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    martes, agosto 05, 2014

    Arenal Sound - Playa del Arenal. Burriana, 3.8.14

    Festival Arenal Sound - Playa del Arenal. Burriana, 3.8.14

    Menú playero: surtido de postres. La música es lo de menos.

    Resaca traicionera. Micrófonos que no recogen ninguna declaración jugosa. Prominencias abdominales enfundadas en efigies divinas. Obsequios inservibles como premio a la fidelidad. Nombres que se olvidarán antes del próximo verano. Saturación y paranoia. Remansos sonoros que te reconcilian con la idea inicial. Más volumen, es la guerra. Blanco y negro manchado. DJs hasta en la sopa. Sea como sea (y lo que tuvo que ser ya fue, por suerte o por desgracia), la impresión final es parecida a la inicial. El círculo vicioso nos volverá a arrastrar al principio.

    El comienzo llegó desde Sevilla. Cuatro desprejuiciados músicos que se cobijan bajo el paraguas de Pony Bravo para hacer, básicamente, lo que les sale del alma, y confirmar una tremenda injusticia que se convirtió en la urgente comidilla entre los cronistas más observadores: ¿por qué no programar a estos y otros de los que ya hemos hablado en días anteriores en la franja que se deberían haber ganado? Eso, obviamente, entra dentro del capítulo eterno de preguntas sin respuesta, motivado por el socorrido “no sabe/no contesta” del que hace gala la organización cuando se duda de su criterio. En fin, que casi nadie se enteró de las bondades de ‘El político neoliberal’ (la canción, no el supuesto personaje), ‘Mangosta’ (si alguien quiere saber cómo se toma en tragos cortos un irresistible coctel de reggae, pop clásico, psicodelia y un buen aderezo de socarronería, que escuche este tema) o ‘Turista, ven a Sevilla’ (hasta le hacen un favor a las autoridades turísticas de su ciudad). Un set escaso para lo que saben dar de sí, bien provisto de calorías e hidratos y espléndido en prestaciones. Ni que decir tiene que es más que improbable que repitan en un cartel donde es casi seguro que Love of Lesbian o La Pegatina ya estén fichados con un año de antelación, tengan el material que tengan. Ya quedó dicho, la injusticia es en este mundillo una de las constantes del éxito.

    El de Iván Ferreiro está justificado por la existencia de aquella banda que él se encargó de reclutar en su Nigrán natal y que llegó a grabar algunos discos francamente fabulosos, aunque su discurso actual se haya agriado considerablemente, aun contando con el mínimo beneplácito de crítica y público. De su trastero saca las infalibles ‘Inerte’, ‘El equilibrio es imposible’ y ‘Años 80’, esta última con una forzada intro de piano y una voz que, al menos en esta ocasión, desafinaba en tres de cada cuatro versos. No fue su mejor día, desde luego, y eso que los grandes Ricky Falkner y Pablo Novoa, amén de su hermano y mano derecha Amaro, se encargan de poner el color a unas canciones demasiado opacas. Sinceramente, creo que Iván es un artista mucho más voluntarioso que talentoso, y a fuerza de trabajo le han salido canciones tremendas, sí, como ‘Turnedo’, ‘El viaje de Chihiro’ o ‘Mi furia paranoica’, pero hace ya mucho tiempo, tal vez desde que decidió ponerse más serio y sentarse tras el teclado, que su obra está marcada por la irregularidad. Tampoco es fácil ganar adeptos con ‘Twin Peaks’, ‘El bosón de Higgs’, ‘Me toca tirar’ y ‘Jet lag’, medios tiempos empalmados sin respiro en un inicio de concierto más apto para ambientes recogidos. Sin embargo, ‘Cómo conocí a vuestra madre’ y la más presente ‘Alien vs. Predator’ lo reconcilió con parte de los asistentes que no habían pisado la playa para escucharlo a él precisamente. Seguirá intentándolo y será bonito saber que por fin lo ha vuelto a lograr.

    Como nos gusta picar de aquí y allá, musicalmente hablando, y porque en la mayoría de crónicas solo se habla de los cuatro o cinco nombres “importantes” obviando al resto, nos asomamos a ratos al tercer escenario para ver si descubríamos algo realmente interesante. No fue el caso, pero lo intentamos con Els Catarres, unos catalanes estudiosos del folk en su lengua, que limitan conscientemente el acceso a su discografía. Por lo que pudimos comprobar, los ambientes acústicos de ‘Vull estar amb tu’ y ‘Tokyo’ los alejan del típico combo rumbero que suele pasearse por los festivales veraniegos, y la coartada folclórica les sitúa en una onda diferente y esperanzadora. No obstante, lo tienen difícil para cuajar, y eso que les acompañó un buen número de sounders en su debut.

    Otros con los que repetíamos eran El Columpio Asesino, y no me sorprendió el hecho de que los pamplonicas intenten dar un giro que no lo es tal en su nueva entrega, el brutal ‘Ballenas muertas en San Sebastián’. En su ingeniería la precisión es milimétrica, las baterías de Albaro Arizaleta y la voz complementaria de Cristina Martínez arrasan cualquier obstáculo que se encuentren.  Era lógico abrir con ‘Babel’, el tema más poderoso del último trabajo, y también que siguieran con el ‘Escalofrío’ que refleja su escucha intensiva de la discografía de Suicide, pero te rindes ante su capacidad de virar hacia el pop amable de ‘A la espalda del mar’ para volver a dar un golpe de timón a la siguiente ola y sortearla con la crudeza de ‘La lombriz de tu cuello’. Su perfil indie queda intacto en ‘Floto’ y el momento ‘Toro’ les sumerge en la (oscura) felicidad colectiva. Cuando una banda te hace bailar al mismo tiempo que morderte las uñas de inquietud es que algo están haciendo bien.

    Nada que ver, obviamente, con la siguiente actuación en el tercer escenario. Allí, entre la proximidad de la playa y el ambiente amenizado (es un decir) por el constante trasiego de djs, era fácil toparse con la jarana garrapatera del ex Delinqüente El Canijo de Jerez, superado ya el mal trago de la desaparición de su media naranja musical. Ha bautizado a su banda como los Fumadores Galácticos y a su disco ‘El nuevo despertar de la farándula cósmica, así que poco más tengo que añadir, salgo que la improvisación y la anarquía son términos propicios en un género abonado a otro de los “momentos verbena” de todo el festival. Un poco de swing, una rumba suavizada con reggae y temas despreocupados para iniciar una nueva juerga. ‘El pequeño comediante’, ‘El son de los traperos’ y ‘Caballo loco’, con la banda literalmente desmelenada, son el contrapunto de una más trabajada ‘Sentimiento de caoba’ que saca el lado sentimental de un músico limitado pero sincero en sus aspiraciones. Como él dice, “a nosotros también nos gusta la música indie”, y cuando los invitan a una fiesta de estas características saben hacerse respetar.

    Que es lo recíproco a mostrar respeto. Por las canciones y por el público. Ninguna de las dos cosas saben hacer los maqueados mozalbetes de Bastille, incomprensiblemente vitoreados por el (inmenso) sector de asistentes a los que la música les suele importar un comino. Dan Smith, el anodino líder de los londinenses, reúne todas las características de un aspirante a nuevo Justin Bieber, solo que se viste de otra forma, tiene amigos que saben tocar los teclados y le gusta más el electro pop que al norteamericano. Rompieron las listas británicas con un disco de limitado perfil, y eso les ha servido para que aquí los reciban (quien los reciba) con los brazos abiertos. Es increíble que a estas alturas haya alguien que le ría las gracias a una versión descafeinada del obsoleto ‘Rhythm of the night’ o a un vulgar intento de rock épico con sintetizadores como ‘Poet’. Ni siquiera el hacerse los interesantes con la intro de la mítica serie ‘Twin Peaks’ o titular ‘Laura Palmer’ uno de sus temas les salva de la ramplonería más absoluta, aumentada por la monotonía de ‘Bad blood’, uno de sus presuntos himnos. Un caso flagrante de que en este, como en la mayoría de festivales, se va a lo que se va. Y a los que no vamos a eso, que nos vayan pidiendo el taxi de vuelta. 

    Aún aguardamos, más por curiosidad que por otra cosa, a ver el nuevo show de Pipi, ex ideólogo de Ska-P que ahora lucha por mantener en pie la bandera de la contracultura al frente de The Locos, la banda que ha formado con otros amigos de Vallecas. Más de lo mismo, con las consabidas proclamas pseudo-revolucionarias y los volantazos por la vía rápida del hardcore punk de saldo. Sus principales activos son sendas versiones de ‘Don’t worry, be happy’ de Bobby McFerrin y ‘La bolsa’, de otros combativos argentinos, Bersuit Vergarabat, y el mismo trasfondo reivindicativo que le llevó a tocar por medio mundo no hace demasiado tiempo. La historia ahora dista mucho en éxito de aquella, pero se trata de exprimir la fórmula mientras la subsistencia lo permita.

    Parece que últimamente todo lo que viene del frío tiene que hacernos gracia: la novela negra moderna, la moda de otoño-invierno y los grupos independientes que surgieron del frío. Sin embargo, los miembros de FM Belfast no forman parte de esa cuadrilla por diversas razones. Primero, no se llaman Sigur Rós ni Björk; segundo, necesitan urgentemente un estilista; y tercero y no menos importante, ellos se lo pasan mucho mejor que quienes los escuchan. Estos personajes de nombres impronunciables juegan a ser los primos cachondos de Guns’N’Roses o los yernos locos de los Beastie Boys, pues juegan con el repertorio de ambos hasta llevarlo a un terreno en el que pueden, o eso creen, hacer lo que se les antoje. Coros sin sincronizar, anarquía rítmica dentro de un esquema electro efectivo en ocasiones muy puntuales, como cuando se acercan al sonido disco sin otras pretensiones que el de emular toscamente el ‘Pump up the jam’ de Technotronic mientras presentan a duras penas temas de cosecha propia, de los que ‘Everything’ o ‘DeLorean’, incluidos en su debut ‘Brighter days’, pasan desapercibidos entre tanto exceso. Para el Sonar, evento que visitaron hace unos meses, pueden resultar una frikada divertida; en el Arenal Sound solo se hicieron con el sector, menos amplio que con Bastille, que estaba allí por cualquier cosa menos por ellos.

    He de anticipar que ni Circa Waves ni Die Antwoord forman parte de este resumen porque todos tenemos un límite, y la verdad es que ni la agresividad formal de los segundos, que pisotean sendas demasiado trilladas a base de amplificarlas, ni el rock mimético de los primeros (tengo curiosidad por saber cómo evolucionarán) fueron un anzuelo lo suficientemente sólido para atraer nuestros picotazos. Así, el paso de este cronista por el Arenal Sound 2014 terminó con los suecos Mando Diao (les ha quedado un festival bastante nórdico, ¿no?), y lo mejor habría sido ni nombrarlos. Los que una vez dieron un solvente portazo al revival del garage europeo se han perdido buscando un no sé qué nuevo elemento motivador. Puede que el furor por todo lo que huela a electro haya tenido mucho y malo que ver en su decadencia, pero lo fofo de las líneas con las que hoy en día recuperan las antes geniales ‘Gloria’ y ‘Dance with somebody’ o encaran la torpe nueva encarnación de ‘God knows’ los pone tristemente en evidencia. Aparte del numerito pretendidamente sentimental de abrir el concierto recordando a un amigo fallecido de cáncer hace algún tiempo y ocultar sus rostros con pañuelos palestinos mientras tocan otro tema fallido, ‘If I don’t have you’. Ni siquiera las baladas que antes les funcionaban –el caso de ‘Mr. Moon’- surten el efecto debido entre la forzadísima guitarra española que incluyen en ‘Sweet wet dreams’ y una venida a menos ‘Black Saturday’. ¡Ay!, pena, penita, pena que tuviéramos que acabar así.


    Como postre, el sirope que pretendía endulzar la última noche “grande” del Arenal Sound se quedó solamente en agridulce, pero nada que no pueda arreglarse en próximas y esperadas ediciones. Si el tiempo y la autoridad lo permiten, y si no también, estas líneas siempre tendrán el siguiente colofón: merece la pena contarlo.


    PONY BRAVO









    IVÁN FERREIRO









    ELS CATARRES











    EL COLUMPIO ASESINO
















    EL CANIJO DE JEREZ













    BASTILLE
















    THE LOCOS












    FM BELFAST













    MANDO DIAO



























    Texto: JJ Stone
    Fotografías: Raisa McCartney



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