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    domingo, noviembre 04, 2012

    Petit – Deluxe Pop Club. Valencia, 3-11-12.


    Petit – Deluxe Pop Club. Valencia, 3-11-12.

    Ayer sábado se celebró un nuevo concierto de Petit (seudónimo de Joan Castells), el segundo en Valencia en dos días, esta vez en el Deluxe Pop Club (el primero lo había situado en la Sala Russafa, dentro del Gramolafest 2.0, donde actuaba junto a Lülla y Maronda). Quizás la extrema cercanía del anterior o por lo desafortunado del fin de semana elegido (uno más de puente, y van...), fueron las causantes de que, cuando comenzó la actuación, casi cuarenta minutos después de la hora prevista, sólo estuviéramos seis personas en el recinto, razón por la cual la entrada fue anulada, pasando todos sin pagar los cinco euros, a tumba abierta, como gritó Joan. Después, eso sí, se fue llenando poco a poco, pero no sé si por Petit o por la ubicación en pleno Cedro del propio Deluxe Pop Club.

    Petit, que se presentaba a solas con su guitarra acústica (en verdad, así nos perdemos parte de la maravillosa, arrebatadora y completa instrumentación de sus discos de estudio, pero nos quedamos a solas con sus letras, nuestra tenue luz de vela en la oscuridad, a cuya lumbre podemos estirar las manos), había recibido el día anterior un apelativo de mi compañera de Alquimia Sonora, María: “místico”. Eso le había hecho ponerse en guardia, por si aquéllo me sugestionaba lo suficiente para creer que iba a asistir a alguna actividad más allá de las fronteras de la genialidad. En verdad, ya venía sugestionado por una última escucha, como de preparación, de sus preciosos álbumes. Además, dos de aquellas seis personas “tempraneras” comentaban, entre cervezas pre-show, que la última vez que habían visto a Petit en Valencia estaba acompañado de Clara Andrés, y se preguntaban cómo estaría la cantante (yo les respondería que está genial, como demostró el miércoles en La Tavernaire). No me extraña nada, puesto que Clara y Joan son músicos de la misma raza, aunque la desazón del mundo de éste último sea bastante distinta, finalmente, del maravilloso universo femenino, lleno de matices, de Clara Andrés. ¿Qué le vamos a hacer? Mal que nos pese a los hombres, las mujeres siempre nos sacarán demasiada ventaja.

    Aunque lo primero de lo que hablaba la canción que daba el pistoletazo de salida al concierto era de caminar tranquilamente en la noche, ésta no sería nada tranquila y sí, sorprendentemente, muy accidentada. No sólo Joan, en la excitación de la interpretación de su música, mientras se lamentaba que quería ser fuerte pero ya se había roto, se olvidaba de que tenía un micrófono fijo, y subía y bajaba de la escalera mientras seguía cantando (por suerte, el Deluxe no es demasiado grande, y no se nos escapó nada) hasta llegar a marearse, sino que detenía sus canciones (dio más cancha a las cantadas en inglés que a las recitadas en catalán) para hacer monólogos (un par de ellos geniales) cuasi-cómicos (ahora mismo vuelvo a ello) sobre el amor, su segunda mitad el desamor y la tristeza, con los que muchos nos podíamos identificar, y que acababan entre risas (carcajadas o congeladas, según la sensibilidad de los oyentes) cuando Petit increpaba los gustos sobre hombres y música a tres chicas guapas que no sabían dónde se habían metido (y que culminó, por parte de Joan, con un contundente “a la merda, aixó fan les xiques guapes” - “a la mierda, eso hacen las chicas guapas") o cuando incitaba a dos solteros, asistentes que sí que sabían “dónde estaban”, a que se pusieran a follar por si se acababa el mundo en el 2012. Pero, a pesar de las risas que pudiera suscitar, una cierta amargor (al menos a mi, no sé a los demás) se podía apoderar del oyente: como Woody Allen, sus bromas pertenecían a un clown triste, aterrorizado del devenir del mundo y la vida, pero que aún así sabe sacar el humor de los sucesivos desgarros de un corazón ajado, el cual queda al desnudo, cual casa vacía, en sus casi siempre tristes (algunas realmente demoledoras) canciones, que reflejaban su otra cara con la claridad cristalina de un espejo.

    Por eso, aunque pudiera parecer que el concierto fuera contradictorio entre forma y fondo, no creo que fuera tal. Desde luego, fue sorprendente, inesperado e incluso inquietante por momentos (al parecer el día anterior, en la Sala Russafa, había estado mucho más contenido y se había portado bien), pero, pensándolo durante todo el día después, llego a la conclusión de que era una prolongación de sus mundos interiores, y que lo jodido no puede llevar más que a la desazón absoluta o al sarcasmo como forma de supervivencia. Acabó abrazado a una chica que había sacado de la primera fila, mientras le cantaba, a oscuras (se apagaron todas las luces del local), la canción más lenta del repertorio; ¿qué más quieren?. Quizás actuó con algo de asqueo, o porque la gota había colmado el vaso, o por diversión (a veces una nube es sólo una nube), o simplemente porque todavía somos incapaces de comprender a Joan-Petit en toda su complejidad.

    Sea lo que sea, perdonen la cita fácil, pero Petit es molt gran... y tiene toda la razón.








                                                       Petit - "Velvet"

    Petit - "Christmas Tree"
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