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    domingo, mayo 15, 2016

    McEnroe, Sons al Botànic - Jardí Botànic de la Universitat de València. Valencia, 13-5-16

    La segunda cita de Sons al Botànic se desenvolvió entre infinitos vaivenes emocionales en más de una hora y media de un concierto con todo el papel vendido. Ricardo Lezón y Gonzalo Eizaga en plena sintonía con el marco incomparable del Jardí Botànic de la Universitat de València fueron los artífices de casar con sutileza las melodías del universo McEnroe

    El repertorio escogido apuntó hacia hits certeros, presentó en sociedad su último tema “Un rayo de Luz” (echando en falta la voz de su hija Jimena) y revisitó cortes con menor presencia en sus directos; un compendio lírico que simplificó los miedos humanos a través de una poesía melancólica que irradiaba las luces del positivismo relativo. Desde “Tormentas” a “Otras vidas”, múltiples secuencias a ritmo de un slow core tan sugestivo y desgarrador que penetraba a cada instante; en cada palabra, nota, matiz, mirada, sonrisa, reflexión o pensamiento se deslumbraban grandes ecos de profundidad. 

    La perfecta simbiosis entre la calma y la tempestad la pudimos degustar tan solo con el juego de dos guitarras, una voz y unas historias que consiguen zarandearte en una pulsión rítmica envolvente, embriagadora e inquietante. 

    La calidez de la noche y las bellas sonoridades que traslucían el mágico paraje se cegaron con molestos estruendos de marca valenciana y unas campanas repiqueteando de una forma incesante e inteligible para los presentes; una procesión de barrio fue la culpable hasta de tener que detener el directo por un momento. Ni siquiera este infortunio barroco marchitó el fulgor de la noche y la abismal sinergia del encuentro. 

    “Cae la noche”, de su último trabajo “Rugen las flores”, fue el segundo corte tan bien traído para marcar el comienzo de la velada. Con él nos sumergimos en el laberinto onírico e hipnótico de un mundo literario narrado a través de espléndidas referencias a la naturaleza; del costumbrismo a lo metafórico pasando por singulares alusiones cinematográficas y retóricas. “Ahora” destapó esa sensibilidad extrema que tiene la música de McEnroe, desde la sencillez compositiva y su honda voz, alcanzó la altura de un mundo celestial plagado de paz. 

    El amor, definido con excelencia, es otra de sus grandes bazas; ese don extraterrestre pero llevado al mundo terrenal que te toca la fibra y pellizca sin piedad, con presencia sublime en cortes como “Los Valientes”, “El Puente” o “Rugen las Flores”. La delicadeza de “Las Mareas” refugió de nuevo nuestra psique para encontrar esas respuestas o zonas de confort, recursos tan estimulantes para la dosis del refuerzo constructivo. 

    La luz que hace brillar sus composiciones fue delineada con bocetos de sus anteriores trabajos, rescatando algunas joyas imprescindibles del universo sonoro de McEnroe; fue el caso de la magnífica oda a la contemplación de “Planetas”, el existencialismo del escritor en “Mi Vietnam”, la suave tristeza de “El Alce” o la refrescante brisa de “Mundaka”

    De nuevo volvieron a conseguir ese clic emocional que les hace conectar en una comunión desorbitada que levita en atmósferas envolventes, suaves balanceos, susurros que erizan y melodías luminosas. A nosotros como ya anunciábamos nos soplaron con brío, esculpiendo una bella escena romántica en slow motion que nos fue licuando en una extraña evanescencia.


    Texto: María Carbonell
    Fotografías: Susana Godoy 



    McENROE

























    2 comentarios:

    1. Genial crónica y mejores fotos. Me perdí entre las últimas filas y no llegué a conectar del todo con el concierto, una pena y entono el mea culpa, ya que la selección de los temas me pareció estupenda.

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      1. Gracias, Xavi. A la próxima más cerca y con más conexión. Saludos.

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