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    viernes, mayo 06, 2016

    Tindersticks "The Waiting Room" (City Slang)

    Décimo trabajo de la banda de Nottingham, que continúa refrendando la segunda juventud que vive tras su vuelta a la actividad hace ocho años. 



    Con nada menos que 25 años a sus espaldas, los de Nottingham celebran dicho aniversario ofreciendo un décimo álbum de estudio (todo son cifras redondas) que sigue la estela de calidad de todo lo que han hecho desde su resurrección en 2008, tras cinco años de paréntesis.

    Y no es que sus trabajos anteriores a ese momento carecieran de calidad, la verdad es que hablamos de un combo que alcanza el estatus de icono, tanto en cuestiones formales como conceptuales. Todo lo que ha ofrecido ha rozado, por lo menos, el notable. Una banda de verdad, cuya sincera aspiración es crear la música más hermosa posible desde la colaboración  a brazo partido de sus miembros.

    Este disco no ha sido una excepción a ese objetivo. Una vez más, Stuart Staples, Neil Fraser y compañía han pasado una temporada componiendo en el estudio de grabación que el cantante tiene en Francia, "Le Chien Chanceux" y han partido de la sinergia para elaborar concienzudamente once nuevas canciones que sirvan de continuación a aquella obra maestra que fue "The Something Rain" (City Slang, 2012) -no contamos la recuperación de canciones pretéritas que supuso "Six leap years", de 2013- , a cuya belleza sin paliativos, lamentablemente, no saben llegar, pero sí ofrecer una nueva muestra de su trabajo de maestros artesanos de la canción elegante, suntuosa y con alma.

    Quizá la nota más distintiva, precisamente, de este nuevo esfuerzo de Tindersticks,  que ya lo han hecho casi todo, es haberse centrado más que en otras ocasiones en sonidos cercanos al soul y, en concreto, al sonido Philadelphia (aquél Philly Soul de O'Jays, Stylistics etc.). Así, según Staples, han partido de una pieza tan funky como "Help yourself", que fue la primera del lote en salir del cascarón, para enfrentarse a la composición del resto, que adquiere en general esa tonalidad negra, pero sin alejarse demasiado de su paleta de color característica.

    Así, tenemos la preciosa instrumental de apertura, "Follow me", tan sencilla como emocionante, la habitual canción narrada ("How he entered") o las torch songs llenas de misterio como la titular, pero junto a ellas encontramos otras piezas que sirven para dar un paso más allá con respecto al pasado, como "Second chance man" o la soberbia "We are dreamers!", mención especial para "Hey Lucinda", canción grabada con la malograda Lhasa de Sela poco antes de la desaparición de ésta, cuatro años ha. Resumiendo, otro disco mayúsculo. Ojalá no se cansen nunca de lo que hacen. 


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