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    martes, noviembre 13, 2012

    Pelusa – Kaf Café. Valencia, 12 – 11- 12.


    Pelusa – Kaf Café. Valencia, 12 – 11- 12.

    Este fin de semana ha pasado por Valencia, con dos conciertos distintos (el viernes en el Deluxe Pop Club, y, una vez ya acabado el descanso “finisemanal”, el lunes en el Kaf Café), y entre la indiferencia de los medios y las agendas culturales (no nos extraña, vistos sus “intereses”), Pelusa (seudónimo de Floren Guillén, aunque figura en los libretos de sus álbumes como Floren Orts, así que me quedo con el asalto de la duda). Al directo al que asistí, el del Kaf Café, poca gente acudió, apenas una quincena de personas (y dudo que lo hicieran por el concierto, sino que, simplemente, se la encontraron allí mientras se tomaban algo o degustaban uno de los minibocadillos del local, como el que me pedí yo de cebolla caramelizada y queso de cabra, de calidad superior, por cierto).

    Durante el concierto, me llamó la atención una cosa: Floren había escrito el tracklist en un mapa (no reconocí de dónde, puesto que estaba doblado, pero era una zona costera, ya que delimitaba con el mar). Realmente, si lo piensas, no sólo su música, sino Pelusa en si, están situadas entre dos fronteras, una terrenal y oscura (aunque no tenebrosa), que vendría a ser representada por la guitarra eléctrica (en la que se reflejaba, como un espejo, toda la escasa iluminación del local) con la que comenzó y acabó el concierto, y la acuática, etérea, dada a conocer por la guitarra acústica que se erigió como la protagonista de la parte intermedia de la actuación.

    Luces y sombras, metaforizadas por la luz cenital, difusa y algo coloreada por los filtros de las pequeñas lámparas del techo, que caían a plomo (y al mismo tiempo tenuemente) sobre Floren, moldeándole su carita, bostezante de sueño, y su preciosa voz (cuando cantaba, porque cuando hablaba sonaba susurrante, cansada, aunque no menos bella). Catalán (emocionante su interpretación de Un pou, dedicada a dos mallorquines asesinados por plantarle cara a los catalanes unos cuantos siglos antes y homenajeados por un pozo ubicado justo al lado de la casa donde Floren vivió durante unos años en Mallorca, aunque, avisaba, la historia, en teoría, ni le debía ir ni venir, puesto que no había nacido en la isla) e inglés, lengua en la que nos aporreó con la intensa Calling, en la que su voz llegó a ser tan rotunda que consiguió distorsionar el sonido (que se acopló unas cuantas veces durante el concierto, por cierto, incluida una antes de comenzar, marca rompetímpanos). Canciones de amor y tormento. Sus protagonistas eran unos cobardes y unos valientes a la vez. Los pájaros de una escena romántica se convertían en animales dignos de temer. Contrastes, pero nunca contradicciones, gracias a la mirada límpida de Pelusa.

    A pesar, volvemos a ello, de la escasez de público, Pelusa ha prometido volver a Valencia, contenta y agradecida aún así de haber sido visitada por unos pocos. A ver si esa próxima vez la respuesta es la merecida por su torrencial cúmulo de emociones.





    Pelusa - "Calling"
    Pelusa - "Birds"


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