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    lunes, mayo 18, 2015

    Disonante Fest (Los Pantani + Alondra Galopa + Havalina) Sala Quilombo (16/05/2015)


    Cada vez que nace un nuevo festival en Granada son muchas las esperanzas que nacen de forma paralela al mismo y si, como era el caso, apostaba por unir en un solo cartel un grupo novel granadino (Los Pantani), uno emergente también local (Alondra Galopa) y un cabeza de cartel como Havalina, la esperanza aumenta proporcionalmente, como ha ocurrido con el Disonante Fest.

    Lástima que, al final, los resultados no siempre son los esperados y, el pasado sábado, Los Pantani se encargaban de romper el fuego, con bastante puntualidad y en un ambiente que podríamos definir como íntimo. Con un estilo que ellos definen como “Niños que combinan el emocore gritón con bocanadas de rock urbano. Duele.” Y que a nosotros nos sonó como un hardcore gamberro, en el grupo escuchamos a Jose Manuel Rojas (voz), Enrique Arias (guitarra), Nino López (bajo) y Carlos Gimeno (batería), con un repertorio que “pecaba” en ocasiones de letras políticamente incorrectas.


    En el escenario dieron más juego del que habíamos esperado y demostraron que no hay edad para hacer música como a uno le dé la gana y que hay que apostar por lo que a uno de verdad le resulta interesante a la hora de hacer música consiguiendo, así, un proyecto creíble que como mínimo les va a dar buenos ratos sobre el escenario.

    Tras ellos, sin apreciarse mejoría alguna en un sonido que no terminó de ajustarse a las condiciones de la sala (aparentemente difícil de sonorizar ya que, en la mayoría de conciertos que he podido escuchar allí el sonido ha sido muy deficiente) y una iluminación que tampoco  hacía ningún favor a los grupos en el escenario, en el turno de Alondra Galopa apreciábamos cómo iba llegando algo más de gente la Quilombo.


    Presentando su “Ni fuimos, si somos, si seremos héroes”, un álbum menos oscuro que el anterior en que empiezan a introducir otros matices que hacen más experimental y atmosféricas unas composiciones en las que, desafortunadamente, no pudimos disfrutar de la voz de Mónica Navarro en ningún momento, tapada, en todo el concierto por el resto de instrumentos.

    Junto a ella escuchamos a Juan A Salinas, Álvaro Blas y Julio P. Rivas, una banda que ha apostado por la evolución en su último trabajo y a la que, aunque el sonido no le hizo justicia el sábado, se le ven muchas posibilidades de destacar en el panorama musical con este último trabajo. En lo que se refiere a Granada lo apuntamos en tareas pendientes para intentar escucharlos de nuevo en otra ubicación y poder valorar con más justicia el sonido del grupo.


    Cerrando cartel y noche, los madrileños Havalina salían a escena en el justo momento en el que la sala, por fin, acogió un mayor número de asistentes que, obviamente, se habían decantado por ir al festival a escuchar sólo a estos últimos. Lástima que, una vez más, en esta ciudad cueste apostar por descubrir nuevos valores incluso cuando estos van incluidos en el precio.

    Con un técnico de sonido que debió de pensar, al igual que el público, que el resultado no estaba siendo el adecuado y que se tomó su tiempo para volver a sonorizar al grupo (tiempo que jugó luego contra el set list, que no pudieron tocar por completo), lo cierto es que cuando Havalina subió al escenario había cambiado radicalmente el sonido ganando en claridad y compensando adecuadamente voz e instrumentos para que desde abajo pudiéramos apreciar cada uno de los elementos de la mejor forma posible.

    Levantando al público desde el primer tema, con ese guitarreo espectacular del que hacen gala y unas composiciones con letras que dicen mucho y fueron coreadas a voz en grito por los asistentes, comenzar con “Cristales rotos sobre el asfalto mojado” fue ya de por sí una declaración de intenciones con respecto a lo que quedaba por venir.


    Un set list en el que no faltaron temas como “Viaje al sol”, “Imperfección”, “Ulmo”, "Objetos pesonales" o “Dónde” y en el que, avisados de que había que cortar el concierto (las dichosas doce de la noche que tantos conciertos fastidian en esta ciudad) optaron por saltarse unos cuantos y pasar directamente a “Cementerio de coches” cerrando con él un espectáculo que podía haber dado mucho más de sí en el caso de que las condiciones ambientales lo hubieran permitido pero que, a pesar de todo, dejó muy buen sabor de boca a un público convencido desde el principio.

    Está claro que el trío madrileño formado por Manuel Cabezalí (guitarra, voz), Jaime Olmedo (bajo) y Javier Couceiro (batería), le ha cogido el punto a su “Islas de cemento” y ha desarrollado la capacidad de llegar a un amplio abanico de público gracias a un estilo que sólo podemos definir como inclasificable donde guitarra y bajo establecen un diálogo que se completa con una batería contundente para crear unos tema que no dejan a nadie indiferente.

    Que nos supo a poco, sí. Estas cosas a veces terminan en el mejor momento. Afortunadamente el final llegaba en un momento álgido en el que el público, completamente entregado, sólo optó por protestar un poco por la brevedad del concierto de los madrileños (algo menos de una hora) pero se machó con buenas sensaciones y ese “Cementerio de coches” resonando aún en los oídos. Esperemos que haya más “Disonantes” y que volvamos a disfrutar de esa variedad que hace tanta falta en Granada. 

    Crónica: María Villa

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