El soul es la verdad y Lee Fields lo sabe.

10/10/2016 Juanjo Frontera 0 Comentarios

Quizá la garganta -con permiso de Charles Bradley- más genuina que le queda al soul y todo un primera clase en el escenario, Lee Fields conserva en sí la esencia de una manera de hacer música que se niega a morir y viene a demostrarlo.


Desde que a mediados de la década pasada el soul experimentara una insólita resurrección, muchos han sido los que han puesto en entredicho la autenticidad de todos los nuevos artistas que han surgido al abrigo de eso que llaman "neo-soul", sobre todo en la vertiente del mismo que más pretende reivindicar los hechos y maneras de sellos clásicos del género como Stax, Atlantic, King, Curtom o Sue. ¿Realmente Anthony Hamilton, Jill Scott, Duffy o Joss Stone, tienen lo que hay que tener para mirar frente a frente a Solomon Burke, Bobby Womack, Wilson Pickett o Carla Thomas?

Nadie duda que le ponen empeño, pero la verdad, los resultados de sus esfuerzos distan mucho de parecerse, siquiera pálidamente, a todos los gloriosos discos y canciones de aquella época. Hay cierto grado de impostación que hace, pese a la calidad de algunos de ellos, que huela a forzado. Uno no experimenta en esos discos la carnosidad, el erotismo, la visceralidad ni la delicada tormenta que todos aquellos titanes de la música afroamericana desataron en su época dorada. Aunque, por supuesto, hay excepciones. 

Dentro de toda esta oleada, es imposible no citar a dos sellos surgidos en la ciudad de Nueva York (concretamente, Brooklyn) en los que se ha concentrado la mayoría de la oferta de calidad en materia de repesca soul. Estamos hablando, por supuesto, del sello Daptone, cuna de Sharon Jones, Charles Bradley y la banda de la casa, la Menahan Street Band, auténticos orfebres de melodías satinadas y funk sudoroso, obstinados en una búsqueda de la verdad de la que en más de una ocasión salen airosos.

El otro sello, basado en el moderno barrio de Williamsburg (también Brooklyn) es Truth and Soul, nacido de la sociedad de tres músicos blanquitos llenos de talento: Philippe Lehmann, Leon "El" Michaels y Jeff Silverman. Pese a no ser de piel negra y probablemente debido a la difuminación de los prejuicios musicales entre razas que ha llegado con la sobreinformación del siglo XXI,  el trío parece entender a la perfección los fundamentos de la música propia de un sector de población americana diferente al suyo. Por eso han tenido el buen gusto de contar entre sus filas a Aloe Blacc, El Michaels Affair, Lady o, por supuesto, el gran, gran, Lee Fields.

Poco podía imaginar el pequeño Elmer Fields, cuando allá por 1969 le llamaban "Little JB" por lo bien que imitaba a James Brown, que algún día él mismo sería reivindicado como quizá el último defensor de la fe del soul, la última llama que ilumina el camino de una música que se creía inmortal, pero que ya no conoce, salvo en excepciones como la suya, la autenticidad que merece y necesita para seguir viva. Sólo Lee (quizá también Charles Bradley) tiene lo que hay que tener en el mundo para hacer que el público experimente, al verle sobre un escenario, la sensación real de la música que Sam Cooke nos enseñó a amar. 

Su historia, como todas las de los grandes perdedores, es azarosa. Pateando escenarios desde principios de los 70, como imitador del padrino del soul, como acompañante de nombres como Kool and The Gang o O.V. Wright o como acto propio carente totalmente de fortuna, tuvieron que transcurrir cuarenta años desde la edición de su primer disco para que la oportunidad llamara a su puerta de la mano de los tres chavales blancos de los que hablábamos antes, que produjeron para él en su sello uno de los discos más impresionantes de la pasada década. 

Tengamos o no en cuenta de que se trata de un producto revival, no podemos obviar la circunstancia de que "My world" (Truth and Soul, 2009) es un monumento de disco. La banda que lidera Leon Michaels, The Expressions, pese a ser totalmente de raza blanca, proporciona las texturas más acertadas para que la potente voz de Fields estalle con tantos matices como violencia en un torrente de elegancia que combina a la perfección el sudor del soul sureño, la sofisticación de Motown, el romanticismo del Philly Soul, la musculatura del funk e incluso los manifiestos psicodélicos de Sly Stone

Tras años y años de sinsabores, de la noche a la mañana Lee Fields se convirtió, por pleno derecho, en "The Real Thing", la autenticidad del rhythm and blues hecha carne. Y lo bueno de la historia es que esto no ha hecho más que crecer. Tanto "Faithful man" (2012), como el último hasta la fecha -y quizá el mejor del lote- "Emma Jean" (2014) son tratados impecables sobre cómo reivindicar una música pretérita y convertirla en algo totalmente vigente y sobresaliente entre la mayoría de los "quiero y no puedo" que pueblan la tierra, intentando sin éxito conseguir algo parecido. 

Su próximo trabajo, ya anunciado, se titulará "Special night" y ya cuenta con un adelanto, en forma de single con la canción titular, dividida en dos partes. 

Varias han sido las ocasiones en que Lee y sus Expressions han visitado nuestro país, pero casi siempre en fechas puntuales y algún festival, por lo que es una gran noticia que por fin se hayan decidido a embarcarse este octubre en una gira bastante extensa por la península: comienza el 11 en Zaragoza, prosigue el 13 en Barcelona, recalará en Valencia (Loco Club, entradas aquí) el viernes 14 y termina el sábado 15 en Sevilla. Oportunidades de oro para alejarse de sucedáneos y aproximarse, aunque sólo sea una vez, a la verdad del Soul. Porque no lo olviden nunca, amigos, el soul es la respuesta. 









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