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    viernes, noviembre 16, 2012

    The Brew – Sala El Loco Club. Valencia, 15 – 11 - 12


    The Brew – Sala El Loco Club. Valencia, 15 – 11 – 12

    Últimamente han dejado de escucharse expresiones aplicadas al mundo de la música como “es el mejor guitarrista del mundo”. Son famosos los apodos que recibían en los 60 y 70 Elvis Presley, Eric Clapton (protagonista de las populares pintadas “Clapton Is God” en las paredes de las calles inglesas), Jimi Hendrix, Jim Morrison, B.B. King,..., pero de verdad que, salvo que se me escape o no esté a la moda (todo puede ser, y espero que así sea: siempre he creído que estar a la moda es la vía más rápida para ser un capullo insufrible), el apelativo más popular que pueda recibir en la actualidad un músico es el de casposo, indie, triunfito o demás chorradas, adjetivos sin mucho que añadir y menos que contar. Ni chica ni limonà, que se dice en mi tierra, vamos. Quizás ya no se vive la música con la misma intensidad, ingenuidad o pasión (se dice que el sarcasmo ha tomado el planeta) que en la época que presenció el nacimiento oficial del rock como fenómeno de masas; o quizás es simplemente que la música más grandilocuente ha sufrido un deterioro progresivo hacia la mercadotecnia más chorra, alejada del furor y la sensibilidad social de antaño.

    Por eso me sorprendió el calificativo con el que se publicitó el concierto de The Brew en Valencia durante toda la semana previa: “el mejor guitarrista del mundo”. Éste es, en teoría, Jason Barwick, que vendría a ser un nuevo Dios del Rock a sus ajustados 23 años (de hecho, es el más joven de la banda). Las bondades no se quedan atrás cuando hablan de los otros dos componentes de The Brew, el batería Kurtis Smith y el bajista, y padre de este último, Tim Smith (y que, por cierto, acabó siendo el más deslenguado y salvaje de los tres: a la vejez viruelas). Son calificativos que, si los piensas, son peculiares. Aparte de que The Brew sea un grupo de éxito pero lejos de la fama que pudieran cosechar Cream (referencia principal, creo, de The Brew: incluso el nombre del grupo podría ser un homenaje al Strange Brew de la banda de Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker) y similares, lo que indica cómo han cambiado los tiempos, también es un grupo que vive totalmente del pasado. Es evidente que a los tres miembros de The Brew les fascina por igual el rock psicodélico americano e inglés (aunque en esos momentos podríamos decir que costaba, todavía más que ahora, distinguir a un país de otro: no por nada se le suele llamar a Inglaterra el estado 51) de los sesenta y setenta, con sus riffs de guitarra y sus largos pasajes instrumentales, tal y como los practicaban, no sólo Cream, sino The Eagles, Led Zeppelin, The Who,... De hecho, es tal su cúmulo de citas, sobre todo en sus álbumes de estudio, que a veces cuesta ver claro si hay una verdadera personalidad detrás de su música. He ahí la que podría considerarse su mayor virtud y probablemente su único defecto: su dependencia de la recuperación, con mucha dignidad, por supuesto, de un tipo de música, un género en si misma, que está casi extinta, o que pervive en mediocres imitadores de medio pelo, a los que se le llena la boca hablando de su alma rockera y demás pijadas (no voy a dar nombres, pero joder que los hay, y simplemente sin salir de Valencia), pero recuperándola, quizás exclusivamente, desde una perspectiva nostálgica y una interpretación, eso sí, de acero puro, aunque exenta de novedades.

    Pero en éstas estamos cuando llegamos al concierto. Aún no es la hora de apertura de puertas y ya empieza a acumularse mucha gente a la entrada, lo que obliga a adelantar la apertura, que, según se rumoreaba al principio, se iba a retrasar una media hora. Entramos en la sala El Loco Club y el pinchadiscos ya lo ha captado totalmente: ha dejado salir toda una batería de clásicos sesenteros y setenteros que van ambientando la noche. El dj como azafata de un viaje en el tiempo que tenía que pilotar The Brew. Al fin y al cabo, la banda tiene ese espíritu de extraño ritual de cualquier tiempo pasado siempre fue mejor, pero no desde una perspectiva bucólica (mi preferida, para qué mentir), sino desde la perspectiva pasada por alcohol y desde la deuda contraída con el diablo. Sí, son referencias tópicas, convencionales, y a mi personalmente me ponen malo y me aburre hasta nombrarlas, pero es que la música de The Brew, ya lo hemos dicho, no es precisamente original, y se fomenta básicamente en el reconocimiento inmediato de los fans, muchos melenudos, tal y como exigía la situación (por cierto, abro un inciso para afirmar que los melenudos fueron los que mejor se portaron anoche entre el público, y fueron más peligrosos los típicos idiotas, alguno incluso trajeado, que amenizan y amenazan las veladas con sus tonterías: dos de ellos se ganaron una bronca de Tim Smith, que les acusó de no dejarle tocar tranquilo ni una puta canción, fucking song).

    Lo he dicho un montón de veces durante este texto: sabemos que la música no va a ser original, pero allí están ellos, formación clásica de guitarra, bajo y batería. La primera nota y ya es un no parar: dos horas enteras ametrallando, volviendo a la carga una y otra vez, conquistando la colina de la banalidad, con poderosos fuegos de artificio y sin artillería de cobertura que distraiga la atención del público hacia sus gestos. Entre canciones de más de diez minutos (algunas seguro que alcanzaron los veinte), ahora Jason toca la guitarra como si fuera un violín, ahora Tim afina la guitarra con una Heineken mientras se limpia continuamente el sudor con una toalla dejada encima del amplificador antes de la actuación, junto a un mono de peluche expectante, ahora Kurtis toca a la vez la batería y un gong chino para después quedarse a solas en el escenario y protagonizar un sensacional solo de batería de un cuarto de hora, culminado con el lanzamiento de las baquetas para seguir, cinco minutos más, con las palmas de sus manos desnudas, eternizando una salvaje mascletà que me imagino habrá obligado a Kurtis a poner las manos en hielo durante unas horas para bajar la inflamación...

    En suma, un espectáculo de virtuosos, mucho más libertario y anárquico que los propios discos. Y son de los UK... No digo nada más.













    The Brew - "Reach The Sky"

                                                          The Brew - "Imogen Molly"


    Más info:

    Próximos conciertos:
    16-11-12 Manresa (Sala Stroika)
    17-11-12 Vitoria (Jimmy Jazz)

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