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    jueves, julio 13, 2017

    Los Radiadores ladrarán por fin en Valencia

    Los valencianos Radiadores, grupo comandado por Raúl Tamarit, presentan este viernes en su ciudad (16 Toneladas) el disco que ya está en boca de todo el mundo: un "Los perros ladraron" que representa su salto cualitativo más importante hasta la fecha. 


    La hoja de ruta de Raúl Tamarit es más bien sencilla, se resume en tres palabras: Rock and Roll. 

    Desde que dejara Una Sonrisa Terrible (e imagino que también antes) su punto de mira, su ojo de Sauron, ha estado clavado en ese objetivo; alcanzar el sueño de tener una banda como las que él siempre admiró, grabar discos con canciones potentes, derrochar todo el sudor posible en los directos y en definitiva, vivir según unos cánones que ha hecho suyos con naturalidad, sin ridículas posturas y sin pedir permiso a nadie. Como debe -o debería- ser. 

    Por si eso fuera poco, es además uno de esos soldados que se quedan en la trinchera para cubrir el paso de los demás. No contento con su actividad con Radiadores, su banda, se dedica al periodismo musical, es dj y co-regenta uno de los bares más vibrantes de la ciudad del Túria: George Best Club. Pocos se atreven con tanto. Pocos quieren asumir el riesgo de dejar de ser franco-tiradores para comenzar a ametrallar a diestro y siniestro. Y eso que es muy necesario para agitar algo en los tiempos que corren. 

    Pese a todo, en su empresa, Tamarit no se encuentra sólo. Cuenta con la compañía de otros personajes no poco singulares: Jose Antonio Nova, alias "El Joven" (guitarra), es otro tipo de esos "inventables" en caso de que no existiera. Pero existe y también es un tipo dinámico y auténtico, al igual que los restantes. Sergio Domingo (bajista) y Vicente Vila "Metralla" (batería) son otros dos veteranos amantes irredentos de la música y carentes de tapujos a la hora de manifestarlo. Los cuatro forman una especie de Equipo A, de Ramones de la terreta dignos de que alguien se arrancara a hacer un cómic sobre ellos (seguro que al Joven le encantaría eso).

    Desde su primer ofrecimiento discográfico, aquél corto "Bienvenido" (Flor y Nata, 2011), ha llovido bastante. Algún cambio de formación, un single de colaboración con la Gran Esperanza Blanca y dos estupendos largos, "Manual de Supervivencia" (Bonavena, 2013) y "Gasolina, Santos y Calaveras" (Bonavena, 2014), que desembocan, tras un paréntesis de tres años, en el recién editado "Los perros ladraron" (Bonavena, 2017). 

    Y la espera, como suele ocurrir con la gente meticulosa, ha traído consigo el subsiguiente salto cualitativo: su nueva referencia multiplica las virtudes de las anteriores aventuras de una forma exponencial. Si antes ya estábamos ante unas canciones tan potentes como inteligentes, en esta ocasión, la complejidad de arreglos y la ampliación de paleta estilística han hecho acto de presencia como una gran rampa que sirve de impulso a la evolución que nunca a dejado de suceder, pero que ahora se deja notar mucho más. 

    Grabado haciendo gala de fidelidad una vez más con el productor Dani Cardona, si bien contando para las mezclas con el recurrente Luís Martínez (Little Canyon), el nuevo trabajo de los Radiadores presenta toda una batería de potentes razones para adquirir el difícil título del mejor de sus elepés.

    La voz de Raúl suena mucho más segura, con más enjundia, merced a unas letras que han crecido enormemente en profundidad y madurez ("Felicidad" sería un gran ejemplo). Las guitarras han perdido estridencia, pero no intensidad. Hay una mayor limpieza que beneficia el conjunto, dado que permite un mayor aprecio de los soberbios arreglos que El Joven desarrolla, tan cuidados y en el sitio, arropados por la imperturbable muralla rítmica de Sergio y El Metralla. Se respira banda, camaradería y experiencia bien invertida.

    Por supuesto, todo este empaque del que hablo no serviría de gran cosa si la materia prima, es decir, las canciones, no consistiera en un conjunto de nueve dianas, todas ellas redondas. Da la sensación de que lo han conseguido: han dado al fin con la colección adecuada. Ha llegado el momento que espera todo grupo, ese en el que coinciden todos los elementos en un mismo punto de calidad, sin altibajos.


    Tenemos por un lado, los esperables trallazos rockeros que, en base a esa mayor limpieza de sonido, se benefician de una cierta orientación pop, no tan presente en anteriores lanzamientos de la banda y que quizá les aproxime un poco a toda aquella época de la nueva ola inglesa, con referencias como Vibrators, Only Ones o Costello y sus Attractions. Hablo de la brillante "Estás de suerte", todo un single, de "Dando lecciones", con su estupendo riff o de la chulesca y pub-rockera "Buddy Holly", que abre el álbum. Y ojo que también tienen espacio para el punk más 77, como en el caso de la innegablemente ramonera "Marte ya no nos quiere" o la algo más oscura "Sin saber qué hacer", en donde la furia pone la guinda al pastel.

    Pero es en las demás canciones donde Tamarit y sus secuaces están marcando realmente la diferencia: en "Más no te puedo dar", canción descarnada y confesional llena de unas texturas a las que para nada nos tenían acostumbrados. Una canción que navega entre atmósferas burbujeantes, al igual que la maravillosa y embriagadora "Familia", quizá la mejor del lote y que Raúl dedica a sus dos hijas, respirando una inocencia y una calidad compositiva digna de las mejores Vainica Doble.

    Reservan el pop perfecto para la recta final del disco: "La última función", con su sabor agridulce, es quizá el momento más melódico del trabajo y podría ser una puerta abierta hacia un futuro en esta línea, que no en vano cuenta con la colaboración de Manolo Bertrán a las 12 cuerdas, puesto que recuerda para bien a parte de la música de Doctor Divago.

    Y para colofón del disco, la sorpresa mayúscula. Reservan para acabar "Cuerdo de atar", un tema lleno de guitarras lisérgicas, de melodías circulares que atrapan sin querer y con un sonido aguerrido y energizante que supone la culminación redonda de un soberbio trabajo. Un disco que además han cuidado hasta el paroxismo, usando por vez primera el formato vinilo (con portada a cargo de la diseñadora Balbina Benito) para comercializarlo y arriesgándose una vez más, haciendo honor a su autenticidad, en un mundo en que los formatos físicos son una especie en extinción.


    Por todo ello entono, una vez más, un gran BRAVO. Una sincera ovación hacia una trayectoria ejemplar, una actitud digna de todos los parabienes y un disco soberbio bajo el brazo, que los Radiadores van a presentar este mismo viernes 14 de julio en la valenciana Sala 16 Toneladas (entradas aquí), en un concierto doblemente interesante puesto que les acompañan en cartel Los Amantes, estupenda banda procedente de Castellón que cultiva un power-pop de lo más enérgico y que suponen otro aliciente para no perderse esta noche llena de guitarras, actitud y desafío al postureo.










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