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    martes, noviembre 12, 2013

    Carmina Burana – Sala WahWah Valencia – 9/noviembre/2013.

    Carmina Burana – Sala WahWah Valencia – 9/noviembre/2013. 

    Valencia, verano de 1983.
    Manolo Fernández (voz y guitarra), Andrés Blasco (bajo y violín) y José Carlos Pernías (guitarra) se juntan en el local de ensayo para dar a luz a la criatura. La epifanía de Carmina Burana, celebrada entre sonidos oscuros y versos intensos, estaba llamada a escribir una de las páginas más singulares de la historia del rock de nuestro país. Si una formación se merece el calificativo de grupo de culto, no cabe la menor duda de ellos son un ejemplo paradigmático. Un par de lps, varios maxis y unas decenas de conciertos han servido para forjar su imagen de grupo icónico, de sonoridades hirientes y letras de crudo lirismo. Una imagen que no ha hecho más que crecer con el paso de los años cimentada en el recuerdo de los que disfrutaron de sus conciertos desde mediados de los ochenta hasta principios de los noventa.
    Su historia es una historia de tesón, de nadar a contracorriente, de convicción en la obra propia a pesar de su recepción por público, crítica e industria musical. Tras unos primeros directos en los que acusaron la falta de destreza instrumental pero que hoy en día se recuerdan como míticos por los aficionados locales (Gasolinera, Planta Baja), la banda abandona durante meses los escenarios y se encierra en el local de ensayo. En 1985, alumbran en el sello Producciones Twins, un maxi con tres canciones “El telar de la locura”, “Orgullo de amor quebrado” y “La tierra féliz” que se convertirá en la piedra angular de su discografía. Canciones deudoras del afterpunk de bandas británicas de la época como Joy Division oBauhaus. Los valencianos comparten con la banda de Peter Murphy esa capacidad para hacer compatibles sonidos oscuros y a la vez bailables gracias a las poderosas y sensuales líneas de bajo de Andrés y las guitarras incendiarias de Manolo y José Carlos.
    Su debut les abrió las puertas de los programas de radio especializados de la época a nivel local y nacional y les aseguró un buen número de directos y seguidores. A pesar de la falta de un batería estable, la banda se encierra en el estudio de grabación y editan con Plataforma Discos su primer larga duración: el lp homónimo que se ha convertido en pieza codiciada por coleccionistas. Producido por Jo Dworniak y Duncan Bridgeman“Carmina Burana” contiene ocho cortes que son la muestra más representativa del carácter innovador de la banda, así como de su tendencia a transitar por sendas apartadas de lo comercial privilegiando la experimentación en lo musical y lo literario en lo textual. Uno de los grandes activos de la banda son las letras de Manolo Fernández, poeta maldito que comparte laureles con Javier Corcovado.
    Tras el maxi “De las danzas apócrifas” (1987), que conocerá una edición en inglés para Midnight Music titulada “The Apocryphal Dances” se multiplican los directos, llegando a tocar con grupos de la envergadura de The Essence o Flesh for Lulu, representantes del post-punk característico de la década de los 80’s. En 1989 se incorpora a la formación Santi Serrano (Emma Get Wild, Caballero Reynaldo) que permanecerá en la banda hasta 1991 cuyo hueco fue ocupado por el ex batería de Interterror o Mar Otra Vez, Victor. Tras una serie de conciertos en Berlín de la mano del poeta Uberto Stabile, son seleccionados por el Ayuntamiento de Valencia para tocar en Tesalónica (Grecia), concierto que les reportará reconocimiento (que no éxito) a nivel internacional. Entre un concierto y otro, la banda graba con el sello Triquinoise su segundo lp, también titulado Carmina Burana, (1991) y vuelven a girar de forma esporádica sorteando los problemas de la ausencia de batería y las obligaciones del servicio militar. En 1993, la banda decide disolverse. 
    Valencia, otoño 2013. “Concierto para Lisa”
    Tres décadas después de su formación y dos de su separación, con la sala WahWah presentando un aforo casi completo, asistimos al segundo concierto de reunión de Carmina Burana. El 29 de enero de 2010 en Matisse y organizado por la revista Vulture, dieron el que fue su primer concierto desde su separación, un directo que se convirtió en un acontecimiento musical que convocó a seguidores de la banda llegados de distintos puntos de la península. El pasado sábado en WahWah, el aforo congregaba a numerosos miembros de la escena musical local (medios, músicos), seguidores de la banda desde sus inicios y aficionados atraídos por el halo de leyenda que envuelve a la formación, algunos con la asignatura pendiente de no haberlos visto en su día. También se vio público que por edad era imposible que hubiesen presenciado algún directo del cuarteto durante su periodo en activo pero que por la manera en que cantaban y seguían sus temas se notaba que habían desgastado sus vinilos a conciencia.
    Sobre el escenario hicieron valer el dicho de que el que tuvo retuvo e hicieron que muchos se preguntasen de nuevo como un grupo capaz de crear un sonido propio y característico, de construir temas de incuestionable calidad tanto en lo musical como en las letras y con un directo tan poderoso había ocultado su presencia durante dos décadas. Con un sonido impecable, limpio y potente a la vez, la banda empezó a repasar su discografía con el ímpetu que dan dos décadas de reposo y a la vez, con la seguridad del que sabe que no tiene nada que perder porque lo tiene todo ganado. La potente batería de Santi junto a las complejas líneas de bajo de Andrés crean un fondo rítmico sobre el que destella la guitarra de José Carlos, trazando melodías ásperas a la vez que atractivas. Manolo, declama las letras de las canciones con su profunda voz, más que cantarlas las interpreta dotando a sus versos de intensidad sin caer en el histrionismo. “De las danzas apócrifas” y “El telar de la locura”, sus dos temas fetiche, sonaron junto a “240 días de mayo”“Vacío histérico”, “Orgullo de amor quebrado”, “Entre líneas de lamentos” o el tema con el que cerraron el concierto después de un corto bis, “La tierra feliz”. Con este tema de su primer EP, finalizaron un concierto que no fue un ejercicio de nostalgia estéril, sino que más bien vino a confirmar el hueco que dejaron cuando, hace ya veinte años, dejaron de tejer en el telar de la locura.



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