Yo ya he avisado en ocasiones que me ponen algunas noticias a huevo, no tengo culpa de ciertas declaraciones y-barra-o forma en que otras fuentes han redactado de manera oficial según qué noticias.

Ya, por fin, después de mucho darle vueltas al tema, se han decidido a sacar a la luz los datos de la autopsia de la muerte de Amy Winehouse. Claro, el tema es la cagada que han cometido pretendiendo suavizarlo.

Como en este planeta parece que el ser famoso tiene que significar ser santo (anda y que no gusta que un actor caido en desgracia reaparezca ante las pantallas haciendo el mejor papel de su vida... y no señalo a nadie, Rourke), ahora le toca el turno de beatificación a Winehouse.

En los primeros días fue el propio padre el que salió en su defensa diciendo que estaba como una rosa, que hacía tiempo ya que se había recuperado y llevaba 3 semanas sin probar una gota; ahora, el estudio forense cita que "murió de forma accidental" al tomar 5 veces más alcohol de lo permitido en la tasa legal de alcoholemia que imponen las leyes de tráfico en Inglaterra, 416 miligramos por cada 100 mililitros de sangre.

Que digo yo, Obélix cuando se cayó en la marmita tragó menos líquido. Pero fijo.