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    sábado, mayo 11, 2013

    Superseco + Radar. Deluxe Pop Club. Valencia, 10 – 5 – 2013


    Superseco + Radar. Deluxe Pop Club. Valencia, 10 – 5 – 2013


    Ayer, los dos componentes de Radar dedicaron parte de su actuación a despotricar: contra la política musical que impera en Valencia, contra la escasa atención que la gente presta a la música alternativa,... Desgraciadamente, lo primero es innegable y lo segundo podría ser confirmado de inmediato a tenor de la escasa presencia de público ayer durante su directo en el Deluxe Pop Club (también es verdad que tenían duros competidores, a su alrededor, en la misma zona donde se encuentra el local... y que el público de conciertos indies suele estar formado por amigos del grupo o despistados que entran a tomar una copa, pero, por desgracia, ya casi nunca por auténticos buscadores de nuevos grupos y sonidos). Por suerte, siempre existirá esa pequeña parte de los espectadores que, quizás por casualidad, quizás por boca-oreja, alcanza esa especie de, no sé cómo llamarla, clarividencia (vale, me he pasado con la palabra, pero nos entendemos), e, intentando aportar nuestro granito de arena, en Alquimia Sonora intentamos estar atentos al hecho musical en todo su amplio espectro, sin importar la cantidad de dinero en promoción que haya invertido o lo poco conocidos que puedan ser los protagonistas de la noche.


    Por eso, anoche, cuando Radar soltó su pequeño discurso dividido en partes entre canción y canción (en el que iban incluidas algunas pullas a los muchísimos meses de retraso que llevan con el lanzamiento de su nuevo ep, La ley de la ventaja), asentimos dándoles la razón. Pero, abstrayéndonos de esas necesarias reivindicaciones, el resultado del acústico que ofreció Radar acabó siendo levemente fallido. La traslación que hicieron desde el eléctrico resultó apagada, tristona, incluso parecía estar hecha corriendo y a prisas, sin importar los descosidos. Las canciones no se asentaban, ni se posaban ligeramente en el ambiente íntimo que reinaba en el Deluxe. Iban pasando, una tras otra, en una corta sucesión que denotaba cansancio y agotamiento. Cuando se detenía la música, Radar hablaban dolidos de los temas que hemos ido desgranando, pero, cuando ésta volvía a arrancar, el dolor se mitigaba, desgraciadamente no para ser sustituido por goce o sentimiento, ni siquiera para profundizar en las sangrantes heridas. Y el dolido (bueno, dejémoslo en decepcionado) fui, personalmente, yo, porque su anterior ep, Balón de oro, mientras no aparezca algún día el infinitamente postergado La ley de la ventaja, es una auténtica maravilla: un colchón de sonidos que, como advirtió Radar, suena mucho mejor en estudio que en acústico. Cuando mejor se estaba poniendo la música, con El volcán o Pequeño dinosaurio, el recorrido, resuelto por una constreñida vía rápida, acabó.


    Una lástima, porque quizás ése no es el camino para reivindicar la música alternativa. En cambio, Superseco se encontró totalmente con la metafórica calzada dorada. A pesar de sus dudas de si habían sonado mal y de ese nerviosismo al pasarse por primera vez al formato acústico, aquéllas fueron totalmente infundadas. Ahora sí, todo sonaba con ilusión, con ganas, pero también con inteligencia. Superseco reinterpretó su repertorio totalmente eléctrico desde el tamiz de la música americana (Americana), recordándome los momentos inolvidables que me aportó, años ha, Chris Isaak cuando lanzó Baja Sessions, una de las grandes cúspides del estilo, un pequeño parón en una carrera, sentándose a un lugar de la carretera, decidiendo hacia qué punto cardinal tirar, pero con los aciertos y errores asumidos como único equipaje. Como el músico norteamericano, Superseco planteó un interesantísimo juego de música fronteriza, country y pop sesentero, de manera tal que canciones ya escuchadas sonaban totalmente nuevas, irreconocibles pero familiares, como esas personas que te caen bien nada más verlas por primera vez, por propios méritos pero también porque te recuerdan a algo o a alguien. Sensaciones totalmente nuevas, que, ahora, diez horas después, por desgracia, ya se están disolviendo suave y dulcemente, como un azucarillo. Aunque lo mejor de todo es saber que, a partir de ahora, dará igual cuándo acudamos a un concierto de Superseco, sea acústico o eléctrico. Qué puede importar, si tanto uno como otro, desde la preciosa calma o el comedido desenfreno, desemboca, con esas distintas armas, en una bella y serena intensidad, de la que te llevas esa tan maravillosa sensación de volver a casa, tras un concierto, flotando, revitalizado... clarividente.

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                                                                         Superseco












    Radar
























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