RIP, Ocasek. Adiós al portento de la new wave. - Alquimia Sonora

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martes, septiembre 24, 2019

RIP, Ocasek. Adiós al portento de la new wave.

Nos dejaba, con 75 años, Ric Ocasek, el que fuera líder de The Cars, una de las bandas más relevantes de la nueva ola americana, que entre finales de los años 70 y principios de los 80 dominó los charts a base de un pop de guitarras innovador e inteligente, con una colección de hits impresionante, que aún hoy sirve de influencia a muchos. 



Camilo
, Daniel Johnston, esto es un no parar. La verdad es que resulta hasta odioso entrar en las redes sociales y encontrar a diestro y siniestro las expresiones D.E.P. o la más culta R.I.P., que por cierto y desgraciadamente, aquí ha dado para un juego de palabras a la hora de titular este artículo, algo que espero sabrán disculparme. Que quiera tratar de añadir algo de humor negro a la pérdida de alguien que ha significado tanto, pero tanto, para el pop, no significa en absoluto que sienta ni respete menos su desaparición. De hecho, me resulta tan lamentable que al contrario que con otros personajes, aquí sí me veo forzado a escribir algo al respecto.

El domingo 15 de septiembre por la tarde, la que fuera su esposa, Paulina Porizkova, encontraba muerto en su apartamento de Manhattan a Ric Ocasek, a causa de un fallo cardíaco. El que fuera líder de una de las formaciones básicas para entender lo que fue el pop-rock radiable de los ochenta, además de un visionario y productor, deja marca e influencia en una manera de hacer música cuya estela han seguido muchos, por nombrar algunos, Weezer o Nada Surf.

Y es que el sonido que labraron en su trayectoria, del cual es ampliamente responsable el orejudo señor con aspecto de alien que hoy nos trae hasta aquí, determinó con fuerza la trayectoria que seguirían muchas bandas armadas con guitarras a la hora de asaltar la radio haciendo pop. Gran parte de las canciones que hicieron The Cars por su lado e incluso Ric en solitario (con una discografía bastante desconocida y en algún caso, muy a reivindicar) podrían inscribirse en el manual de estilo de cualquiera que quiera aprender a ser certero a la par de inteligente con una canción. Pocos han alcanzado cimas tan altas como My Best Friend's Girl, Just What I Needed, Let's Go, Touch & Go, You Might Think o Heartbeat City, dianas directas al corazón y a los pies de cualquiera con oídos abiertos.

Leí el otro día por ahí que cuando a la mencionada Paulina Porizkova, su esposa desde 1989, considerada una de las mujeres más bellas del mundo en su época, le preguntaron un día qué hacía una mujer como ella casada con un tipo como Ocasek, respondió que siempre había querido estar casada con Mr. Spock. Y es que Ocasek era, decididamente, alguien difícil de mirar, en términos estrictamente físicos, pero con un aura cool, entre extraterrestre y dandy, que le confería ese gran atractivo del que seguramente se enamoró Paulina.

Richard Theodore Otcasek nació el 23 de marzo de 1944 en Baltimore (Maryland) y se crió entre esa localidad y Cleveland (Ohio), donde siendo  adolescente conoció a Benjamin Orr, que ya tocaba en bandas importantes a nivel local. Juntos comenzaron a urdir proyectos que tenían que ver con escribir su propio material, si bien en una vena folk, acorde con los tiempos. Fue cuando decidieron buscar suerte en Boston, a principios de los 70, cuando comenzaron a fructificar sus aspiraciones en bandas como Milkwood o Cap'n Swing, pero no llamaron la atención hasta que junto al teclista Greg Hawkes y el batería David Robinson (que provenía de los Modern Lovers, de Jonathan Richman) dieron forma a The Cars. Juntos tenían una imagen glamurosa y unas canciones que sin dejar de tener cariz clásico asumían toda la modernidad que sobrevolaba aquellos tiempos del pre-punk.

Entre finales de 1976 y principios del años siguiente comenzaron a patearse los escenarios de Nueva Inglaterra, perfilando una serie de canciones que más tarde se convertirían en su mítico primer álbum. Entre ellas, Just What I Needed, en su versión demo, fue la que, gracias a su amplia difusión en las radios locales, les granjeó un flamante contrato con Elektra Records. The Cars, aparecido en 1978, se grabó nada menos que bajo la producción de Roy Thomas-Baker, productor de los discos más míticos de Queen y no en vano la banda siempre se refirió al mismo como "su auténtico greatest-hits". La pericia que exhibe la composición de dianas como Good Times Roll, My Best Friend's Girl o, claro, Just What I Needed, las tres en secuencia al comienzo del disco, es absolutamente petrificante. Si a ello añadimos que el resto de temas no van en absoluto a la zaga (Don't Cha Stop, You're All I've Got Tonight, Moving In Stereo...) tenemos una de las mayores joyas pop que trajo la new wave tras la eclosión punk. Además, ellos sabían mezclar a la perfección el sonido bubblegum con cosas más avanzadas que rozaban la electrónica y se teñían en (contadas pero certeras) ocasiones de cierta experimentación. El resultado es brillante como pocos discos lo han sido en la historia. Es un disco del que jamás se cansa uno, es casi infinito. Además, se vendió más que bien.

Revalidar algo así, obviamente, era harto difícil. No obstante, ellos se las apañaron más que bien en Candy-O (1979), disco algo más oscuro, menos amable, pero que también trajo hits, como la infecciosa Let's Go, que ayudó a aupar el disco al número 3 de los charts americanos. Con su portada diseñada de nuevo por el batería de la banda, David Robinson y basada en un dibujo de Alberto Vargas, el disco, de nuevo producido por Thomas-Baker, que se encargaría de los cuatro primeros, incluía si cabe elementos aún más imaginativos que el debut. Manteniendo la democracia entre las composiciones de Ocasek y Orr, las canciones jugaban más con los ritmos y texturas, con momentos tan interesantes como la roquera Got A Lot On My Head, la futurista Night Spots o la marciana Shoo Be Doo, con gran influencia de la música de Suicide.

La experimentación siguió con Panorama (1980), que de nuevo llegó a lo más alto de las listas merced al single de turno, la melódica Touch And Go, debatiéndose el resto entre el rock de factura directa de Gimme Some Slack o las fantasías romántico-futuristas de You Wear Those Eyes. Mantenían un equilibrio perfecto entre la credibilidad artística y la fiabilidad comercial, que refrendaron también con su cuarto disco, también platino, Shake It Up, que contaba con una buena ristra de gemas pop como Since You're Gone, la balada I'm Not The One o la saltarina canción titular.

Pese a todo ello, cierto cansancio hizo necesario un parón para que los miembros de la banda afrontaran otros retos. Nuestro protagonista ya había probado su valía como productor en el mítico segundo disco de los neoyorquinos Suicide. Durante esta etapa seguiría en esa dirección produciendo, haciendo labores de ingeniero, mezclando o componiendo en discos de gente tan variopinta como Romeo Void, Bad Brains, Lloyd Cole And The Commotions o Jimmy Page. También aprovechó para sacar un primer disco en solitario constantemente reivindicado como algo más que un puro divertimento. Beatitude (1982) es un disco mucho más personal de lo que le permitían la democracia y las obligaciones comerciales de su banda, que ahonda mucho más en esa vena oscura y experimental de la que sólo había mostrado meros apuntes en los discos de The Cars. Canciones como Jimmy Jimmy, sin estar exentas de encanto comercial, van bastante más allá del mero single pop para mostrar a un músico aventurero e imaginativo como pocos.

La esperada vuelta de la banda se produjo en 1984, con un disco que introdujo varios cambios, de los cuales los más importantes son sin duda la hegemonía casi absoluta de Ocasek en la composición (Orr prácticamente sólo se reservó el mega-éxito Drive) y el cambio de productor. Abandonaron a Roy Thomas-Baker para trabajar con alguien que estaba más todavía en la cresta de la ola. Robert "John" Mutt Lange venía de producir los dos bombazos de AC/DC, Highway To Hell y Back In Black y un blockbuster de una banda de heavy metal británica llamada Def Leppard (les suena??), a los que precisamente, dejó colgados en la grabación de su siguiente disco, eso que tres años y muchas vicisitudes más tarde se convertiría en el archifamoso y ultravendido Hysteria, para trabajar con The Cars.



Heartbeat City es un monumento al pop ochentero, un verdadero prodigio de sonido, melodías infalibles y modernidad bien entendida que caló bien hondo en el mercado. Seis de sus canciones (You Might Think, Drive, Hello Again, Heartbeat City, Why Can't I Have You y Magic) fueron hits, el mismísimo Warhol les hizo un vídeo clip y aparecieron hasta en la banda sonora de Top Gun. El disco fue un éxito sin precedentes en la historia de la banda, llegando al número tres de las listas americanas y vendiendo cerca de 5.000.000 de copias. La cima del mundo, vamos, que capitalizaron además en 1985 con un Greatest Hits que incluía sorpresa, un Tonight She Comes que, cómo no, lo petó e hizo que el disco en cuestión fuera seis veces platino.

Pero todo lo bueno acaba: con Door To Door (1987) y ya bajo la dirección de Ocasek en la producción, la banda decidió abandonar tanto elemento electrónico que habían usado en anteriores álbumes, un "back to basics" que lamentablemente no vino acompañado de inspiración. Las canciones, no hay más que ver el single You Are The Gírl, no están a la altura de todo lo que había antes y el disco para nada capitalizó todo el éxito que habían cosechado con los seis discos anteriores. Además, los tiempos habían cambiado.

En 1988 The Cars se separaban, para no volver jamás, al menos con la formación original. Ocasek se dedicó a la producción (Weezer, Bad Religion, Guided By Voices o Nada Surf están entre sus clientes) y a una más bien irregular carrera en solitario, de la que entre discos más flojos como This Side Of Paradise (1986) o el sobreproducido Fireball Zone (1991), debo destacar el magnífico Troublizing (1997), disco que demostró que el viejo genio aún tenía el mojo intacto, con una magnífica colección de canciones que actualizaban el sonido de su vieja banda con más poderío si cabe y bastante tino con la actualidad que le rodeaba.


Pese a que Benjamin Orr, no olvidemos, el 50% de The Cars, lamentablemente abandonó este mundo en el año 2000 debido a un cáncer de páncreas, la banda se las apañó (Ocasek dijo en una ocasión que jamás lo harían) para reunirse en 2010 en un estudio y producir un disco que, sorprendentemente, capturaba con fidelidad todo aquello que habían sido. El disco, que se tituló Move Like This, recibió buenas críticas y subió hasta lo más alto de las listas de su país, con singles de nuevo infalibles como Sad Song, como bandera.

Tras todo esto, la banda volvió a desaparecer del mapa. Sólo regresó para que sus miembros supervivientes tocaran, junto a algún miembro de Weezer, un set de cuatro canciones tras su inducción en el salón de la fama del rock and roll en 2018. Esto, como suele suceder, volvió a despertar rumores de que otra reunión sería posible, pero por supuesto todo ello se ve truncado por un fatídico fallo cardíaco que se lleva a Ocasek al otro barrio, privándonos de uno de los más grandes iconos de la edad media del pop. Pocos supieron llevar los 80 con tanta elegancia como él y pocos supieron dotar al pop de tanta melodía sazonada a la perfección con la más grande inteligencia. Otra pérdida para lamentar, de las muchas que lamentamos últimamente. Pero esta me toca especialmente, qué le voy a hacer. Me deja varias canciones tatuadas en el corazón. Sobre todo, ésta...




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