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    domingo, marzo 06, 2016

    Fominder + Chlorophile. El Asesino. Valencia, 5 – 3 – 2016


    Fominder + Chlorophile. El Asesino. Valencia, 5 – 3 – 2016

    “Mis canciones son más importantes que yo”. Quizás una afirmación así, escuchada en “El circo robado”, suene excesiva, pero anoche, sobre el escenario del local clásico del valenciano Cedro, El asesino, esa frase cobraba cierto sentido y visos de razón: Fominder, banda zaragozana, aterrizaba ayer en una Valencia odiosamente pre-Fallas (lo que significa calles cerradas, autobuses que pasan muy de tanto en tanto...) para presentar su nuevo álbum, “El circo robado”, nombre también de su gira.

    Fominder es una de esas raras excepciones en las que un cierto número de influencias dan lugar, a base de talento y una acusada, contrastada y tremenda personalidad, a algo nuevo, de una hermosura particular, como encontrar una flor en medio de un desolado páramo desierto. Una voz dura, de texturas casi pomposas y operísticas, unas potentes guitarras rock y un dulce fondo pop, acompañadas de unas canciones tristes y melancólicas sobre la soledad y la necesidad de descansar la mente en una sociedad que oprime cualquier asomo de ilusión, fantasía, y, finalmente, una libertad original, la del niño que sueña con un mundo mejor mientras a su alrededor todo parece derrumbarse (tema que se va repitiendo una y otra vez en las letras de la banda), llevan al extremo esa rara combinación.

    A Fominder les había visto ya en el Deluxe Pop Club, cuando vinieron a presentar su anterior cd, “Kosmodermia” (como “El circo robado”, en descarga gratuita en su bandcamp), en una versión menos eléctrica, pero, ayer, por fin, los pude ver en toda su enorme potencia y carisma. La treintena de personas que se quedaron a su concierto seguro que lo comparten igualmente.

    Y digo la treintena de personas que se quedaron porque cuando llegué a la sala estaba empezando Chlorophile delante de casi un centenar (y si no eran cien, lo parecía; tal era la asfixia de gente en la sala. No había manera de acercarse a diez metros del escenario). Chlorophile se presentaba en un formato, por contra, más “acústico”, tal y como habían estado avisando toda la semana por lesión de su batería (que se quedó tocando la pandereta durante el concierto), aunque reconozco que no había escuchado nada, hasta ayer, de ellos. Mi primera impresión es la de haber visto a una de esas bandas americanas que abarrotan los pubs de Estados Unidos entre semana: ahora sacaban el saxofón y se acercaban a Beirut, como se iban un poco hacia el bluegrass, o de repente la emprendían a toquecillos de Neil Young.

    En Chlorophile todo sonaba en su sitio, bonito, pero a la vez dejaban un pequeño espacio para un bello y nada pretencioso caos. Era sólo gente joven (sí, juvenil, como me mencionó en la sala un conocido) que disfrutaba de poder presentar sus sumamente agradables canciones, mucho mejores que la media no sólo local, sino también nacional. Y las canciones son lo más importante.

    Más info:

                                                                           Fominder











    Chlorophile


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