1979: cincuenta discos cuarentones (cuarta parte) - Alquimia Sonora

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miércoles, febrero 20, 2019

1979: cincuenta discos cuarentones (cuarta parte)

Llegamos a la cuarta y penúltima parte de nuestro viaje hacia los discos más importantes, siempre en nuestra opinión, de 1979. Entre ellos, cumplen cuarenta años grandes piezas maestras de la música del siglo pasado que hoy nos llevan a artistas tan variopintos como Robert Fripp, Donna Summer, Nick Lowe, Michael Jackson, Van Morrison, AC/DC, XTC, Elvis Costello & The Attractions, Gang Of Four y The B52's. Ahí es nada! 





20. Exposure, Robert Fripp (Polydor): El inefable Fripp entendía este su primer disco en solitario fuera de King Crimson como la tercera parte de una trilogía que había comenzado con su sorprendente colaboración, dos años antes, en el también primer disco en solitario de Daryl Hall (Hall & Oates), Sacred Songs -el cual no sería publicado hasta 1980-, que continuaría con su producción del segundo disco del entonces ya ex-vocalista de Genesis, Peter Gabriel. Con Exposure, Fripp pretendía resolver al fin el enigma de una canción pop que había comenzado a descubrir con su decisión de residir en Manhattan y comenzar a inmiscuirse en toda la escena nuevaolera con gente como Blondie. Todo ello le había llevado a buscar un sonido que, aunque no dejaba de lado totalmente la experimentación sonora que llevaba a cabo con el Rey Carmesí, sí que abandonaba las eternas diatribas que componía para aquellos en pro de un formato canción mucho más concreto y a tono con los tiempos. Es así como Exposure representa un fresco de todo lo aprendido por un músico sumamente metódico y tiránico en el estudio, obsesivo hasta la extenuación y genial se mire por donde se mire, tanto con su banda como con su trabajo como productor de los dos álbumes citados. En el disco colaboran, por supuesto, los otros protagonistas de esa trilogía, Hall y Gabriel, tanto componiendo como cantando, a los que se sumarían gente como Peter Hamill, Terre Roche, Phil Collins, Brian Eno o el magistral bajista Tony Levin. El resultado es, por descontado, brillante y además cargado de contrastes: la furia casi punk de You Burn Me Up I'm A Cigarette, compuesta a medias con Hall, da paso a una de las piezas que más recuerdan a Crimson, sobre todo a su etapa Red, un Breathless cargado de guitarras asesinas como sólo Fripp sabía ejecutar. Tras ellas, mezcla sin inhibición pasajes experimentales como la titular, compuesta con Gabriel, o la ruidista Haaden Two, que habitan sorprendentemente el mismo espacio que ejercicios de blues marciano como Chicago, medios tiempos soul como North Star, piezas delicadas como la folkie Mary o la versión de Here Comes The Flood, que Gabriel ya incluyera en su primer disco solo y que aquí reinterpretan juntos de manera magistral. Un trabajo atípico, estratosférico y tan ajeno a comparación como consciente de su época, que sirve de magnífico complemento a la vasta obra de este excéntrico guitarrista que tanto ha dado a la evolución de la música. Comparado con otros de la lista, es un disco poco conocido. Por eso no os lo debéis perder. 

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19. Bad Girls, Donna Summer (Casablanca):  La secuencia de apertura era sencillamente demoledora: Hot Stuff, Bad Girls y Love Will Allways Find You. Tres temazos como tres soles. Los dos primeros, de hecho, alcanzarían el número uno como singles. Y es que de la ecuación que formaban entre Giorgio Moroder, el mago del italodisco, su socio y magnífico compositor Pete Bellotte, junto con la por entonces primera dama de la canción moderna Donna Summer, una mujer de imagen empoderada, capaz de todo y que encandilaba a la juventud era sin duda sinónimo de éxito rotundo. El disco, doble y con una incidencia en la composición superior a otras ocasiones, nació para brillar cual bola disco. Los dos anteriores ya habían encumbrado las listas y esto tenía que ser el bombazo definitivo. Así fue, nada más salir pasó seis semanas en el número 1 y al poco fue certificado doble platino, convirtiéndose en el éxito más fulminante de la cantante que alcanzó su mayor cota de popularidad hasta el momento, sólo superada por su muy celebrado dueto con Barbara Streissand No More Tears (Enough Is Enough). El disco, que comenzaba a separarse estilísticamente de la más pura música de baile para incorporar elementos de pop y rock, era una producción ambiciosa, que jugaba con todos los elementos a su alcance: dos experimentados técnicos de estudio, una cantante portentosa y versátil y un plantel de músicos y compositores al alcance de pocos. Todo ello hizo que el álbum tuviera una solidez bastante superior a los anteriores, que básicamente se componían de singles y relleno. Aquí tanto los seis singles (a los anteriormente mencionados habría que añadir los igualmente exitosos Dim All The Lights, compuesta por Summer en solitario y Sunset People) que se extrajeron, como las canciones que les acompañan son ejercicios certeros de pop radiable y bailable diseñados para triunfar. Es uno de esos dobles, de los que en esta lista encontraréis varios, en que no sobra absolutamente nada. Todos los elementos cuentan para generar una de las obras definitivas de música de baile, tan futurista, que su sonido es hoy reivindicado por innumerables artistas pop. Sin embargo, Donna Summer, que aquí aparece más ruda que nunca con una portada y una temática en muchas de las canciones que parece una oda a la prostitución, no estaba cómoda con su éxito ni con dicha imagen. Durante el año siguiente a la edición del disco, rompería relaciones con su discográfica y comenzaría a ir por otros derroteros tanto musicales como conceptuales, pero su cima (y probablemente también la de sus productores) no hay duda de que es ésta.

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18. Labour Of Lust, Nick Lowe (Radar): Palabras muy, pero que muy mayores para el que suscribe. Este disco lo llevo clavadito en el corazón, es uno de los discos de mi vida. Y es que no puedo olvidar el momento en que lo compré, el momento en que la aguja del tocadiscos de mi habitación se depositó sobre el vinilo y los golpes de batería a tope de reverb de Cruel To Be Kind dieron entrada a un mundo multicolor que inundó mi cuarto y mi cabeza para no abandonarme jamás. Esta canción para mi tan fetiche ya fue grabada por Nick Lowe con su anterior banda, los esenciales Brinsley Schwartz, pero quedaría archivada y él decidió revisitarla aquí, obteniendo así su más claro hit hasta la fecha y quizá la canción por la que será siempre recordado. Lowe estaba en estado de gracia en lo artístico y en lo personal (en el videoclip de la canción aparecían escenas auténticas de su boda con Carlene Carter, hija de June Carter e hijastra de Johnny Cash) y con este disco alcanzó sin duda su cénit. Como compositor y productor no tenía demasiado que demostrar. Toda la nueva ola inglesa le rendía pleitesía al hombre que producía a Costello y que componía tonadas como What's So Funny About Peace Love And Understanding o I Love The Sound Of Breaking Glass. Además, llevaba años colaborando con el no menos genial Dave Edmunds en una especie de banda fantasma a la que llamaban Rockpile y en la que estaban también el bajista Billy Bremner y el batería Terry Williams (más tarde en Dire Straits) y juntos grabarían varios discos geniales bajo el nombre de Edmunds, el suyo o incluso, al final, con el de la banda en un disco homónimo que aparecería  en 1980 y que también debe reivindicarse con fervor. No obstante, en mi opinión, este es el punto más álgido de esa colaboración. Un disco que tenía dos versiones: la que yo tengo, la americana, con el single American Squirm, un auténtico bombazo, en sustitución de la algo más discreta Endless Grey Ribbon, que completaba la versión inglesa editada por Radar Records. Mi preferencia va para la que he interiorizado, pero realmente la original es la inglesa, aunque todo eso son detalles sin importancia: los cañonazos, sean unos u otros, son siempre de órdago: Cracking Up, Skin Deep, Switchboard Susan, Without Love, Basing Street, Love So Fine, Dose Of You... lo mejor que podía salir de la pluma de uno de los mejores songwritters de la historia de la música popular. Un disco de pop puro que no podía olvidar las raíces americanas que lo movían y dotado de un sonido brillante, poderoso, que redondeaba aún más una materia prima ya de por sí apabullante. Nadie podría hacerlo mejor. Por eso hoy día Mr. Lowe sigue vivito, coleando y haciendo música impecable. Por eso es y siempre será uno de los mejores.

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17. Off The Wall, Michael Jackson (Epic/CBS): Este disco es un milagro. Un prodigio obrado, básicamente, por el encuentro entre un muchacho de 18 años que jamás dejaría de ser un niño, pero que paradójicamente conocía muy bien sus ambiciones y un músico de jazz, a la sazón productor, maduro, rezumante de talento y capaz de todo. La alianza sellada por Michael Jackson y Quincy Jones terminó siendo uno de los negocios más rentables de la historia de la humanidad y artísticamente, juntos diseñaron la paradoja de lo que debía ser la música popular en cada momento de su colaboración. Ellos marcaron la pauta y todo comenzó con una conversación en la que un joven Jacko cansado de aguantar los dictados de todo el mundo y sin un éxito en solitario en varios años preguntó al experimentado Jones si le podía recomendar algún productor para su disco, a lo que Quincy, que había visto en el rodaje de The Wiz, película en la que ambos coincidieron, la profesionalidad y espíritu de trabajo que tenía el muchacho, respondió: "Ya tienes productor". Ese momento histórico generaría una alianza que duraría años y generaría tres discos esenciales para entender la historia del pop. En vista de lo que se avecinaba, la discográfica no reparó en gastos: Quincy llevó al estudio a su crew, que integraba lo mejorcito de los músicos de sesión de Los Angeles (Paulinho Da Costa, Steve Porcaro, Marlo Henderson, Louis Johnson...), junto con un gran plantel de colaboradores de lujo. El equipo de compositores que contribuyeron al disco, además de lo que aportó de por sí Jacko (sobre todo, el mega-hit Don't Stop Till You Get Enough) o el hombre de confianza de Jones, el magistral Rod Temperton, incluía nombres "conocidos" como los de Paul McCartney, Stevie Wonder o Carol Bayer Sager y claro, semejante despliegue de talento junto no podía traer otra cosa que algo descomunal. Un disco pensado al milímetro para tomar al asalto las listas. Y vaya si lo hizo: el disco de música negra más vendido de la historia (hasta que saliera el siguiente, Thriller), que ha despachado más de 20.000.000 de unidades hasta la fecha, con la marca histórica de colocar ¡a la vez! cuatro singles en el top 10 al mismo tiempo (la titular, Rock With You, She's Out Of My Life y Don't Stop...) y desatando, en definitiva, una histeria colectiva que sólo sería superada por los siguientes pasos que daría en el futuro el cantante mano a mano con su productor. El disco estilísticamente por supuesto bebía de las fuentes que el éxito de la disco music propiciaba, pero también encontramos soft rock y pop en una combinación fresca e imaginativa, de un acabado perfecto, que hoy día sigue sonando espléndidamente bien, como si el tiempo no hubiera pasado. Difícil determinar cuál de los tres discos que grabaron juntos es el mejor, pero yo definitivamente me quedaría con Off The Wall porque la inocencia con que fue concebido jamás sería susceptible de repetirse. En Thriller y Bad el dúo de creadores era demasiado consciente de sí mismo y aunque fueran infalibles, eso les restó cierta credibilidad que aquí sin embargo permanece siempre intacta.

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16. Into The Music, Van Morrison (Warner Brothers)El undécimo disco de estudio del irlandés eternamente enfurruñado supuso una recuperación tras "un período de transición", tal como lo definió él mismo en el título de uno de los discos que lo precedieron. En efecto, ni A Period Of Transition ni Wavelenght, sin ser en absoluto malos discos, colmaban las expectativas que despertaba el León de Belfast, que había sido capaz de entregar una serie obscena de obras maestras entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Un hombre especialmente dotado para captar la raíz negra de la música popular y hacerla suya sin perder sus propias raíces célticas ¿Acaso alguien sobre la faz de la tierra es capaz de aunar mística y calentón como él? Por eso llegados a 1979 y tras una americanización excesivamente acusada de su música que ni a él mismo satisfacía, llegaba el momento de volver a pensar en su herencia europea. Y no es que se trate de un disco celta ni mucho menos, de hecho se grabó en los míticos estudios Record Plant de Sausalito y contiene dosis más que generosas de soul, pero las canciones, muchas especialmente introspectivas, fueron creadas en la campiña inglesa y eso les da ese aroma general, ese toque que sus canciones no tenían desde los tiempos de Saint Dominic's Preview. Empezando por el comienzo en plan estampida con tres salvajadas de rhythm and blues hirviente como Bright Side Of The Road, Full Force Gale y Steppin' Out Queen, el disco va bajando el tempo lentamente para llegar al éxtasis místico del final. Así, con un pequeño intermedio para entregar la pieza quizá más bailable que haya jamás hecho su autor, You Make Me Feel So Free, llegan temas de calado como Angeliou, la tonada celta Rolling Hills o el final con la versión de de It's All In The Game (Tommy Edwards). Pero sobre todas ellas resplandece And The Healing Has Begun, un tour de force de ocho minutos, de esos de los que sólo Van es capaz, en que el artista respira un nuevo comienzo. Llego a decir que este disco para él significó volver a nacer y en cierto modo es cierto, con él se nos abrió el corazón de un nuevo Van Morrison que ya nunca volvería a ser el de los tiempos de la Caledonia Soul Orchestra, pero eso da igual cuando lo que le espera es una carrera llena de música sideral que aún hoy brilla como pocas. Into The Music es sin duda uno de los mejores y más importantes trabajos de su autor, esencial para entender el espíritu de la música de este enorme creador.

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15. Highway To Hell, AC/DC (Atlantic): El título le va como anillo al dedo. Realmente, el camino que la banda tuvo que recorrer hasta tener terminado el disco fue parecido a una autopista al infierno, aunque la canción realmente hiciera referencia a sus años en la carretera. Obligados por su discográfica a desembarazarse de su equipo de productores hasta la fecha, Harry Vanda y George Young (hermano de Malcolm y Angus), que habían sido básicos para cincelar el particular sonido de la banda, para acceder a un público mayoritario en EEUU, les pusieron a trabajar con Eddie Kramer, supuestamente más dotado para "comercializar" el sonido de la banda. La cosa no pudo ser más desastrosa, el tipo se atrevió a sugerir que utilizaran teclados (¡sacrilegio!) y que hicieran versiones de Spencer Davies Group. Malcolm agarró el teléfono y rogó a su manager que les quitara a ese mastuerzo de en medio. Así, entró al fin en juego Robert John Mutt Lange, que venía de producir a Boomtown Rats y Graham Parker y que con ellos (y más tarde, con Def Leppard) alcanzaría fama internacional. El sí supo entender las necesidades de la banda y sin restarles ni una gota de su espíritu, realzó un paquete de canciones que era sin duda el de más potencial que habían entregado los hermanos Young junto a su cantante, Bon Scott, que sabía hacer letras lujuriosamente divertidas y sugerentes. Las sesiones en los estudios Roundhouse de Londres fueron largas y extenuantes, nada menos que tres meses cuando los chicos jamás habían tardado en grabar un álbum más de tres semanas. Pero resultaron ser muy fructíferas: el sonido era la bomba y la voz de Bon, al cual Robert John se preocupó de enseñar a cantar correctamente, estaba fuera de órbita. El disco fue un bombazo, con una canción insignia que pegó fuerte en la radio y otras nueve perfectamente capaces de hacer lo mismo. El productor fue lo suficientemente avispado como para aprovechar la extrema sencillez de la estructura de canción que propinaban los muchachos, basada fundamentalmente en riffs contundentes de guitarra y generar con ello hits ultra-radiables añadiendo coros de equipo de rugby y determinados detalles, que no restaban en absoluto espíritu rocker al resultado, pero le añadían mucha comercialidad. Highway To Hell allanó el terreno americano para el bombazo que se avecinaba con su siguiente disco, Back In Black, pero lamentablemente esa es otra historia, con otros protagonistas. Bon Scott no llegaría a disfrutar de todo ese éxito, se quedó por el camino ahogado en su propio vómito. Nos dejaba uno de los grandes vocalistas del rock y con él se cerraba una etapa en la banda. AC/DC fueron mi primer amor, mi primer grupo favorito y para mi las etapas que dividen sus dos vocalistas generan dos bandas diferentes, de las cuales me quedo, claro, con la de Bon, que siempre será "mi banda" y este disco es su gran testamento. Un disco que como ningún otro (por mí, sin menospreciarlos, que se quiten todos los Deep Purple y Zeppelin del mundo) representa lo que es el rock duro. Si uno quiere saber lo que es un riff, no tiene más que escuchar una y otra vez estas diez canciones. Y hacer mano cornuda.

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14. Drums And Wires, XTC (Virgin): Junto a Squeeze, la otra gran injusticia del pop británico es la cometida por la historia con XTC. Una banda con un sonido original, a caballo entre el pop nuevaolero y el post-punk a la que no se ha hecho nunca el caso que merecían debido, quizá, a su acentuada excentricidad y a la negativa de su líder, Andy Patridge, a tocar en directo. Tras dos discos demasiado singulares como para llamar la atención del público -White Music y Go2- con Drums And Wires llegó un acento comercial gracias a que la composición ya no fue una tarea exclusiva de Patridge. El bajista Colin Moulding comenzó a contribuir de forma prolífica, dotándoles al fin de singles, que sin perder la esencia del sonido de la banda, eran potencialmente radiables. Así pasaba, por ejemplo, con el que precedió a la salida del disco, Life Begins At The Hop, que llegaría a ser incluido en algunas ediciones del mismo. Las canciones de Moulding tenían ese acento melódico pegajoso que no tenían las complejas estructuras de las de Patridge, de modo que la combinación de ambas resultaba una fórmula imparable. Así las cosas, además el sonido de la banda había cambiado: su teclista había dejado la formación y habían incorporado un nuevo guitarrista, que acabaría convirtiéndose en pieza clave de su sonido: Dave Gregory. Además, para este disco buscaban un sonido especialmente contundente de batería (de ahí su título), de modo que acudieron a los estudios Townhouse de Londres, famosos por la especial reverb que sacaban del instrumento, a las órdenes del famoso Steve Lilywhite, productor de, entre otros muchos, los primeros discos de U2. El producto de las concienzudas sesiones es sencillamente brillante, con una selección de canciones cinceladas cuidadosamente que miraban por igual al pasado y al futuro. Al aldabonazo inicial de un Making Plans For Nigel, canción de Moulding que sería el único single extraído del álbum y  por la que siempre serán recordados, por representar un retrato social tan sencillo como contundente, le sigue una secuencia de hits sensacional, en la que brillan especialmente Day In Day Out, la espectacular Ten Feet Tall, la nerviosa e infecciosa Reel By Reel o la especialmente compleja, Scissor Man. Canciones, todas ellas, que sólo podríamos esperar escuchar de XTC. Y es que tienen una marca de fábrica tan especial, tan reconocible, que era inevitable que con el paso de los años su influencia haya sido patentemente reconocible no sólo en el ya lejano britpop noventero, si no, de manera más acentuada, en bandas pertenecientes a este siglo como Franz Ferdinand o The Rapture.

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13. Armed Forces, Elvis Costello & The Attractions (Radar)

Y entonces, Costello hizo pop. Durante la gira de presentación de This Years Model tanto él como sus Attractions habían estado escuchando incansablemente a ABBA, llegando incluso a conocer al grupo sueco, por tanto era inevitable acabar así. La grabación de lo que iba a llamarse Emotional Fascism, pero que finalmente terminó usando el algo menos salvaje título Armed Forces, sobre todo teniendo en cuenta el revuelo causado por ciertos bienintencionados comentarios racistas que Elvis soltó por ahí una noche, se prolongó durante seis bizarras semanas en las que la banda literalmente volvió loco a su productor, Nick Lowe. Frente a la potencia controlada y rockista de su anterior y aclamado trabajo, para su tercer lp -el segundo con su banda- el cantante quería un sonido brillante, cercano al de la banda sueca o al de las producciones de Wilson, Bacharach o Spector. Contaba con una materia prima imparable: sólo con las dos cargas de profundidad que suponen Accidents Will Happen, con aquella irónica frase inicial "Oh, no sé por dónde empezar", o ese rabioso alegato anti-imperialista en guante de seda que es Oliver's Army, quizá dos de los mejores singles pop de todos los tiempos, cualquiera hubiera vendido su alma a Satanás. Es precisamente la segunda de esas canciones la que nos da el mejor dato sobre la influencia de la banda de Anni-Frid, Bjorn, Benny y Agnetha. Aquél "ejército de Oliver" no pasaba de ser una pequeña tonada pop endeudada hasta las trancas con el Don't Worry Baby de los Beach Boys que no acababa de satisfacer a su autor y cuyo productor tampoco sabía cómo reconducir hacia algo plausible. De repente, el teclista de los Attractions, el genial Steve Naive, dio la clave: tocó el arreglo de piano de Dancing Queen por encima de la melodía y de repente, todo cuadró. La tonada se convirtió en una de las piezas clave de la carrera del artista y se aupó con suma facilidad al número dos de las listas inglesas. No sólo estas dos canciones resplandecían y se beneficiaban de aquél sonido denso, abigarrado y rutilante, que lograron en el estudio a base de darle caña a los teclados, multiplicar pistas de voz e idear mil triquiñuelas en la mesa de mezclas. La compleja ambientación general del disco encerraba la desquiciada variedad que cabía esperar de un erudito como Costello, pero todo encajaba: la rotundez melódica de Big Boys, Busy Bodies o Two Little Hitlers (de título tan cercano al original del lp), era perfecta compañera para la ampulosidad de la melodramática Party Girl, el ritmo ferial de la gloriosa Sunday’s Best o el acento northern soul que ponía Moods For Moderns, que se anticipaba a lo que sería el siguiente (y favorito del que suscribe) trabajo de Elvis y sus Attractions, Get Happy!. El Gafotas se mantenía así, sin despeinarse, en la cresta de la ola como icono de una new wave en cuyo papel quizás sólo le hacía sombra Debbie Harry. Con este disco se encumbró él como compositor y letrista (o debería decir poeta), Nick Lowe hizo lo propio como productor y los Attractions como una de las mejores bandas de acompañamiento de todos los tiempos. Una obra impresionante tanto en sonido como en concepto lírico, que engrosa una gran cantidad de ellas que posee en su haber el amigo Declan. Y es que pocos se le acercan.

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12. Entertainment!, Gang Of Four (EMI): Seguramente lo que voy a decir haga rasgar sus vestiduras a muchos, pero creo que Entertainment! es al afterpunk lo que Revolver de los Beatles es al pop. Es decir, un disco definitivo y definitorio. Digo que se rasgarán sus vestiduras, no por la comparativa con algo tan supuestamente alejado como los Fab Four, si no porque seguramente la elección de disco clave de este movimiento iría, en la cabeza de muchos, más dirigida a bandas como Joy Division o PIL. Y bueno, no quitaré su razón a quien así lo reivindique, pero para mi este disco tiene ese sonido desordenado, estridente y agresivo que ata la puerta de entrada que fue el punk y la puerta de salida que abrieron los años 80. Aquí uno encuentra pleno sentido a la palabra "after". La evolución del escupitajo punk era esto: cuatro chavales de Leeds, muy arty ellos, que añadieron al bestialismo rockista de los de las crestas su intelectualidad neo-marxista y una buena dosis de funk y música jamaicana. El resultado es potente: una demencia controlada que genera canciones de ritmo obsesivo, martilleante, que funcionan como una bola de demolición gracias a conservar ciertas dosis de impacto melódico. Era lo que pretendían, demoler y crear algo totalmente nuevo. Puede decirse que lo consiguieron, su sonido es único. La personalidad avasallante de un tipo tan atípico como Jonathan Michael "Jon" King se imponía ante unas potentes bases rítmicas en las que, al igual que sucedía en otros actos after-punk, el bajo era el protagonista indiscutible, sin menospreciar en absoluto los guitarrazos asesinos que propiciaba Andy Gill, por supuesto. Unas bases repetitivas hasta la saciedad que se te metían en el córtex y hacían juego con las letras que servía la banda, llenas de nihilismo, insatisfacción y odio social. Su tarjeta de presentación, un EP de tres canciones titulado Damaged Goods, que incluía la así titulada y la que quizá sea su canción más emblemática, Love Like Anthrax, sirvió de antesala para un disco entero, Entertainment!, que no vino sino a confirmar las sospechas: estos tíos traían el cambio. Y es verdad, no se puede ir mucho más allá en el pop de lo que ellos fueron. Prácticamente todo lo que contiene el disco es mayúsculo: At Home He's A Tourist, Natural's Not In It, I Found That Essence Rare... todas conforman un manifiesto que sería leído cual biblia por innumerables sucesores: REM, Pixies, Red Hot Chilly Peppers, Rapture, Radio 4, Franz Ferdinand, Bloc Party... demasiada gente les debe en gran medida su existencia.

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11. B-52's, B-52's (Island): De entrada, que algo tan marciano como esto apareciera nada menos que en la remota Georgia y no en un sitio más adecuado, como por ejemplo, la gran manzana, es ya bastante atípico. Pero es que además, se las apañaron para nadar a contracorriente de absolutamente todo: formados en 1976, cuando los sonidos marrulleros de los Ramones no se escuchaban más allá de Queens, por los hermanos Wilson (Cindy y Ricky), la talentosa teclista y vocalista Kate Pierson, el percusionista Keith Strickland y el poeta, ideólogo, vocalista y tocador de cencerro, Fred Schneider,  juntos dieron forma a un universo propio en el que habitaban las gamberradas de la película Hairspray, de John Waters, el garage sesentero que por entonces se empezaba a descubrir gracias a la recopilación Nuggets de Lenny Kaye, los grupos de chicas de los sesenta, el cine de serie B, los tebeos de ciencia ficción, las novelas de detectives, el soul o el funk, que ellos refundían en un todo multicolor y sobre todo, tremendamente festivo. Si algún día me piden que defina qué es tener ganas de bailar, lo que haré será sacar el debut de los B-52's de su funda y depositar la aguja de mi plato sobre él. Bastarán los primeros compases de Planet Claire para que empiece el desmelene. Pues este disco, amigos, contiene la verdadera esencia de la fiesta. Esos teclados farfisa, esas guitarras twang, esas armonías vocales perfectamente ensambladas, esa voz gritona de Schneider incitando al desmadre... y sobre todo la colección infalible de hits. Pocos debuts pueden vanagloriarse de contener una ristra de salvajadas del nivel de Rock Lobster, Dance This Mess Around, 52 Girls, There's A Moon In The Sky (Called  The Moon) o Lava. Todo funciona como un engranaje perfecto, una máquina de destrucción masivo-festiva que te atrapará sin remedio. Una absoluta genialidad que quizá sólo podía surgir donde surgió, en el profundo sur de los EEUU, donde crearía escena y así saldrían también grupos como REM, pero ellos fueron los pioneros. Pioneros de tantas cosas que hasta da vértigo pensarlo. El año siguiente continuarían con Wild Planet, otra maravilla estratosférica y a partir de ahí su carrera sería desigual, pero sólo por sus dos primeros discos, merecen el más elevado de los altares del pop.

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