Abandonábamos ayer el recinto Marenostrum, pasadas las 1 de la madrugada, con la sensación de haber asistido a un festival de lujo y lamentando cuánta gente se ha perdido esta gran experiencia por prejuicios y comentarios sin criterio y con más ánimo de dañar la imagen del único festival de gran formato que se hace en Andalucía, cuando leímos, ya en el coche, el comunicado que sirvió como despedida a dos ediciones en la que hemos disfrutado de grandes artistas en los escenarios de Sun&Thunder.
Con tristeza pero viéndose ante lo inevitable, la organización cerró ayer un ciclo que vuelve a dejarnos huérfanos de grandes bandas en estas latitudes. Si ha habido caídas de cartel, contratiempos, cosas mejorables o problemas ajenos a la organización hay que decir también que montar un festival de este tamaño y categoría es un riesgo que pocos promotores deciden asumir por lo que esta despedida nos deja un sabor agrio y la sensación de otra oportunidad perdida.
Asumida la situación, y con todo el apoyo al festival, toca contar la jornada de ayer en la que Nefarious irrumpió en el Sun&Thunder con la contundencia propia de una formación llamada a reivindicar la esencia más afilada y agresiva del thrash metal. La superbanda californiana, integrada por músicos con una amplia trayectoria en algunas de las formaciones más importantes de la escena estadounidense, hizo gala desde el primer momento de esa experiencia, ofreciendo un concierto sólido, directo y construido sobre riffs incisivos, velocidad y una energía que conectó rápidamente con el público.
La puesta en escena estuvo plenamente acorde con lo que cabía esperar de una banda de estas características, sobria, contundente y sin artificios innecesarios, dejando que fuera la música la verdadera protagonista. Sobre el escenario, Nefarious desplegó un sonido poderoso y compacto, con una ejecución precisa y una actitud que recuperaba el espíritu clásico del género, aunque trasladado a una perspectiva contemporánea. La presencia vocal y escénica de Sean Rivera aportó además la garra necesaria para mantener la intensidad durante toda la actuación.
El concierto sirvió también para confirmar el buen momento de la formación y defender sobre las tablas la personalidad que han plasmado en Addicted to Power. Nefarious no buscó reinventar las reglas del thrash, sino demostrar que, cuando el género se interpreta con experiencia, convicción y la suficiente dosis de agresividad, sigue teniendo una fuerza arrolladora. Su paso por el tercer día del Sun&Thunder dejó así una descarga de metal clásico y musculoso, capaz de satisfacer tanto a los seguidores más veteranos como a quienes siguen descubriendo la vigencia de este sonido.
Calva Louise tomó el relevo en la jornada aportando un soplo de aire fresco y, por fin, otra presencia femenina al frente de una banda sobre las tablas del festival. Su propuesta, mucho más cercana a los sonidos del metal moderno, sirvió para ampliar el abanico estilístico de una jornada marcada hasta ese momento por sonoridades más clásicas y contundentes. Una diversidad que siempre se agradece en un festival de estas características y que conecta especialmente con una parte del público cada vez más receptiva a las nuevas vertientes del género.
El concierto tuvo un pequeño contratiempo cuando una de las guitarras de Jess Allanic sufrió un problema técnico que obligó a detener momentáneamente la interpretación. Lejos de que aquello empañara la actuación, la banda resolvió la situación cambiando el instrumento y retomando el tema desde el principio, demostrando profesionalidad y manteniendo intacta la energía sobre el escenario. Un incidente que, finalmente, quedó como una anécdota dentro de una actuación intensa y dinámica que alterna temas en inglés y español con naturalidad.
Especial protagonismo tuvo Jess, la vocalista, cuya voz versátil se convirtió en uno de los grandes atractivos del concierto, moviéndose con soltura entre diferentes registros y adaptándose perfectamente a los cambios de intensidad que propone la música de Calva Louise. Se agradeció especialmente la presencia de una formación que representa ese metal moderno, híbrido y abierto a nuevas influencias que tanto éxito tiene actualmente en muchos festivales. Su paso por el festival aportó variedad, frescura y una necesaria mirada hacia el presente, y probablemente también hacia el futuro, de los sonidos más pesados.
Como anécdota Allanic, utilizó un poco del tiempo disponible para su show para recordar a las víctimas de los terremotos de Venezuela y Colombia y pedir ayuda para ambos países tras los enormes daños que se han producido en ambos, lo cual, habla también mucho de la implicación de la banda con el mundo que les rodea.
Primal Fear llegó al escenario confirmando por qué los alemanes continúan siendo una de las grandes bandas de referencia dentro de su estilo. Con una presencia imponente y un sonido poderoso, la formación desplegó sobre el escenario toda la experiencia acumulada durante décadas de trayectoria, combinando la contundencia del heavy metal más clásico con la velocidad y la épica que han convertido su propuesta en una de las más reconocibles del panorama internacional. La actual formación, integrada por Ralf Scheepers a la voz, Mat Sinner al bajo, Magnus Karlsson y Thalia Bellazecca a las guitarras y André Hilgers a la batería, demostró una compenetración absoluta y una enorme solvencia durante toda la actuación.
Uno de los nombres propios de la noche fue, sin duda, Thalia Bellazecca, cuya enorme destreza a la guitarra dejó algunos de los momentos más destacados del concierto. Su técnica, seguridad y energía sobre las tablas encajaron a la perfección con el potente engranaje formado junto a Magnus Karlsson, mientras la sólida base rítmica de Mat Sinner y André Hilgers sostenía el peso de una maquinaria perfectamente engrasada. Temas como We Walk Without Fear, Destroyer, I Am the Primal Fear o Nuclear Fire sirvieron para mantener la intensidad en una actuación que hizo un amplio recorrido por la identidad sonora de la banda.
Pero si hubo una figura capaz de concentrar inevitablemente todas las miradas, esa fue Ralf Scheepers. Su prodigiosa voz continúa siendo uno de los grandes argumentos de Primal Fear y volvió a demostrar una capacidad vocal extraordinaria, alcanzando registros elevados con potencia y aparente facilidad. La recta final del concierto, con canciones como The Hunter, The End Is Near, Fighting the Darkness, Final Embrace, Chainbreaker y Metal Is Forever, puso el broche a una actuación de enorme fuerza. Al frente de una banda que sigue defendiendo su identidad con absoluta convicción, Scheepers y los suyos demostraron una vez más que Primal Fear son, desde hace años, una de las grandes referencias del heavy metal europeo y una formación capaz de imponer su autoridad en cualquier escenario.
Si hubo una actuación capaz de elevar la noche a la categoría de acontecimiento, esa fue la de Tobias Sammet’s Avantasia. Más que un concierto, lo que se vivió en el Sun & Thunder fue un auténtico espectáculo integral, una producción de gran formato en la que la música se fundió con proyecciones, decorados, fuegos y un impresionante despliegue de efectos visuales que convirtió el escenario en un universo propio.
La velada arrancó con una Intro, antes de que Sammet tomara definitivamente las riendas con Creepshow y comenzara un viaje por las diferentes etapas y personajes que conforman el particular mundo de Avantasia. Uno de los grandes atractivos del proyecto volvió a ser, por supuesto, la sucesión de invitados sobre el escenario. Reach Out for the Light reunió a Tobias con Ralf Scheepers, mientras que Herbie Langhans apareció junto al anfitrión en Devil in the Belfry. La épica continuó con Avantasia, compartida con Kenny Leckremo, y con Let the Storm Descend Upon You, en la que Tobias estuvo acompañado por Ronnie Atkins y Herbie Langhans.
El carácter coral del espectáculo quedó especialmente patente en The Promised Land, defendida por Ronnie Atkins y Kenny Leckremo, mientras que Sammet volvió a asumir el protagonismo en piezas como The Toymaster. La recta central del concierto dejó otros momentos destacados con Shelter from the Rain, junto a Ralf Scheepers y Herbie Langhans, y la siempre emotiva Farewell, en la que participó Chiara Tricarico.
El tramo final mantuvo intacta la intensidad con The Scarecrow, compartida con Ronnie Atkins, Lucifer y un cierre colectivo con Sign of the Angels, interpretada por Tobias junto a todos los artistas invitados. Una auténtica celebración de la esencia de Avantasia, donde las voces se sucedieron, se cruzaron y se complementaron como personajes de una gigantesca ópera rock.
A pesar de que Tobias Sammet no parece atravesar su mejor momento vocal, el alemán volvió a demostrar que su grandeza sobre un escenario va mucho más allá de la perfección técnica. Carismático, cercano, divertido y absolutamente consciente de cómo conducir un espectáculo de estas dimensiones, brilló con luz propia como maestro de ceremonias de un proyecto que sigue teniendo en el directo una de sus armas más poderosas. Avantasia ofreció en el Sun & Thunder fantasía, metal, teatro y espectáculo a partes iguales. Una actuación espectacular en todos los sentidos, de esas que no se limitan a escuchar, se viven.
Soen fueron los encargados de poner el punto final al Sun&Thunder y lo hicieron con la elegancia, la personalidad y el buen hacer que caracterizan a una de las propuestas más interesantes del metal contemporáneo. Tras varias jornadas de intensidad, riffs afilados y contundencia, la banda ofreció el cierre perfecto gracias a una actuación cargada de matices, atmósferas y esa capacidad tan particular para combinar la fuerza del metal con pasajes mucho más emocionales y envolventes.
Sobre el escenario, Soen demostraron una enorme solidez, construyendo un concierto en el que cada pieza parecía encajar con precisión. La banda supo mantener la atención del público alternando momentos de mayor intensidad con otros más pausados y profundos, creando una atmósfera especial para despedir el festival. Su interpretación, siempre elegante y técnicamente impecable, puso de manifiesto la personalidad de un grupo que ha sabido construir un sonido propio dentro de una escena cada vez más amplia y diversa.
Y así, con Soen sobre las tablas, el Sun&Thunder llegó a su fin. Un cierre a la altura de un festival que durante sus tres jornadas nos ha dejado muchas y muy agradables sorpresas, con propuestas de estilos muy diferentes y actuaciones capaces de satisfacer a públicos de distintas sensibilidades dentro del universo del metal. La banda sueca fue, sin duda, la elección perfecta para bajar el telón, un final elegante para una edición que deja muy buenas sensaciones y el deseo de volver a vivir nuevas jornadas de música, fuerza y pasión.
Tras todo lo ocurrido ayer, cabría hacer un apartado de coclusiones, propuestas constructivas a la organización, pedirles alguna mejora y hablar de lo que ha sido perfecto. Pero cuando un festival se despide justo tras la bajada de telón sólo nos queda intentar recordar los buenos momentos vividos estos dos años, agradecer que hayan contado con nosotras para cubrirlo y esperar que en un futuro no lejano los grandes festivales se asienten en el sur con la misma fuerza con que ya lo han hecho muchos de ellos en diversas ciudades del norte. Larga vida al metal. Sol y truenos para todos.


















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