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    domingo, abril 27, 2014

    Respeten al respetable (De festivales y otras aventuras)

    Respeten al respetable (De festivales y otras aventuras)

    Amigos, a los festivales se va a sufrir. Sí, sí, a sufrir. Por muchas experiencias que contemos a la vuelta, por muchas fotos de momentos etílicos y de exaltación de la amistad que subamos a las redes sociales y por mucho que disfrutemos con la música, en el fondo todo "festivalero" sufre durante un festival. Y si no lo haces, es que no lo has vivido a fondo. 

    Los padecimientos pueden ser de muy variados tipos y todos tenemos nuestras historias particulares o de otros para ilustrarlo, pero a pesar de ello, repetimos una y otra vez. ¿Quién no ha dicho "a este festival no vuelvo nunca más"? O "ya estoy mayor para esto, el año que viene me gasto mis ahorros en unas buenas vacaciones". Quizá somos una especie en cierto modo masoquista, o puede que estemos tan enganchados a la cultura del escenario que no podemos pasar sin ella, sin nuestra dosis veraniega que compensa la escasa actividad de las salas en estas fechas. 


    ¿Y qué ocurre cuando te ofrecen un macro festival fuera del circuito veraniego, en plenas vacaciones de Semana Santa, cerca de casa, a un precio asequible y con un cartel repleto de nombres del "indie" español? Que no lo puedes evitar, y compras el abono. Convences a tus amigos, a tu pareja, chantajeas a los colegas y planificas unas vacaciones diferentes, lejos de procesiones y capirotes. Y piensas..."No estoy mayor"

    Te preparas para sufrir largas noches de incomodidades si eliges un camping, para destrozar tus pies y quemar zapatilla por yermos parajes y enormes recintos, para lesionar tu estómago con comida basura y alcohol a precios abusivos, para soportar multitudes y sacrificar tu espacio vital en pos de la liturgia del directo. Te entrenas para aguantar escasas condiciones higiénicas, basura y olores, colas interminables en los baños, pelmazos haciendo botellón y lo que no es botellón, multitudes enfervorecidas, groupies que venden hasta a su mejor amiga por la posibilidad de la primera fila, pisotones, codazos, insectos y posibles lesiones. Incluso nos mentalizamos ante la posibilidad de lluvia, incendios y huracanes. O para (la peor de todas las posibilidades) sacrificar algunos grupos porque los horarios son crueles y coinciden varios de esos grupos a los que matarías por ver. 


    Pero hay algo para lo que nunca te preparas, porque la música es, al fin y al cabo, el motivo por el que seguimos cayendo año tras año. Y excepto posibles fallos puntuales, damos por hecho que el sonido va a tener la calidad y potencia suficientes para disfrutar de los directos. La única condición imprescindible, lo que hace que merezcan la pena los kilómetros recorridos y el esfuerzo. Tu objetivo como público, y el de todos los que trabajan para ello. 

    Que no se permita que los músicos hagan su trabajo en condiciones óptimas, que el sonido falle de manera importante y que el espectáculo, aquello por lo que estás ahí, se vea deslucido de ese modo, es romper las condiciones del contrato entre artistas y público. Un contrato no escrito, al fin y al cabo, pero asumido por todas y cada una de las partes.

    Toda primera edición tiene su riesgo. Un festival debe ganarse el nombre, y hacerse un hueco entre el panorama cada vez más concurrido. Festivales que desaparecen, otros que nacen cada temporada, algunos que mejoran con el tiempo y otros que cometen los mismos errores año tras año. Cada uno tiene sus preferencias, por diversos motivos, y un grado diferente de tolerancia con los fallos. Pero como público, no deberíamos tolerar errores tan graves en la sonorización. 

    ¿Os imaginais una obra de teatro en la que no se escucha a los actores, una proyección en una sala de cine en la que no se entienden los diálogos, o un partido de fútbol con la visibilidad gravemente mermada? O que habeis comprado vuestra entrada para cualquier evento cultural y modifican el horario sin previo aviso. Es más...Pensad que todo esto ocurre y que los responsables no dan explicaciones, o son insuficientes. Que se escudan en el "buenrollismo" del público y en una mascota que deambula por las butacas y se hace fotos con el personal. Que los actores o futbolistas pidan disculpas porque todo su esfuerzo no compensa unos errores que no tienen nada que ver con su trabajo. O también, por qué no, que parte del público no dé importancia al hecho de no haber podido disfrutar de aquello por lo que ha pagado, y se vaya contento a casa, porque se lo ha pasado genial por poco dinero entre las gradas de un estadio. 

    ¿Pedirías la devolución del importe de tu entrada de cine si la proyección tuviese fallos graves de sonido? ¿Te irías a mitad de película? ¿O seguirías en la sala, a pesar de todo? 


    Traslademos todas estas situaciones hipotéticas a lo que se vivió hace unos días en el San San Festival, y que cada uno saque sus conclusiones. 

    Si tuvieramos que hacer una valoración del festival de Gandía diríamos que sus mayores aciertos estuvieron en el recinto y servicios, y que falló estrepitosamente en el apartado musical (Principalmente en lo que se refiere al escenario principal) y en la gestión de las redes sociales. 

    La paciencia del público no es infinita. La tarde del jueves comenzó ya con retrasos supuestamente provocados por la lluvia de la noche anterior, y la mala sonorización y la escasa potencia de los equipos, unidas a unas pruebas de sonido eternas y en ocasiones extrañas, deslucieron una jornada inaugural de la que esperábamos mucho más. El escenario grande veía desfilar artistas que no podían desarrollar su trabajo en las condiciones que merecen. "¡Necesito que suene mi puta guitarra!" fue el grito de la gran Maika Makovski, y puede servir de perfecto ejemplo de lo que vivieron muchos de los músicos que se subieron al Jack Daniel´s durante esos tres días.


    La tónica del viernes fue parecida. La excusa de la lluvia ya no servía pero los problemas fueron similares. Retrasos, cambios en la programación (Y poca información: ni megafonía, ni pantallas; a lo que añadimos problemas para conectarse a internet), reducción del tiempo de actuaciones y un sonido algo mejor que el día anterior pero aún con problemas. 

    El sábado, cambio de equipos, con lo que fue el mejor día del festival; Aún así, la potencia sónica brilló por su ausencia y algunos conciertos resultaron descafeinados. Artistas con directos de altísima calidad como Julio de la Rosa, Xoel López, Amaral o Iván Ferreiro (por citar algunos) no dieron de sí todo aquello a lo que nos tienen acostumbrados. Mención aparte merece el Escenario Piscina, en el que aunque hubo algunos cambios de horario, mantuvo una calidad de sonido bastante aceptable. 


    Señores organizadores del San San Festival: Deseamos que se lleve a cabo una segunda edición. Un evento que reune semejante plantel de artistas, con fechas fuera del circuito estival y en nuestras tierras, es una magnífica noticia. Como público, apoyaremos incondicionalmente la música en directo y las nuevas iniciativas. Respeten al respetable, ofrezcan calidad, mejoren sus errores y el público responderá. Siempre.

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