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jueves, mayo 26, 2022

Mystic Braves-(Loco Club, València) 22/05/2022



LUZ CÁLIDA EN FORMA DE MÚSICA: CRÓNICA DE MYSTIC BRAVES EN LOCO CLUB- POR PABLO ESCRIG

Hacía meses que el 22 de mayo estaba reservado para una cita obligatoria: los Mystic Braves volvían al Loco, por fin. Como amante de la psicodelia en todas sus vertientes, no me perdí su última visita al Loco en 2019. Recuerdo aquel bolo con cariño, lo disfruté bastante y sentí que ellos cumplieron de sobra. Sin embargo, no dejaban de ser un buen grupo de garageros lisérgicos de Los Ángeles, de los cuales, por suerte, hay muchos. 

Han pasado tres años desde aquel día y los Mystic Braves han experimentado grandes cambios. En primer lugar, el cierre del mítico sello al que pertenecían, Burguer Records (The Growlers, Black Lips, Ryan Adams…), que tuvo que desaparecer tras hacerse público numerosos casos de abusos sexuales a manos de sus trabajadores y músicos. Suceso trágico e indignante del que no voy a hablar en esta crónica porque daría para otro artículo. Otro cambio, ya menos escabroso, tuvo lugar en su formación. El batería fue sustituido por Grant Snyder y el bajista por Modeste Cobián, ambos antiguos miembros de The Buttertones, otra genial banda de Los Ángeles. Por último, el hecho decisivo, los Mystic Braves dejaron de centrarse exclusivamente en referencias sesenteras y comenzaron a empaparse de bandas de la llamada neo-psicodelia. Benditos sean Tame Impala, King Gizzard, Babe Rainbow y toda esta peña australiana dentro de Flightless Records y fuera de él por haber revitalizado el rock en su vertiente más experimental, ácida y espiritual.

Le hacía falta al hastiado panorama musical de la última década. Volviendo a los Mystic Braves… su último sencillo en 2020, “Sea Urchin”, ya mostraba que algo había evolucionado en el sonido de la banda; confirmándose finalmente en 2022 con el lanzamiento del maravilloso LP “Pacific Afterglow”. La banda de Julian Ducatenziler y Shane Stotsenberg ha abrazado un sonido mucho más suave y diáfano, con una considerable mayor presencia de los sintetizadores, menos guitarreo garagero y una cuidada producción a manos de Kyle Mullarky, productor de bandas como Los Growlers o los Allah-Las. Todos estos factores han tenido lugar sin dejar atrás el sonido expansivo y lisérgico del grupo, con el que nos hechizaron el domingo pasado en el Loco Club. 

Siete personas había encima del escenario, pues contaban con Eva y Erini Nomikou, dos alegres hermanas griegas que hacían de coristas. El bolo transcurrió progresivamente, con un inicio tranquilo para ir abriendo poco a poco la mente y aclimatándose a las placenteras melodías californianas que iluminaban la sala. Fue entonces cuando de repente, sin percatarnos de cómo habíamos llegado hasta ahí, nos habían sumergido en un bailoteo frenético, un desmelene psicodélico producido por sonidos de música disco. Y es que esto fue de lo más espectacular de la actuación, la banda no ha renegado en absoluto de su pasado y supieron integrar perfectamente su psicodelia rock con sonidos disco bien fiesteros. Las transiciones eran inmejorables, en una canción podías estar agitando la melena a toda potencia bajo un buen solo de guitarra y, sin predecirlo, a la siguiente estar con los ojos cerrados totalmente imbuido por sonidos atmosféricos de estilo onírico, para después saltar locamente junto a toda una sala en llamas solo creadas por el poder catártico de la música. 

Una sensación de arrobamiento constante que no cesaba ni un solo segundo. Se centraron, como debía ser, en su último disco, pero también cayeron clásicos de la banda. Fue un gustazo en mitad de tantas canciones de amor poder gritar al fin: “Nobody trips like i do, I can hardly see!” de su tema “Trippin Like I do” (2012). Además, nos regalaron de la primera etapa canciones como “Bright Blue Day Haze”, “Mystic Rabbit” o “Please Let me Know”. Todas estas piezas sonaron rockeras pero bajo su nuevo filtro sonoro, lo cual ayudó a integrarlas adecuadamente entre los temas de Pacific Afterglow. Los siete músicos estuvieron tremendos: guitarras sólidas de Shane y Julian, cuya voz sonó de lujo; batería enérgica y entusiasta de Grant Snyder (este lanzó al público varios paquetes de CBD, detallazo fumón), sintes y teclado a manos de Ignacio González, quien produjo una increíble atmósfera que lo bañaba todo de magia… pero me sorprendió especialmente Modeste Cobián, el bajista. El tío impartió clase, destacando constantemente, subiendo aún si cabía más el tono en los momentos de máximo éxtasis. Se marcó algún solo que fue una gozada. 

Por si todo este espectáculo sonoro fuera poco, las hermanas Erini y Eva estaban ahí para hacerlo todo más bello. Sus voces te embriagaban delicadamente para convertir el hechizo en el que estábamos atrapados en algo delicado y alegre. En “Please Let me Know”, corearon repetidas veces el verso “Please save my soul” de una manera que, paradójicamente, te purificaba el alma. Un motivo más por el que fue un acierto llevarlas de gira por Europa fue por lo animadas que estaban en los tramos del concierto en los que no participaban musicalmente, pues sí que lo hacían a nivel performático. Danzaron sonrientes de manera ágil y natural, contagiando buenas vibraciones. Al terminar el show se respiraba amor en la sala, se notaba entre los presentes la agradable camaradería típica de los que acaban de disfrutar una experiencia común. 

Hubo todo lo que tiene que haber en un concierto de psicodelia, la inocencia del devenir y la positividad reinaron en ese presente. Ya para acabar, como anécdota personal -cómo si toda esta crónica no lo fuese- en el post concierto estuve hablando largamente con la banda, todos fueron un amor de personas, pero en especial congenié con Erini (corista), la cual me abrazó y me dijo cosas preciosas, y con Grant (batería), con el que también me fundí en un abrazo tras hablar de música, acúfenos, lsd y de la vida. Me resultó reconfortante comprobar que no eran imaginaciones mías el contacto visual y enérgico que sentí con ellos dos durante todo el concierto. 

Siento un enorme agradecimiento a los Mystic Braves por semejante experiencia y al Loco por su programación, su trato al público, sus siempre espectaculares luces, su nítido sonido… Es un privilegio tener locales así en Valencia. Ahora a esperar a los próximos bolos de psicodelia californiana en el Loco: Frankie and the Witch Fingers (9 de junio) y Death Valley Girls (22 de junio). Ambos prometen, mientras tanto… Keep on truckin!

Texto: Pablo Escrig
Fotos: Patricia Aliambaga

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1 comentario :

  1. Gracias Pablo por reflejar tan bien la experiencia de ver a los Mystic. Una pena enorme no haber asistido, pero siento que gracias a ti he podido apreciar esa cálida y enérgica atmósfera. Un saludo enorme!

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