• Breves

    miércoles, mayo 06, 2015

    Javier Ruibal + Glazz - Salón de Actos de la Diputación. Córdoba, 2.5.15

    Javier Ruibal + Glazz - Salón de Actos de la Diputación. Córdoba, 2.5.15.

    La música como excusa perfecta y los artistas que la engrandecen como protagonistas de un acto necesario y esperanzador. Sin hacer mucho ruido, como a él le gusta, el maestro Ruibal se implica en cualquier causa que requiera de su arte y su granito de arena resulta mucho más importante cuando pone al servicio de la comunidad sus letras y su voz, en esta ocasión amplificada por las prestaciones de una banda de virtuosos tan discretos que casi parecen pedir perdón por gozar de dicha condición. En esta ocasión los beneficiarios eran los voluntarios de Infancia Solidaria, con el incansable Ángel Parejo a la cabeza, y en consecuencia los niños y niñas que habrán forzosamente de conocer un mañana mucho más brillante del que en principio tenían asignado. Al final del acto era obligado brindar por la salud del mundo, al menos del que somos capaces de abarcar con nuestra humilde sonrisa. Porque precisamente eso, hacer brotar una grande y solidaria en los labios de quienes contribuimos de alguna manera a su expansión, es de lo que son capaces ambas partes, músicos y organización, sobreponiéndose con orgullo al dudoso estado operativo de las instalaciones (ni el dispositivo lumínico ni el acondicionamiento térmico estaban en las mínimas condiciones de servicio). El agradecimiento va dirigido a todas y cada una de las manos que allí aplaudieron y se implicaron de principio a fin en un proyecto que pugna por perdurar el tiempo que haga falta. En una noche complicada por la competencia (M Clan y Supersubmarina copaban los paneles del fin de semana cordobés) y las saturadas celebraciones primaverales, Don Javier –en ocasiones así resulta obligado el tratamiento- se erigió en motor de la conciencia colectiva. Dos vueltas al ruedo y decenas de orejas, que para eso supimos escucharlo tan bien, en el caso de que esto fuera una crónica taurina al uso.

    Antes, convendría hablar de los novilleros. La ganadería lleva el nombre de Glazz y presenta a tres miuras de gran tonelaje. A saber: El heredero del maestro, de mismo nombre e igual o superior prestancia instrumental a la batería; el convincente Nelo Escortell a los bajos, también enrolado en la dehesa portuense de Furia; y el estratosférico José Recacha a la guitarra, un morlaco inconsciente de su tronío que lo mismo empuja la granulosa arena del jazz tras de sí que enfila el burladero de la música de raíz con abrumadora confianza. Estos bellos ejemplares han publicado un disco instrumental digno de toda alabanza y han paseado su imponente estampa por escenarios de varios continentes. En los ruedos patrios, como ya era de esperar, no suelen prodigarse con la asiduidad que deberían, por lo que ya iba siendo hora de impresionar al respetable presentando sus mejores armas, de las que ‘Cirquelectric’ es la que más balas guarda en la recámara. En medio de la faena, cuando el diestro los deja respirar con más fluidez, se aplican a la tarea y se hacen querer a cada acorde. Serían indultados una vez más, obviamente. Hasta que el hombre del eterno tocado reaparece y nos alejamos del coso y sus símiles.

    Ha grabado Javier Ruibal un espléndido trabajo –otro más- titulado ‘Quédate conmigo’, pero esta no era la ocasión más rotunda para presentarlo en profundidad. Prefirió rememorar los grandísimos momentos de una discografía irreprochable que lo han convertido en una marca y en dueño de un sello inconfundible que abre los brazos a la copla, al folk, al jazz y al flamenco con la amplitud de movimientos que le permite su enorme sabiduría. Se esperaban las nuevas versiones de ‘Agualuna’ (en otro alarde de generosidad invitó al cantautor local Luis Medina a presentar una de sus nuevas creaciones después de cederle la mitad de estrofas), ‘Ave del paraíso’, ‘La flor de Estambul’, ‘La rosa azul de Alejandría’ o ‘La reina de África’, pero también que desgranara las joyas de su más reciente artesanía, y así lo hizo con ‘Sueño que te sueño’, un paso hacia adelante en busca del legado del son cubano, ‘Viñera de postín’, ‘Tu piloto cariñoso’, con el desboque de la banda como estandarte, la perla en los versos de ‘A Roma no quiero ir’, la apelación al desamparo de ‘El príncipe de los parias’ y una sencillamente maravillosa ‘El pequeño Buda’. El niño sin padre que aún recuerda lo costoso que resulta salir adelante solo a fuerza de talento le canta al tiempo vivido en ‘Los huérfanos de la Pensión Triana’ (todavía colea la trascendencia de aquella obra magna), se pone romántico a su manera en ‘Tu nombre’ y se lamenta jocoso de su buena/mala suerte en amores en ‘Si no me besas’. Al principio en terreno acústico, a dos guitarras, como en ‘Bendito veneno’, y luego cantándole a Lorca y a los poetas del corazón en ‘Por tu amor me duele el aire’. El que sabe por dónde le viene el viento no precisa saber nada más para encontrar el norte.


    Se estira su grito en ‘Y la noche afuera’ y se queda esperando la próxima ‘Aurora’ impasible y coqueto. Cuatro músicos en el escenario, tan libres de ataduras como de prejuicios, y un público rendido a la nueva (y vieja) evidencia. Estas imágenes no incluirán grandes juegos cromáticos, pero el verdadero contraste está en la mezcla de razas y almas y en los viajes de ida y vuelta que buscan la unión eterna. No es exceso de poesía, es simple y llana satisfacción por el trabajo bien hecho. El de los que miramos y escuchamos y los que hacen y saben hacer. Gracias, Ángel. Gracias, Javier. Gracias, Glazz. La humanidad aún tiene mucho que decir.





















    Texto: JJ Stone
    Fotografías: Raisa McCartney

    Más info:
    http://infanciasolidaria.org/symon-ha-vuelto-a-casa-totalmente-curado/
    https://www.facebook.com/angel.parejocarvajal


    No hay comentarios:

    Publicar un comentario

    ¡Comparte tu opinión!

    Esperamos tu comentario

    Agenda

    Reviews

    Breves