La noche del viernes en Lemon Rock Granada tenía algo de ritual íntimo y de ceremonia pagana. El olor a incienso que impregnaba la sala servía ya como anticipo del ceremonial al que íbamos a asistir. Dentro del circuito Girando por Salas, la parada granadina de Musgö confirmó por qué su propuesta sigue creciendo como una de las más singulares del panorama alternativo español, pocas artistas consiguen que un arpa eléctrica suene al mismo tiempo ancestral, electrónica y emocionalmente contemporánea.
La gira de La grieta, su tercer álbum, llegaba a Granada precedida por una reputación de directo hipnótico, y el concierto respondió exactamente a esa expectativa. El formato de sala favoreció una experiencia cercana, casi inmersiva, con el público justo para que la energía fluyera entre los presentes. Lástima que propuestas tan originales como ésta no consigan un lleno absoluto que, por otra parte, podría resultar incómodo para los asistentes, pero más rentable para los promotores.
Mucho arte por parte de la gaditana Mar Gabarre que en su propuesta cuida el vestuario, la puesta en escena, el sonido y el ambiente que propicia, unas veces presentándose como digievolución del new age, otras, como antepasada de cualquier coplera. Mística, empoderada y auténtica. Musgö se convierte en un deleite musical junto a una banda que sabe acompañarla desde sus instrumentos.
Desde los primeros compases, Musgö construyó una atmósfera densa y magnética, apoyándose en loops, bases electrónicas y una interpretación vocal que oscila entre lo litúrgico y lo confesional. El gran protagonista volvió a ser el arpa, convertida aquí en instrumento mutante. No aparecía como mero elemento ornamental o exótico, sino como eje rítmico y emocional del repertorio. En varios momentos del concierto, las texturas electrónicas convivieron con ecos de folclore andaluz y pulsos cercanos al trip hop, generando esa sensación de paisaje sonoro fracturado que define La grieta.
Se agradeció sobremanera el silencio atento entre canción y canción, algo cada vez menos habitual en salas medianas. El público de Granada entendió rápido que el concierto pedía escucha más que consumo rápido. Temas como “El día que nací yo” o “Bulería de la Santa Muerte” o "La batalla de los cisnes", reservada para el final, funcionaron especialmente bien en directo, ampliando su dimensión dramática gracias al juego de capas y a la expresividad corporal de la artista.
La inclusión del concierto dentro de GPS también encajaba perfectamente con el espíritu del ciclo, acercar propuestas emergentes o de culto a circuitos estatales más amplios. Musgö no parece ya una rareza escondida, sino una artista que ha consolidado un lenguaje propio sin renunciar al riesgo.
En una ciudad acostumbrada a la mezcla entre tradición y experimentación musical, el concierto dejó la impresión de haber asistido a algo más sensorial que simplemente musical. Durante poco más de hora y media, Lemon Rock se convirtió en una grieta abierta entre lo acústico y lo electrónico, entre el folklore y la electrónica oscura, entre el concierto y el trance.
Crónica y fotos: Isabel Alonso.




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