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    domingo, marzo 31, 2013

    Detergente líquido- “Las obras de la catedral”. Discos del Rollo Sello Independiente, 2013.


    Detergente líquido- “Las obras de la catedral”. Discos del Rollo Sello Independiente, 2013.


    Últimamente sonidos maravillosos azotan mis oídos. Estos tres meses que llevamos de 2013 han ofrecido algunas de las mejores cosas del indiepop en mucho tiempo. Ya las iremos desgranando, paso a paso, porque ahora queremos centrar nuestra atención en la provincia andaluza de Cádiz. Porque de ahí son Detergente líquido, una de esas bandas que aparecen directamente en internet (como digo siempre: bien usado es el mejor refugio posible para la buena música), que suben sus discos de manera gratuita, que les cuesta sacar dinero para hacer una gira más allá de la localidad de al lado, pero que no dan menos por menos, sino que las cosas que hacen son tan grandes que es tremendamente injusto que no ocupen más posiciones en listas musicales más allá de las del siempre eficiente Astredupop.


    Decir Detergente líquido conlleva insinuar Noiseland y Que bailen los demás (ambas bandas las voté personalmente, digamos, como mejor álbum nacional para Aquí yace Noiseland -¿cómo no la iba a votar después de escuchar, simplemente, Todo es tan fantástico como el cartel de una farmacia, una de las más impresionantes canciones de los últimos años en este país?- y como grupo revelación, respectivamente, del año pasado aquí mismo, en Alquimia Sonora). Sus miembros coinciden entre los proyectos, las canciones sufren modificaciones de uno a otro, pero siempre acaban apareciendo de nuevo, cada vez mejor, ganando en intensidad y experiencia, aunque, para algunos estándares becerriles de siempre, sonarán mal producidas, pero que a algunos nos hacen pensar en una actitud verdaderamente independiente, punk si se quiere sacar a relucir el ambiguo apodo. Vida, vital, se me ocurre a mi. Sus canciones cuentan situaciones pequeñas, cotidianas, suenan melancólicas, poéticas, mágicas como la luz de las tardes de otoño. ¿Cuánta música, cara o barata, popular o desconocida, puede decir que te hace pensar en que, parafraseando al famoso comentarista de baloncesto, la vida puede ser maravillosa?.


    Y ahí es donde entra una labor tan importante como la de Discos del Rollo, una pequeña empresa dedicada a dinamitar las formas de negocio y transmisión oral a través de redes sociales y bandcamp, con un gusto impecable, absolutamente libre de ataduras, territoriales o genéricas.


    ¿Y las canciones? Deberían descubrirlas aquellos pocos que leerán ésto: Prefiero ser ignorante a saber si soy gilipollas y Canción monótona nº2 son indiepop en estado puro. Haberse deleitado con grupos como Los fresones rebeldes, por poner sólo un ejemplo, y comunicarse irracionalmente con estas dos canciones es todo uno. Hay cosas que no llevo bien y El baile del apio (que ya aparecía en una versión preciosa y electrónica en el ep de Que bailen los demás), en cambio, son dos de esas odiseas urbanas de gente perdida, como lo hemos estado todos, las obras maestras, en mi opinión, del álbum, una forma de, primero, romperse el corazón, y, segundo, volverlo a recomponer y hacer un nuevo intento. Sólo por ellas ya merecería la pena escuchar Las obras de la catedral unas veinte veces. En definitiva, si no han escuchado todavía a Detergente líquido, pásense por el enlace situado un pelín más abajo: se podrían estar perdiendo una vida mejor, una nueva oportunidad... Todo es tan fantástico como el cartel de una farmacia. Piensen en eso.


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