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    miércoles, noviembre 21, 2012

    Antònia Font – Teatro Olympia (Festival Urbano). Valencia, 20 – 11 – 2012


    Antònia Font – Teatro Olympia (Festival Urbano). Valencia, 20 – 11 – 2012

    Si ésto fuera un guion de una obra teatral, iría más o menos así: el telón está subido y las luces encendidas mientras va entrando el público. Estamos en una tienda de bicicletas. A lo largo de la pared, desde el techo hasta el suelo, bajan numerosas bicicletas de diversos colores, puestas una sobre otra en distintas posiciones con una estructura de colmena de abeja. En el centro del escenario hay una última bicicleta, solitaria, apuntando hacia el público. A la izquierda, un piano y unos teclados. A la derecha, una batería. Detrás, tres pequeños montículos que forman una escalada en forma de podio o de escenario de grupo pop de los 60, aunque sin el color de aquéllos. En cada montículo, un micrófono y varias guitarras. Las luces de algunas de las bicicletas se encienden y apagan casi imperceptiblemente, hasta que entra el grupo. Se apagan las luces y se encienden los focos con filtro azul...

    Antes de entrar en el Teatro Olympia, creía que un teatro no era el lugar adecuado para presentar un concierto de las características del de Antònia Font (enmarcado, por cierto, dentro del Festival Urbano que se ha celebrado durante todo el mes de noviembre, en distintas ubicaciones, a lo largo de toda Valencia, y del que aún quedan tres citas en los próximos días: ver abajo para más información). Estaba casi totalmente equivocado, lo reconozco (el casi se refiere a que la acústica, por mucho que se intente, seguía sin ser la adecuada, y lo que más sufrió con ello fue la voz del cantante, que, cuando hablaba, no se entendía prácticamente nada). Sobre las tablas, con los numerosos componentes de Antònia Font como actores, la música adquiría una particular fuerza dramática, operística, sinfónica, tragicomedia bufa, musical pop-rock de Broadway, repleta de personajes que hacían sonreir y sentir piedad: por el escenario, mediante unas letras de claras y numerosas referencias cinematográficas, aparecía Clint Eastwood, Santa Claus, conquistadores del siglo XV, niñas pequeñas que van a taekwondo,... Un reparto inigualable, porque, como repito siempre, el folk en general, y el de Antònia Font en particular, es capaz de narrar las historias más jodidas, pero que, en el caso de los mallorquines, están siempre interpretadas por música de esa que se dice de alegría de vivir. Habitualmente, lo de Antònia Font es, claro, la sobreactuación, ignorando el método, grandificando lo pequeño, diminutas partículas que nos atraviesan con medidos pero certeros cañonazos, sin nada que envidiar a los de Navarone.

    Pero, sorprendentemente, Antònia Font prácticamente no sobreactuó durante su concierto ayer en el Teatro Olympia, mostrándose, por contra, muy comedidos. A veces, si no lo vives entre el patio de butacas, eres incapaz de imaginar cómo un grupo puede conectar, comunicarse, de tal manera con la gente. Entre el público, ayer, había menores de diez años (uno de ellos me comentó antes de entrar que ojalá tocaran Calgary 88, exactamente lo mismo que ansiaba que yo... y ambos nos quedamos con las ganas, porque los patinadores ni siquiera tocaron hielo esta vez) y mayores de setenta. Sí, no nos vamos a engañar: Antònia Font son como genios de la lámpara que satisfacen los deseos más bienpensantes de la acomodada clase media-alta, progresista en la forma y cuando alza la voz, pero más bien conservadora en el fondo, y que acude (en masa: la sala tenía un llenazo casi absoluto) con pretensiones (pseudo)intelectuales, pero con hechuras más propias de algo, en teoría, más vulgar, como los shows de populacho de estadio de fútbol (no había cerveza, así que el concierto transcurrió en un educado buen ambiente). Por suerte, Antònia Font, además de unos músicos del copón, son muy inteligentes, y quizás han encontrado la manera de unir, al menos de intermediar, ambos mundos (aunque ninguno de los dos bandos lo reconocerá).

    ¿Y, centrándonos, cómo fue el concierto de ayer de Antònia Font? Pues creo que, por momentos, sobre todo en su primera parte, algo frío. Desgranaron su último disco, Vostè és aquí, punto por punto (en total, cuarenta puntos), pero el problema es que el álbum, a pesar de su gran calidad, dista de ser el mejor de su carrera. Son micropíldoras inevitablemente irregulares, dada su elevada cantidad y variadas intenciones, como esas películas que están divididas en varios capítulos casi independientes. Algunas son maravillosas, como N'Angelina, y otras más discutibles, como su extraño cuento de Navidad protagonizado por el propio Santa Claus. El orden durante la actuación funcionaba en base a agrupar tres o cuatro canciones un poco más densas (hablamos de densas en cuestión de ritmo: en un minuto no se puede ser, si no se tiene mucho genio, Kierkegaard, precisamente), para arrear a continuación un trallazo maravilloso y pletórico de ritmo, que ponía en pie al público gracias al inmediato contraste. Tanto freno y tanto aceleramiento daba ocasionalmente resultados no del todo beneficiosos, convirtiendo los escalones que daban al escenario en una especie de muro invisible que impedía penetrar totalmente en el alma de la música de Antònia Font (personalmente, creo que es el tipo de banda que necesita canciones de tres o cuatro minutos, para que así vayan creciendo en el interior del oyente). Era como si fueras a echar a correr y, antes de arrancar, el semáforo se pusiera rojo, dando una torpe zancada. Por suerte, en la segunda mitad del concierto, el cantante, Pau Debon, que hasta el momento no se había movido del fondo del escenario, casi entre penumbra, dio unos pasos adelante, avanzando hacia el borde, y él solo, con la única compañía de su voz, demolió el muro cantando, a capela, Cartes de Ramiro. A partir de ahí, ocurrió justo lo que la gente estaba esperando: acababa ese supuesto acontecimiento conceptual y Pau se subía a la bicicleta situada en medio del escenario, y cantaba Per jo i tots es ciclistes mientras pedaleaba su particular puerto de montaña, dejando atrás al pelotón del temible aburrimiento, para, a continuación, en los bises, dejar un pequeño paso a dos rememoraciones de discos anteriores: el personal homenaje a Clint Eastwood y su maravillosa visión de las puertas del infierno entre icebergs y géiseres, ambos coreados por el público, que empezó a disfrutar justamente cuando el concierto, ohhh, acabó.

    Pero no pasa nada: semejante final dejó contento a todos los que allí estaban, y Pau anunció, antes de dejar la escena, que en cinco minutos salían y les firmaban todos los discos que quisieran. Yo no me quedé, pero seguro que lo hicieron, con total amabilidad, y durante un buen rato. Y es que Antònia Font, además de unos músicos del copón, son muy inteligentes.







    Antònia Font- "Ballerines de ballet"
    Antònia Font- "Nous patrons pour la France"
    Antònia Font- "Punyeta Món"
    Antònia Font- "Aram"
    Antònia Font- "Búnquers de plom a mitjanit"
    Antònia Font- "Son Bonet estava controlat"
    Antònia Font- "Fanfarria"
    Antònia Font- "Goril.es vestits"

    Más info:

    Próximos conciertos de Antònia Font:
    1-12-12 Tarragona (Palau de Congressos)
    7-12-12 Madrid (Primavera Club)
    8-12-12 Barcelona (Primavera Club)
    28-12-12 Manacor (Auditori)
    18-1-12 Lleida (Auditori Municipal Enric Granados)
    19-1-12 Granollers (Teatre Auditori)
    2-2-12 Murcia (Teatro Circo)

    Próximos conciertos del Festival Urbano Valencia
    21-11-12 The Jim Jones Revue (Sala Wah Wah)
    22-11-12 Chameleons Vox (Sala Wah Wah)
    23-11-12 Micah P. Hinson & The Junior Arts Collective /Bigott + Timber Timbre (La Rambleta)

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