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    lunes, diciembre 24, 2012

    Flea Circus – Café-Pub El Volander. Valencia, 22 – 12 – 2012


    Flea Circus – Café-Pub El Volander. Valencia, 22 – 12 – 2012

    Hay grupos que se forman entre historias curiosas y extrañas... y después están inicios tan peculiares como el de Flea Circus. Como una pirueta verdaderamente circense, la historia comienza con los problemas de salud del bajista de la banda, Vicente Eduardo Aleixandre (que había militado en algunos grupos más o menos dark durante los años 90, como El sueño de Elvira, y que también se dedica a la música electrónica casera con otro proyecto individual, Undermoon), y su posterior estancia en una clínica de Torrente, donde una de las enfermeras que le atienden, Rosa Ferreira, entabla amistad con él, y, tras el paso de unos meses de rigor y recuperación, éste le ofrece probar como voz solista de un nuevo proyecto musical, Flea Circus, una banda compuesta por cuatro miembros (voz, guitarra, bajo y batería, aunque ha sufrido algún cambio desde su formación: en la actualidad se completa con el guitarra Iván Cáceres y el batería Ángel Martínez) y que toca letras originales compuestas por Marcos Vanacloig.

    Durante los ensayos, y como típico grupo que comienza, no ven otro remedio que añadir algunas cuantas covers para rellenar el repertorio, con el que comienzan a intentar girar por Valencia (quizás, a ojos ajenos, con no demasiada fortuna: salen a unos cuatro bolos por año). El primer concierto se celebra en El Volander, donde el pasado sábado volvieron por tercera vez (una por año), adelantándose a la Navidad, con una actuación semieléctrica a última hora de la tarde a la que podían entrar niños sin mayor problema.

    Este detalle, el de la asistencia infantil, creo que es importante para entender el carácter del grupo, pero ahora vuelvo a ello. Primero un pequeño inciso para delatar esa tendencia que hay en Valencia (supongo que también en el resto de España, pero no tengo precisamente un país en la mochila, así que no estoy en disposición de comprobarlo por mi mismo) a que los pequeños grupos se tengan que recluir al semieléctrico, semiacústico o acústico puro y duro para poder sobrevivir, entre algunos promotores que quieren pegarles un sablazo monetario por tocar en eléctrico en buenas condiciones sonoras (con ese dinero, después, se financian los conciertos de las grandes bandas o de los grupos extranjeros, muchos de los cuales no llegan ni a la altura de esos músicos del “submundo” local). Por suerte, hay pequeños pubs y bares que se ofrecen, con todas las buenas intenciones del mundo (aunque con el pulso temblando y el corazón tiritando) como lugares de recogida, siempre y cuando, claro, se acepten esas condiciones de “no hacer mucho ruido” por el qué dirán de los vecinos (posiciones, ambas, totalmente entendibles, por supuesto).

    El cambio de formato no afectó demasiado a Flea Circus, tampoco amigos de meter demasiada caña en sus directos (aunque tampoco de reducirla demasiado), y pudieron ofrecer una actuación muy similar (más asentada, madura y seria, eso sí) a la de ocasiones anteriores, ya fuera en el Black Note o en la Sala Wah Wah. Este “circo de pulgas” ofrece una música agradablemente demodé. El que alguno lleve tantos años tocando se nota, sobre todo en que no hay pose alguna en ellos, algo que se lleva quizás demasiado en la escena valenciana más joven, y no necesitan emborracharse (o fingir que se emborrachan) demandando a la barra cerveza tras cerveza, pegando la boca al micro para que toda la sala pueda escuchar lo cool que son. De hecho, el bajista de Flea Circus no lo hace por razones obvias. Tampoco necesitan figurar, quizás porque ya tienen todos una edad (la más joven es la cantante, y ya supera los treinta, yendo todo después en progresivo aumento de longevidad): en ellos, todo pasa, como debe ser, por la música y el entretenimiento.

    Tienen sus canciones más oscuras, como “A Perfect Circle”, pero pasan absolutamente de explotar hasta la nausea ese carácter, heredado posiblemente de épocas anteriores, prefiriendo pasarlo bien y hacerlo pasar al público de la misma manera, ya sea tocando frente a unos espectadores que no sobrepasan precisamente los 18 años, o aderezando las partes entre canciones con pinceladas de humor que, en ocasiones, pueden rozar lo naïf (sobre todo por parte del batería y la cantante, que el otro día, por ejemplo, se enzarzaron en una discusión sobre el nombre del hijo recién nacido de aquél). Hacen versiones de The Cure (en anteriores conciertos la nómina alcanzaba también a Nine Ich Nails/ Johnny Cash y a The Doors), pero no para asimilarse a ellos ni estar autoconvencidos de su técnica o genialidad (como sí ocurría en un concierto que cubrí recientemente, el de Tuco y Boys), sino desde el puro y sincero homenaje, obviando prodigiosas escaladas sonoras... aunque desde su humildad consiguen momentos excelentes en ese sentido. Alguno puede encontrar a faltar la búsqueda de la implicación del público en ese estilo o definirlos como carentes de pegada, pero ese alguno, lo siento, no coincide conmigo ni por asomo.

    A pesar de lo que digo, soy consciente (el propio grupo lo es, y por ello tampoco pretende parecerlo) que el directo de Flea Circus dista de ser perfecto: en ocasiones, no acaban de encontrar el tono idóneo en sus versiones (como la de Fever o la de In Between Days: este último caso es especialmente doloroso, porque el original es realmente maravilloso; Fever se ha visto tan degradado en distintas covers y concursos que ya casi se nos ha olvidado que el original de Little Willie John es estupendo), aunque en otras funciona estupendamente (como en The Lovecats). Quizás tantas versiones (cinco de The Cure fueron excesivas) como forma de conseguir bolos y para contentar a una promotora implican un riesgo de convertirse en un grupo de homenaje sin nada demasiado personal que expresar, lo cual sería una lástima, porque Sinking, The Otherside o Evidence (donde la profunda voz que saca Rosa Ferreira mientras canta, nada que ver con la que usa cuando habla, da lo mejor de si misma) tienen rasgos de un posible muy buen grupo. Y quizás parecen tener asumidos todos esos detalles, porque están intentando preparar su primer trabajo, y quieren componerlo de canciones únicamente suyas (también creo que sus últimas canciones, ambas en castellano, no acaban de convencer todavía, pero esa es otra historia, ya que ninguna de las dos sonó el sábado en El Volander). Para financiarlo están intentando vender camisetas. Que haya suerte...

    Más info:








    Flea Circus - "Evidence"

    Flea Circus - "A Perfect Circle"
    Flea Circus - "In Between Days"

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