vinculada a la
creación coreográfica y la investigación del movimiento, junto a
Cantizano, guitarrista y explorador de las posibilidades expresivas
del flamenco, propone un diálogo que desborda los formatos
convencionales. En lugar de entender la tradición como un conjunto
de códigos cerrados, el trabajo conjunto permite abordarla desde la
fricción, el gesto y la experimentación sonora. Ágape abrió así
el encuentro desde una perspectiva expandida, recordando que las
músicas populares también pueden encontrar su espacio en propuestas
escénicas que cuestionan los límites del concierto.
Casapalma: las jotas salen de su marco
El viernes 9 fue el turno de
Casapalma, uno de los proyectos que mejor ejemplifican la capacidad
de las músicas tradicionales para dialogar con los lenguajes
actuales sin renunciar a su identidad. El dúo, formado por Irene
Atienza y Yoel Molina, ha encontrado en las jotas montañesas de
Cantabria el punto de partida para una propuesta que conecta el
cancionero popular con la electrónica, los ritmos contemporáneos y
una sensibilidad abierta a la experimentación.
Su trabajo
no consiste en reproducir las formas heredadas con una nueva
envoltura, sino en alterar la perspectiva desde la que se escuchan.
Las melodías tradicionales se desplazan hacia otros territorios, las
voces adquieren nuevas texturas y los patrones rítmicos se
transforman en un espacio de encuentro entre lo ancestral y lo
actual. El resultado cuestiona la idea de que el folclore deba
permanecer intacto para conservar su valor y demuestra que una
canción transmitida durante generaciones puede seguir diciendo cosas
nuevas cuando cambia el contexto que la rodea.
En el marco
del encuentro, Casapalma representó una de las vías más
estimulantes de esa renovación, la que no necesita elegir entre
memoria y presente. Su propuesta reivindica el patrimonio musical
como material creativo, capaz de dialogar con públicos diversos y de
incorporarse a la conversación sonora contemporánea sin perder el
vínculo con su origen.
Alosa: la tradición desde la
intimidad de las voces
El sábado 10 llegó la propuesta
de Alosa, un proyecto que encuentra en la voz y en las músicas de
raíz un territorio de exploración propio. El dúo, integrado por
Giulietta Vidal y Irene Romo, trabaja desde la cercanía de las
armonías vocales y la recuperación de repertorios tradicionales,
con una mirada que combina sensibilidad interpretativa y voluntad de
renovación.
Frente a las posibilidades de transformación
electrónica de Casapalma, Alosa representa otra manera de actualizar
la herencia popular: escuchar de nuevo las canciones, atender a su
dimensión emocional y devolverlas al presente mediante el trabajo
vocal y los arreglos. La tradición aparece aquí como un espacio de
transmisión y descubrimiento, en el que las melodías conservan su
capacidad de conmover precisamente porque se interpretan desde una
sensibilidad contemporánea.
Su participación amplió el
abanico estético del encuentro y recordó que la innovación no
siempre exige romper con las formas originales. A veces basta con
cambiar la manera de acercarse a ellas, poner en primer plano la voz
y recuperar la fuerza de un repertorio compartido para revelar
matices que el paso del tiempo no ha conseguido borrar.
Karmento:
el folclore como identidad en movimiento
El domingo 11,
Karmento puso el cierre a cuatro días de exploración musical. La
artista manchega, nombre artístico de Carmen Toledo, se ha
consolidado como una de las figuras destacadas de la nueva canción
de raíz española gracias a una propuesta que combina folclore,
canción de autor y una escritura profundamente vinculada a la
identidad, la memoria y el territorio.
Su universo musical
parte de las raíces de La Mancha, pero no se limita a reproducirlas.
Karmento convierte las historias familiares, los paisajes, los
vínculos afectivos y las experiencias personales en canciones que
conectan lo íntimo con lo colectivo. En su repertorio, las
referencias tradicionales conviven con una sensibilidad pop y una
forma de narrar que acerca el imaginario rural a las inquietudes del
presente, sin idealizarlo ni convertirlo en una estampa inmóvil.
La
elección de Karmento para clausurar el encuentro resultó coherente
con el espíritu de la programación, entender la música popular
como una forma de contar quiénes somos y de dónde venimos, pero
también como una herramienta para imaginar lo que podemos llegar a
ser. Su propuesta enlaza la memoria con la creación actual y
demuestra que la identidad no es una esencia inmutable, sino una
historia que continúa escribiéndose.
Una tradición que
no se queda quieta
La segunda edición del Encuentro de
Músicas Populares Contemporáneas dejó un recorrido por distintas
maneras de abordar la herencia musical. Ágape exploró los límites
entre sonido, cuerpo y escena, Casapalma llevó las jotas hacia la
electrónica, Alosa reivindicó la expresividad de las voces y el
valor de la transmisión oral y Karmento convirtió el folclore
manchego en una narración personal y contemporánea.
Cuatro
proyectos, cuatro lenguajes y una misma intuición, la tradición
solo permanece viva cuando encuentra nuevas formas de ser escuchada.
En el Centro Federico García Lorca, la música popular se presentó
lejos de la nostalgia y de las clasificaciones rígidas, abierta al
riesgo, a la mezcla y a la búsqueda de una voz propia. Una
invitación a escuchar las raíces no como un lugar al que regresar,
sino como un punto de partida desde el que seguir avanzando.





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