Ryley Walker + Itasca - 16 Toneladas. Valencia, 21/11/16

11/22/2016 Susana Godoy 0 Comentarios

Ryley Walker y una banda formada por músicos de jazz de la escena de Chicago impresionan en su concierto en Valencia gracias a una noche llena de improvisación en la que sus temas se vistieron de free jazz, rindiendo claro homenaje a la escena folk británica de los años 60 y 70.

 
Es posible que dentro de unos años los poco más de sesenta afortunados que pudimos disfrutar del concierto de Ryley Walker en 16 Toneladas podamos decir, con una ligera sonrisa de superioridad, el consabido “yo estuve ahí”. En cinco, diez años, la progresión del de Chicago habrá llegado a un punto en el que quizá ya no pise más que grandes escenarios y salas selectas, y se haya situado en una esfera en la que esos sesenta (que nos vamos turnando para cada ocasión en persistente feligresía) no podamos más que asentar las redes de la imaginación. 

En todo caso, si hay algo que está claro es que a Ryley Walker le resta mucho territorio por crecer pero a su corta edad presenta un descaro brutal para revitalizar y recoger con maestría y respeto un legado que pocos reverencian llegando a las altas cotas deseadas. 

Clarísimo heredero de la escena folk británica de los 60 y 70, americanizando las formas en su último trabajo, Walker recoge el testigo de John Martyn y Tim Buckley en una forma de componer e interpretar que transpone la manera sobria y tradicional del folk clásico con las hechuras del free jazz y la improvisación. Una vuelta a lo primigenio, con fidelidad cuasi religiosa, que da como resultado una puesta en escena que toma forma de gigantesca jam session en la que los músicos se convierten en el punto de mira y, nuestros sentidos, en un multifoco hiperactivo que no sabe bien dónde situar el blanco. 

Gran parte de culpa de este maremagnun sensitivo podemos situarla en Anton Hatwich y Frank Rosaly, contrabajo y batería respectivamente, que ocupaban lugares privilegiados dentro de la sonoridad de los temas llevados al directo. Músicos de base de la escena de la ciudad de Chicago, ambos prolongaron en un bucle increíble (junto a la segunda guitarra y los teclados, en un nada desmerecido segundo plano) las largas progresiones de algunos de los temas elegidos para la noche del lunes; “Age old tale”, por ejemplo, dio la impresión de comerse la mitad del crono en una eterna intro que abocaba a la tormenta que sin saberlo se desarrollaba en el exterior, con la cadencia del contrabajo como prueba de todo el bagaje de improvisación que allí se estaba llevando a cabo. 

La noche comenzó con los toques hindúes de “Sullen mind” (hasta ahí llega la reverencia a tiempos pasados, a las seis cuerdas), el tema que abre “Golden sings that have been sung” (del que habíamos podido escuchar una versión de 41 minutos de duración), y ya con ello nos encontrábamos pistas de lo que iba a ser de allí en adelante. 

Quien acudiera esperando una interpretación medida de las composiciones, quizá se encontrara con la sorpresa de un concierto que no seguía un guión demasiado establecido, bañado de profusa libertad en las formas, y en el que probablemente lo de menos fueran las cualidades vocales de Walker. Un Walker ciertamente hablador e incluso histriónico por momentos, como queriendo contrastar con la solemnidad que profesaba a los mandos de la guitarra, en ese fingerpicking frenético (como en su “tema estrella”, “The halfwit in me”), o para estallar instantes en pedazos recordándonos su juventud. 

Un repaso brevísimo a su discografía, cuantitativamente hablando, que solo se detuvo en “Primrose Green” (su anterior trabajo) con un par de temas, “Summer dress” y “On the banks of the old “Kishwaukee” y que incluyó la esperada versión de otro de sus confesos referentes: “Fair play”, de Van Morrison. 



Para abrir la noche tuvimos a la cantautora neoyorkina asentada en Los Ángeles Kayla Cohen, que bajo su proyecto Itasca, hacía frente a un escaso público acodado en torno a las paredes de la sala. Difícil tarea, sola a la guitarra, acometer una vez más los acordes del folk más clásico y melódico cuando precisamente para los que estábamos allí era la noche de romper estructuras. 

Texto: Susana Godoy
Fotografías: María Carbonell 


FOTOGRAFÍAS DE RYLEY WALKER




























FOTOGRAFÍAS DE ITASCA






 

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